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Tipos de dolores de espalda: descubramos cuáles son y cómo afrontarlos

A menudo tendemos a subestimarlo, pero su origen puede estar relacionado con una amplia gama de factores: desde posturas incorrectas mantenidas durante demasiadas horas, hasta esfuerzos físicos mal gestionados y afecciones inflamatorias. Comprender el origen de tu dolor es el primer paso imprescindible para poder afrontarlo de la forma adecuada, ya que cada tipo de dolor de espalda requiere un abordaje específico. En este estudio analizaremos las principales formas de dolor que afectan a la zona lumbar y de la espalda, aportando sugerencias útiles para gestionarlos de forma eficaz.

Dolor en la espalda baja

Cuando comúnmente hablamos de dolor de espalda, en la mayoría de los casos nos referimos a dolor lumbar, o lumbago. Esta parte inferior de la columna tiene la tarea fundamental de soportar el peso de la parte superior del cuerpo, y por ello está especialmente expuesta al estrés y al desgaste. Las causas del dolor lumbar suelen ser una combinación de factores. Entre las más comunes encontramos las contracturas musculares, que pueden surgir tras un movimiento brusco o tras levantar un peso de forma incorrecta. Los malos hábitos posturales también juegan un papel crucial, especialmente en quienes trabajan mucho tiempo sentados en un escritorio. En otros contextos, el problema puede derivar de los discos intervertebrales, como en el caso de protrusiones o hernias, que pueden comprimir las terminaciones nerviosas e irradiar dolor hacia la pierna, situación conocida como lumbociática. Las afecciones relacionadas con el envejecimiento, como la osteoartritis, también pueden contribuir al dolor crónico. Para controlar el dolor lumbar, el enfoque cambia según la causa y la intensidad. En la fase más aguda es aconsejable el reposo activo, que no significa una inmovilidad total sino simplemente evitar movimientos que empeoren el dolor. Aplicar calor localizado puede ayudar a liberar la tensión muscular. Como alternativa a los parches térmicos, pueden estar indicados los parches a base de diclofenaco para el dolor de espalda: deben utilizarse según las indicaciones del médico o farmacéutico.
Para evitar que el problema vuelva a ocurrir, son esenciales ejercicios específicos para alargar y fortalecer los músculos abdominales y de la espalda.

Dolor en la zona de la espalda.

Menos frecuente pero no menos molesto es el dolor que se localiza en la parte central y superior de la espalda, es decir, la dorsalgia. Esta sección de la columna, protegida por la caja torácica, es naturalmente más rígida y menos sujeta a problemas mecánicos que la zona lumbar. Sin embargo, también aquí puede aparecer el dolor. A menudo es el resultado de posturas incorrectas mantenidas durante mucho tiempo, como la clásica posición “encorvada” frente al ordenador, que crea una tensión continua en los músculos de la espalda. Los traumatismos, como el latigazo cervical en un accidente automovilístico o una caída, también pueden desencadenar el trastorno. A veces, sin embargo, la dorsalgia puede ser un signo de afecciones más estructuradas, como deformidades de la columna (escoliosis, hipercifosis) o procesos artríticos. En algunos casos raros, puede ser incluso un dolor reflejo, originado por problemas relacionados con los órganos internos. Tratar el dolor de espalda requiere primero comprender su verdadero origen. Corregir tus hábitos posturales a lo largo del día es el primer paso y, a menudo, el más importante. Una jornada de fisioterapia, con terapias manuales y ejercicios específicos, es fundamental para recuperar la movilidad y aliviar tensiones. Actividades como la natación o el pilates también son excelentes para mantener fuertes y flexibles todos los músculos centrales.

Cómo gestionar el dolor: estrategias y remedios

Independientemente de dónde ocurra, un enfoque activo es siempre la mejor opción para controlar el dolor de espalda. El sedentarismo es un enemigo acérrimo de la columna, porque debilita todos los músculos que la sostienen. Prestar atención a dónde y cómo duermes y elegir un colchón adecuado también puede marcar una gran diferencia. Además de las terapias más tradicionales, que en algunos casos pueden implicar el uso de medicamentos antiinflamatorios bajo supervisión médica, existen varios remedios que pueden ofrecer una ayuda válida. Las compresas calientes son ideales para las contracturas musculares, mientras que las frías son más adecuadas en casos de inflamación aguda. El mundo vegetal también ofrece soluciones, con plantas como el árnica o la garra del diablo, apreciadas por sus propiedades calmantes. En este panorama de soluciones, los apósitos destacan por su gran practicidad: ya sean a base de activos analgésicos o que actúen mediante calor, permiten una aplicación precisa y una acción prolongada, ayudando a reducir el dolor y relajar los músculos precisamente en el punto donde es necesario.