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“Así eliminé el 85% de los microplásticos de mi esperma”: el experimento del biohacker Bryan Johnson

Bryan Johnson, un emprendedor tecnológico estadounidense ya conocido por sus inversiones en biohacking y por gastar alrededor de 2 millones de dólares al año tratando de revertir su edad biológica con la ayuda de un equipo médico, vuelve a ser el centro de atención con una sorprendente declaración sobre los microplásticos presentes en su cuerpo.

El verano pasado, Johnson compartió un hecho bastante embarazoso con el mundo: sus testículos contenían más microplásticos que su sangre. Precisamente, 165 partículas por mililitro en su semen. Recientemente, el hombre volvió a la palestra con una nueva afirmación sorprendente: afirma haber eliminado el 85% de los microplásticos de su eyaculación en menos de un año, elevando los niveles de 165 a solo 20 partículas por mililitro. También se habría obtenido un resultado similar en sangre.

¿Cómo lo habría hecho? Según Johnson, la receta incluye tres ingredientes principales:

Johnson dijo que fue la sauna en particular lo que le hizo “sudar” el plástico, junto con otras toxinas ambientales.

No hay pruebas científicas

Hay un pequeño detalle que Johnson parece pasar por alto: no hay evidencia científica que respalde la idea de los “microplásticos sudorosos”. De hecho, la fisiología humana sugiere exactamente lo contrario.

El sudor está compuesto por un 99% de agua. El 1% restante incluye sales como sodio y potasio, lactato y urea. Su principal finalidad es regular la temperatura corporal, no eliminar toxinas. Para ello, el cuerpo humano ya cuenta con un sistema sofisticado y altamente eficiente: el hígado y los riñones.

Es cierto que en el sudor se pueden encontrar trazas infinitesimales de metales pesados ​​o sustancias químicas como BPA y ftalatos, pero en cantidades miles de veces inferiores a las que el hígado y los riñones procesan a diario. Y aquí está el quid de la cuestión: estamos hablando de sustancias químicas disueltas, no de partículas sólidas de polímero.

Los microplásticos son fragmentos microscópicos pero sólidos, presentes en la sangre y depositados en los tejidos. No se conoce ningún mecanismo biológico mediante el cual una partícula de plástico pueda ser transportada por el torrente sanguíneo o los testículos a una glándula sudorípara para su excreción a través de un poro. Así como no se puede expulsar una astilla sudando, tampoco se pueden expulsar los microplásticos con el sudor.

Entre otras cosas, algunos estudios científicos han demostrado que el uso frecuente de la sauna tiene efectos negativos sobre la calidad del esperma, ya que el calor intenso compromete la producción de esperma. Johnson probablemente lo sabe bien, hasta el punto de que admitió haber usado una bolsa de hielo en la ingle durante las sesiones de sauna para contrarrestar este efecto.

Pero si Johnson en realidad no “sudó” el plástico, ¿qué pasó realmente? La respuesta más probable está en la parte menos llamativa de su experimento: el filtro de ósmosis inversa.

Esta tecnología, que fuerza el agua a través de una membrana semipermeable extremadamente delgada, ha demostrado ser increíblemente eficaz para eliminar los microplásticos del agua potable. Es una de las mejores soluciones disponibles en el mercado. Del mismo modo, eliminar las tablas de cortar de plástico (que liberan millones de partículas al cortar los alimentos) y dejar de calentar alimentos en recipientes de plástico en el microondas son opciones sensatas y respaldadas por investigaciones.

En otras palabras, Bryan Johnson probablemente no haya descubierto una forma mágica de expulsar el plástico del cuerpo. Simplemente dejó de ingerirlo. Nuestro cuerpo ya dispone de excelentes mecanismos para eliminar sustancias nocivas: si dejamos de tomarlas, muchas veces se eliminan de forma natural con el tiempo.

Sin embargo, hay que reconocer a Johnson un mérito importante: centró la atención en un problema muy urgente. Los microplásticos están ahora en todas partes: en nuestra sangre, en nuestros pulmones e incluso en el esperma. Son tan omnipresentes que algunos científicos los consideran un marcador de una nueva era geológica, el “plastileno”.