Comer de forma más sostenible ya no es sólo una elección ética: es una forma concreta de aligerar la carga que cada uno de nosotros deja sobre el planeta. Investigación publicada en Fronteras en nutrición ha calculado con precisión cuánto puede reducir una dieta vegana las emisiones, el consumo de tierra e incluso el agua necesaria para producir los alimentos que llevamos a la mesa.
Hoy en día, solo el 1,1% de la población mundial sigue una dieta completamente basada en plantas, pero las cifras van en aumento: en Alemania, por ejemplo, los veganos se duplicaron entre 2016 y 2020; en el Reino Unido, la proporción aumentó al 4,7% en sólo dos años. Una elección que ya no concierne sólo al bienestar personal – dado que abandonar la dieta occidental clásica puede reducir el riesgo de muerte prematura en un 20% – sino también a la salud del planeta.
Menos carne, más plantas
El equipo liderado por la investigadora Noelia Rodríguez-Martín, de la Universidad de Granada, comparó cuatro dietas de 2.000 calorías diarias: omnívora mediterránea, vegetariana melocotón, ovo-lacto-vegetariana y vegana. Cada menú incluía desayuno, almuerzo, cena y merienda, todo ello equilibrado según las directrices de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos.
Los resultados son claros: una dieta vegana produce un 46% menos de CO₂ que una dieta mediterránea omnívora. No sólo eso: consume un 33% menos de tierra agrícola y un 7% menos de agua. Las otras versiones “intermedias” -vegetarianas o con pescado- también presentan mejoras importantes, pero la diferencia más clara se registra cuando se eliminan por completo los alimentos de origen animal.
Para evaluar el impacto ambiental, los investigadores utilizaron bases de datos públicas como AGRIBALYSE y FoodData Central, calculando todos los indicadores: desde el cambio climático hasta la eutrofización del agua, pasando por la toxicidad de los ecosistemas. Cada comida “veg” te permite ahorrar más de la mitad de las emisiones y contaminantes que genera un menú tradicional. Es decir, si una dieta omnívora genera de media 3,8 kg de CO₂ al día, una vegana produce sólo 2,1.
Salud, equilibrio y un poco de atención extra.
Desde el punto de vista nutricional, los menús estudiados fueron completos y equilibrados. Sólo tres nutrientes requieren más atención: la vitamina D, la vitamina B12 y el yodo, que pueden integrarse fácilmente con alimentos fortificados o suplementos, como explica Rodríguez-Martín:
Nuestros análisis muestran que todas las dietas basadas en plantas proporcionan los nutrientes necesarios y reducen significativamente el impacto sobre el medio ambiente y la salud humana. No necesitas ser 100% vegano para marcar la diferencia. Incluso los pequeños pasos hacia una dieta más basada en plantas reducen las emisiones y ayudan a ahorrar recursos valiosos. Cada plato con más plantas es un paso hacia un planeta más saludable.
Básicamente, cada comida cuenta. Incluso optar por reducir la carne y los productos lácteos (sin eliminarlos por completo) ya es una forma de contribuir a un cambio real y mensurable.