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El superpoder oculto del bilingüismo: hablar 2 idiomas reduce a la mitad el envejecimiento cerebral

La idea de que un idioma adicional “es bueno para ti” no es nueva, pero esta vez la ciencia sube el listón y lo hace con una cantidad de datos que no se pueden ignorar. Un grupo de investigadores del Global Brain Health Institute, del Trinity College Dublin, analizó a más de 86.000 personas de entre 51 y 90 años, de 27 países europeos, y llegó a una conclusión que podría hacernos a todos volver a los libros (o incluso simplemente a las aplicaciones para aprender idiomas).

Quienes hablan un solo idioma tienen el doble de probabilidades de envejecer más rápido. Sin embargo, quienes hablan de ello al menos dos veces corren estadísticamente la mitad del riesgo. Y los que van más allá, quizás tres o cuatro lenguas, ralentizan aún más el ritmo de la edad biológica. No es ciencia ficción: es un estudio publicado en Envejecimiento de la naturaleza.

Lo bueno es que este efecto sigue siendo visible incluso cuando se consideran otros factores que afectan el envejecimiento, como la salud física, la vida social o las condiciones socioeconómicas. En definitiva, no se trata de “privilegios”: el cerebro parece responder a algo que el multilingüismo pone en marcha y que no se puede comprar con dinero.

Al cerebro le encanta que lo desafíen

Aprender un idioma es una fase intensa, casi agotadora, que obliga al cerebro a crear nuevas conexiones. Pero la verdadera sorpresa llega después, cuando ese lenguaje pasa a formar parte de nuestra vida diaria. Es en ese momento cuando la mente sigue siendo estimulada de una manera diferente, constante, sin que realmente nos demos cuenta.

Entender un chiste en otro idioma, encontrar la palabra adecuada al hablar con alguien en el extranjero o simplemente pasar de un idioma a otro: toda esta “gimnasia mental” parece tener un efecto protector contra el envejecimiento. Los estudiosos incluso hablan de un “efecto dosis”, como si cada lengua añadida fuera un ladrillo extra en la construcción de la resiliencia cognitiva.

Lo más interesante es que todo esto no requiere inversiones prohibitivas. No estamos hablando de dietas exóticas, tecnologías futuristas o tratamientos milagrosos. Puedes aprender un idioma adicional en cualquier lugar: en la escuela, en casa, en línea, en el trabajo o viviendo en un vecindario donde se encuentran diferentes culturas.

Luego hay un lado social que no es secundario. Poder comunicarse con más personas, entrar en diferentes contextos y abrirse a nuevas formas de pensar crea un movimiento continuo en la mente. Es un poco como hacer estiramientos emocionales y cognitivos todos los días, y este tipo de flexibilidad mental parece ayudar a evitar los efectos del declive.

Y hablando de tópicos: en Estados Unidos, según datos del “America the Bilingual Project”, el porcentaje de ciudadanos bilingües supera al de franceses, italianos e ingleses. En Estados Unidos son el 23%, frente al 25% de la media europea y el doble que en Italia. Quizás no seamos tan políglotas como nos gusta pensar.

Lo cierto es que, a cualquier edad, no hace falta volverse un experto en fonética ni aprenderse de memoria cien verbos irregulares. Simplemente empezar, cometer errores, intentarlo de nuevo, usar esas nuevas palabras incluso cuando nos parezcan extrañas. Es un pequeño gesto que construye algo, día tras día, mucho más de lo que imaginamos.