Santa Catarina
EMERGENCIAS: 911
PROTECCIÓN CIVIL: 81 8676.18.66
SEGURIDAD PÚBLICA: 81 8676.18.66
CIAC: 81 8676.17.17 / 81 8676.17.00

El oscuro juego de Donald Trump: cuando el verdadero humor se convierte en una prueba política

El humor político actual se parece mucho a esos chistes que empiezan siendo ligeros y luego perduran. Los escuchas, te ríes, tal vez te encoges de hombros. Al rato te das cuenta de que esa frase sigue dando vueltas en tu cabeza, como una canción escuchada distraídamente en la radio. La política estadounidense funciona cada vez más así. Habla con ironía, utiliza la risa como termómetro emocional y observa qué pasa.

Un estudio publicado en La revista europea de investigación del humor Ponga este sentimiento bajo la lente, observando la forma en que Donald Trump y Alexandria Ocasio-Cortez usan el humor en el discurso público. Dos figuras distantes por visión, ambas muy cómodas con los chistes como herramienta de relación.

Cuando la risa deja de aclarar y empieza a probar

Antes de profundizar en la discusión, es necesario distinguir entre las diferentes formas de risa, porque no todas surgen en el mismo lugar ni producen los mismos efectos. La sátira, por ejemplo, funciona cuando mira el poder desde fuera. Observa, distancia, nombra lo que ya pesa en el aire. La risa llega más tarde y muchas veces trae alivio. Él aclara. Hace que una sensación colectiva sea compartible, como el cansancio emocional que se acumula cuando las noticias se vuelven demasiadas.

El humor político, en cambio, sigue otra trayectoria: nace en el seno del poder, en parte ya orientado. El chiste es explotado y lanzado como señal. La reacción del público se convierte en un indicador. En el caso de Trump este mecanismo emerge con fuerza en sus mítines. Los chistes llegan con frecuencia y a un ritmo rápido. Los espectadores ríen juntos, se reconocen, bajan sus defensas emocionales. En ese espacio la idea pasa más fácilmente, porque el cuerpo ya ha dicho que sí, mucho antes que la cabeza.

Ver esta publicación en Instagram

El juego oscuro y esa sutil sensación de estar siempre un paso por delante

El investigador Beer Prakken llama a este mecanismo “juego oscuro”, un juego que vive en las sombras: el chiste viene disfrazado de chiste. La risa mide el entorno. El mensaje permanece. Nadie siente la necesidad de aclarar demasiado.

Este tipo de humor funciona como una prueba silenciosa: la reacción del público indica hasta dónde se puede llegar. La risa indica bienvenida, mientras que el silencio indica malestar. En ambos casos algo se está moviendo. La idea entra en el espacio público y comienza a circular con una naturalidad que tranquiliza a quienes la proponen.

El análisis también se refiere a las redes sociales. Trump usa menos humor en Twitter que en los mítines, y cuando lo hace, el tono suele seguir siendo agresivo. Ocasio-Cortez también utiliza la ironía, especialmente en línea, donde el chiste acompaña temas complejos con un lenguaje inmediato y reconocible.

También hay un pasaje que el estudio intercepta bien y que en los últimos años hemos visto recorrer nuestras pantallas casi sin prestar atención: los memes sobre Groenlandia. Chistes, imágenes absurdas, mapas modificados, Trump transformado en un explorador improvisado. Todo comienza como ironía, circula como un juego colectivo, se convierte en un lenguaje compartido. En ese fluir de luz, sin embargo, queda algo. La idea de un territorio tratado como un objeto, de un gesto geopolítico contado a modo de gag, entra en el espacio público sin pesar demasiado.

La risa hace familiar lo que no es familiar. Los memes funcionan como una extensión del juego oscuro: imágenes que te hacen sonreír, miden reacciones, crean complicidad y mantienen abierta una posibilidad. También aquí el cuerpo ríe primero, la cabeza después. Y mientras tanto la frontera se desplaza unos milímetros, con la naturalidad de un chiste compartido.

El estudio muestra cómo este proceso fortalece el sentido de pertenencia a un grupo. Los que se quedan fuera lo perciben inmediatamente. El humor político actúa así, de forma suave y cotidiana, como ocurre en la dinámica personal cuando una frase dicha en broma dice mucho más de lo que parece.

Este estudio cuenta la historia de Estados Unidos y describe un lenguaje que reconocemos muy bien: la risa como clave de acceso, un atajo emocional, un espacio seguro por donde pueden pasar ideas y reacciones.

El humor político entra en los hogares a través de una pantalla y pasa a formar parte de las conversaciones cotidianas. Escuchar este lenguaje te ayuda a entender cómo se construye el sentido común, una sonrisa a la vez. Los chistes pasan. Las emociones permanecen. Y a menudo impulsan mucho más que largos discursos.