En los últimos años, la cuestión del mercurio en el atún se ha convertido cada vez más en el centro de atención en todo el mundo. La preocupación se refiere particularmente a los niveles de metilmercurio, una forma tóxica que puede acumularse en los tejidos de los peces y tener efectos nocivos para la salud humana.
Ahora, un nuevo estudio realizado en Polonia analiza los metales pesados no sólo en el atún sino en muchos otros pescados que consumimos regularmente, proporcionando datos actualizados sobre el riesgo para los consumidores.
Los peces analizados
Los investigadores examinaron 20 especies de peces comúnmente disponibles en el mercado polaco, incluidos arenque, bacalao, salmón, trucha de mar, trucha, atún, fletán, lenguado, lenguado, caballa, merluza, dorada y perca. Algunas especies fueron capturadas directamente en el Mar Báltico, mientras que otras se compraron en los mercados locales en 2021 y 2022.
Para cada tipo de pescado se analizaron al menos 10 muestras, y a cada una se midieron las concentraciones de cadmio (Cd), plomo (Pb), mercurio total (THg), metilmercurio (MeHg) y arsénico inorgánico (iAs), con el fin de evaluar el riesgo para la salud del consumidor.
La buena noticia es que casi todas las especies presentan valores tranquilizadores, muy por debajo de los límites establecidos por la normativa europea e internacional. La presencia de metales pesados es mínima y no representa un peligro para quienes consumen habitualmente estos productos pesqueros.
El problema del atún
La situación cambia drásticamente en lo que respecta al atún. Esta especie tiene concentraciones promedio de mercurio total (THg) de 0,919 mg/kg, cerca del límite máximo permitido de 1 mg/kg, y algunas muestras incluso alcanzan los 2,28 mg/kg. El dato más alarmante se refiere al metilmercurio (MeHg), la forma más peligrosa para el organismo humano, que en el atún alcanza niveles medios de 0,684 mg/kg, muy superiores a los del resto de especies analizadas.
Los índices de riesgo calculados por los investigadores muestran valores de THQ (indicador utilizado para estimar el riesgo de un contaminante químico presente en los alimentos) para el MeHg en el atún que superan el doble del umbral de seguridad recomendado. Esto no significa que el atún deba eliminarse de la dieta, pero sí indica claramente la necesidad de consumirlo con moderación.
¿Por qué el atún acumula más mercurio? Como ahora se sabe, la explicación está en la posición que ocupa el atún en la cadena alimentaria marina. Al ser un depredador de gran tamaño y longevidad, acumula con el tiempo mayores cantidades de contaminantes presentes en el medio acuático. De hecho, el mercurio y otros metales pesados no se degradan fácilmente y tienden a concentrarse progresivamente a medida que ascienden en la cadena alimentaria. En pocas palabras: cuanto más grande es un pez y más tiempo vive, más sustancias tóxicas acumula en sus tejidos.
La contaminación marina tiene diferentes orígenes –desde actividades industriales hasta emisiones– y los metales pesados acaban depositados en sedimentos y aguas, para luego entrar en la cadena alimentaria a través de pequeños organismos que luego son comidos por peces más grandes.
Quién debería prestar más atención y cómo defenderse
El metilmercurio es particularmente dañino para el sistema nervioso. Las categorías más vulnerables son: mujeres embarazadas (el mercurio puede atravesar la placenta y dañar el desarrollo cerebral del feto); madres que amamantan; niños y adolescentes, cuyo sistema nervioso aún está en desarrollo y personas que consumen atún con frecuencia y en grandes cantidades.
La exposición prolongada al metilmercurio puede provocar problemas neurológicos, dificultades de aprendizaje, trastornos de la memoria y de la atención, así como posibles disfunciones motoras y visuales.
Basándose en los hallazgos, los investigadores enfatizan que el consumo de atún debe ser moderado. Junto a esta indicación específica, también existen algunas buenas prácticas generalmente recomendadas por los expertos para seguir beneficiándose de las propiedades nutricionales del pescado reduciendo la exposición a contaminantes, como variar las especies consumidas, favorecer los peces pequeños y elegir cuidadosamente los productos en función de su origen y certificaciones.
Según los datos recogidos, en los últimos diez años la presencia de metales pesados en el pescado se ha mantenido sustancialmente sin cambios, sin un empeoramiento general. La única excepción se refiere al mercurio en el atún, lo que confirma su condición de especie que debe mantenerse bajo observación.
Esto subraya la importancia de continuar el seguimiento y sensibilizar a los consumidores hacia elecciones alimentarias más informadas.