Hay una disciplina que no otorga medallas pero que está ganando atención, gustos y curiosidad durante los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026: el tejido. Entre una carrera y otra, cada vez son más los deportistas que se inmortalizan mientras tejen lana y silencio, transformando esta afición en una estrategia de gestión mental. Lo llaman terapia de tejido: una práctica informal pero cada vez más extendida que utiliza movimientos repetitivos y atención enfocada para reducir el estrés y mantener a raya la ansiedad por el desempeño. En un contexto como el olímpico, donde cada detalle importa, concentrarse en un patrón de tejido se convierte en una forma de frenar el caos sin perder la concentración. No es escapismo, es control.
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De fenómeno viral a ritual olímpico
El saltador británico Tom Daley popularizó esta tendencia, fotografiado en las gradas con agujas y pelotas ya en Tokio 2020 y luego en París 2024. Esas imágenes dieron la vuelta al mundo, transformando un hobby personal en un símbolo de normalidad y resistencia emocional. Hoy, en Milán-Cortina, ese gesto casi se ha convertido en un lenguaje compartido.
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El estuche Ben Ogden, plata y lana.
Entre los rostros más emblemáticos se encuentra el estadounidense Ben Ogden, protagonista absoluto del esquí de fondo. En Val di Fiemme ganó una histórica medalla de plata en el sprint, rompiendo un ayuno americano que duraba cincuenta años. El último en hacerlo fue Bill Koch en 1976. Y cuando las entrevistas se calentaban, Ogden no hablaba de música ni de series de televisión: hablaba de tejer. Después de la carrera, con la adrenalina aún bombeando, Ogden explicó que para recuperar el equilibrio volverá a sus proyectos: suéteres ya terminados, guantes inspirados en Juana de Arco, la lana esperándolo.
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Adam Runnalls: un ritual contra la presión olímpica
Pero él no es el único. Incluso Adam Runnalls, biatleta canadiense, una vez finalizadas sus sesiones de tiro, sustituye su rifle por agujas de tejer y ovillos de lana en busca de concentración y equilibrio durante un periodo tan estresante como los juegos. Runnalls, de 27 años, descubrió la camiseta como una herramienta de preparación mental por sugerencia de su entrenador.
Desde diciembre, gorros y suéteres comenzaron a tomar forma entre los entrenamientos preolímpicos y los mítines. Tejer se ha convertido para él en mucho más que un hobby: le permite reducir el ritmo sin desviar su atención del deporte. Un detalle que también llamó la atención del público online, haciendo que su perfil creciera de poco más de 1.500 a más de 10.000 seguidores en apenas unos días.
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El éxito no proviene sólo de la curiosidad. Runnalls encuentra un punto en común entre dos mundos aparentemente distantes: el de los entusiastas del deporte y el de los tejedores. Su presencia provocó una reflexión sobre la representación masculina en un contexto a menudo estereotipado, demostrando que incluso un atleta olímpico puede encontrar fuerza en habilidades manuales lentas y repetitivas.
En el biatlón, disciplina extrema que combina el esquí de fondo y el tiro, la capacidad de calmar el pulso en unos segundos es decisiva. Runnalls entrena precisamente eso: la transición del movimiento a la inmovilidad. También teje en la bicicleta estática, convirtiendo la recuperación en un ejercicio de continua concentración. No en vano, explica que la camiseta le permite “sentarse” sin dejar de estar mentalmente activo. Criada en una familia de instructores de esquí, Runnalls pasó por el hockey, el esquí alpino y el esquí de fondo antes de llegar al biatlón. Una vida marcada por el invierno, hoy enriquecida por un hilo de lana que corre entre los dedos.
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