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¿El ayuno intermitente realmente hace perder peso? La respuesta de la ciencia te sorprenderá

En los últimos años, el ayuno intermitente ha conquistado a millones de personas en todo el mundo. Alimentación por tiempo limitado (el famoso método 16:8), ayuno alterno, protocolo 5:2, hay muchas variaciones, pero el principio es siempre el mismo: alternar periodos de ayuno o ingesta calórica muy reducida con fases de alimentación normal.

Quienes lo practican aseguran que se sienten más ligeros, con más energía y que por fin consiguen perder esos kilos de más sin tener que contar cada caloría. De hecho, el ayuno intermitente se ha asociado con posibles beneficios metabólicos: mejora de la sensibilidad a la insulina, reducción de los marcadores inflamatorios y, por supuesto, la tan deseada pérdida de peso.

¿Pero es realmente así?

el estudio

Una revisión sistemática publicada por Cochrane – uno de los organismos con mayor autoridad en la evaluación de la evidencia científica – analizó 22 ensayos clínicos aleatorios en los que participaron un total de 1.995 adultos obesos o con sobrepeso. Los estudios se realizaron en Europa, Norteamérica, China, Australia y Sudamérica, y los participantes fueron seguidos en casa o en su comunidad.

El objetivo era entender si el ayuno intermitente realmente funciona mejor que los consejos dietéticos tradicionales (como reducir calorías o equilibrar los macronutrientes) o, incluso, que no hacer nada.

La respuesta, según la evidencia recopilada, es menos emocionante de lo que les gustaría escuchar a los partidarios del ayuno intermitente.

En comparación con la dieta tradicional, el ayuno intermitente no mostró ventajas significativas: de 21 estudios en los que participaron 1.430 personas, la pérdida de peso y la calidad de vida fueron sustancialmente similares entre quienes siguieron el ayuno y quienes siguieron los consejos dietéticos clásicos. En otras palabras, ambos enfoques pueden funcionar, pero ninguno parece prevalecer claramente sobre el otro.

La comparación con ninguna intervención arrojó resultados similares: en 6 estudios con 427 participantes, después del ayuno intermitente se produjo poca o ninguna diferencia en comparación con aquellos que no recibieron ninguna indicación dietética.

En cuanto a los efectos secundarios, algunos estudios reportan episodios de cansancio, dolor de cabeza o náuseas. Sin embargo, la evidencia disponible aún no es suficiente para sacar conclusiones definitivas.

Un hecho sorprendente, sin embargo, es que ninguno de los estudios midió la satisfacción de los participantes, el estado de diabetes o el bienestar general, variables que, para quienes viven con sobrepeso u obesidad, no son secundarias.

Qué significa

Lo que destaca el estudio no significa que el ayuno intermitente sea inútil o perjudicial sino que, de momento, no hay evidencia sólida de que sea superior a otras estrategias de pérdida de peso.

Si el método 16:8 o 5:2 se adapta bien a tu estilo de vida, lo encuentras sostenible y no tienes contraindicaciones médicas, aún así puedes beneficiarte de él, simplemente porque te ayuda a comer de forma menos natural. Pero si la sigues convencido de que se trata de una fórmula mágica que las dietas tradicionales no pueden ofrecer, la ciencia, al menos por ahora, no te da la razón.

La pérdida de peso sigue siendo una cuestión compleja y profundamente individual. Y lo que mejor funciona, como suele ocurrir, probablemente sea el que puedas mantener en el tiempo.