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De la mano por el futuro: así podemos alimentar el planeta sin destruirlo

Cada 16 de octubre el mundo celebra el Día Mundial de la Alimentación, establecido por la FAO para reafirmar el derecho de toda persona a una nutrición adecuada. El tema elegido para 2025, “De la mano por una mejor nutrición y un futuro mejor”, nos invita a unir fuerzas para garantizar la salud y la sostenibilidad para las próximas generaciones.

La Sociedad Italiana de Nutrición Humana (SINU) subraya que el desafío ya no es sólo garantizar alimentos para todos, sino hacerlo respetando el medio ambiente, la salud y la justicia social. “Debemos combinar experiencia científica, responsabilidad social y compromiso educativo”, declaró la presidenta Anna Tagliabue, “caminando juntos (instituciones, ciudadanos, escuelas, profesionales) para construir un modelo alimentario que respete la naturaleza y promueva el bienestar colectivo”.

Desperdicio, desigualdades y cambio climático

Los sistemas agroalimentarios se encuentran hoy en el centro de los desafíos globales: crisis climática, conflictos, pérdida de biodiversidad y desigualdades. Según la OCDE-FAO, la producción agrícola y pesquera mundial crecerá un 14% de aquí a 2034, impulsada principalmente por el consumo de alimentos de origen animal, responsables ya del 57% de las emisiones de gases de efecto invernadero del sector.

A esta presión se suma el desperdicio de alimentos: cada año se pierden o desechan 1.300 millones de toneladas de alimentos en todo el mundo, lo que equivale a 132 kg per cápita. En Italia, según Waste Watcher Italia, la media de residuos en 2025 será de 88,3 gramos diarios por persona. Datos que, además de pesar sobre el medio ambiente, suponen un insulto moral en un mundo donde 733 millones de personas padecen hambre.

Una doble paradoja: obesidad y desnutrición

Según UNICEF, la obesidad infantil ha superado ya al bajo peso como forma más extendida de malnutrición: uno de cada diez niños en el mundo se ve afectado. “Millones de menores crecen en entornos alimentarios poco saludables, donde los snacks, las bebidas azucaradas y la comida rápida son accesibles y se promocionan agresivamente”, explicó Francesca Scazzina, concejala del SINU. Estos hábitos conducen a dietas pobres en nutrientes y a una incidencia creciente de sobrepeso, diabetes y trastornos psicológicos.

En Italia, la encuesta OKkio alla Salute revela que el 19% de los niños tienen sobrepeso y el 10% son obesos. Uno de cada diez niños se salta el desayuno y más de un tercio lo consume de forma inadecuada. Casi la mitad pasa más de dos horas al día frente a pantallas y el 19% no realiza actividad física.

Educación y ciencia para cambiar de rumbo

Para SINU, revertir la tendencia sólo es posible con un compromiso compartido basado en evidencia científica. “Con la revisión del LARN (es decir, los niveles de ingesta de referencia de nutrientes y energía para la población italiana, ed.) y la nueva Pirámide Alimenticia, hemos construido herramientas capaces de orientar las elecciones hacia modelos sostenibles, saludables y basados ​​en plantas”, recordó el presidente Tagliabue.

Pero también es necesaria una fuerte inversión educativa: involucrar a las escuelas, las familias y los jóvenes para difundir la cultura alimentaria y el sentido de responsabilidad hacia el Planeta. El futuro de la nutrición – subraya SINU – pasa por una bioeconomía sostenible, políticas alimentarias inclusivas y la reducción de los residuos a lo largo de toda la cadena de suministro.

El mensaje del SINU es: nadie puede actuar solo. “El cambio climático, las desigualdades sociales y la degradación ambiental requieren políticas globales y coordinadas”, concluye Tagliabue. “Sólo a través de la investigación, la educación y la cooperación podremos garantizar a todos una alimentación más consciente, justa y respetuosa con el medio ambiente”.