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Dentro del hogar ultraprocesado: los objetos cotidianos que lo hacen más tóxico de lo que se cree

Cuando hablamos de productos ultraprocesados, pensamos inmediatamente en alimentos, incluidos snacks envasados, platos preparados y bebidas azucaradas, todos ellos alimentos que han sufrido transformaciones industriales, enriquecidos con aditivos, conservantes y sustancias que lo hacen todo más sabroso pero decididamente menos saludable. Hemos aprendido a leer las etiquetas de los alimentos con sospecha, a comprobar la lista de ingredientes, a desconfiar de lo que no sabemos.

En realidad, nuestra casa está llena de objetos que podríamos definir exactamente de la siguiente manera: materiales sintéticos, revestimientos químicos, sustancias que no existen en la naturaleza pero que fueron creadas en el laboratorio para mejorar su rendimiento. ¿El resultado? Un entorno doméstico que puede resultar más tóxico de lo que imaginamos.

Sartenes antiadherentes y contaminantes eternos

La cocina esconde algunos de los errores más sutiles. Las sartenes antiadherentes, las que utilizamos a diario para evitar que la tortilla se pegue, suelen contener las infames PFAS (sustancias perfluoroalquiladas). Estas moléculas, definidas como “contaminantes eternos” por su capacidad de resistir en el medio ambiente y en el cuerpo humano sin degradarse, han sido relacionadas con trastornos hormonales, problemas de fertilidad y riesgos de tumores. Por ejemplo, el PFOA, el ácido perfluorooctanoico utilizado durante décadas en la producción de teflón, ha sido clasificado como posible carcinógeno. Hay que decir que las alternativas de cadena corta que la han sustituido presentan características similares, dado que, cuando la sartén se sobrecalienta o se raya, estas sustancias pueden migrar al alimento. Para dar otro ejemplo, los estudios han encontrado rastros de PFAS en la sangre del 97% de los estadounidenses.

El papel para hornear, los recipientes para comida para llevar y las cajas de pizza también suelen contener estos compuestos para hacerlos resistentes a la grasa. ¿La solución? Cacerolas de acero inoxidable, hierro fundido o cerámica certificada, y para el envasado de alimentos es mejor el vidrio o el acero reutilizable.

Muebles baratos y formaldehído.

muebles de aglomerado

Los muebles baratos de aglomerado, muy extendidos desde los años 70, esconden otro problema: el formaldehído. Esta sustancia se utiliza en pegamentos que mantienen unidos los restos de madera y puede provocar irritación de ojos y garganta, dificultades respiratorias e incluso aumentar el riesgo de cáncer. El formaldehído también se encuentra en algunas pinturas, revestimientos e incluso cosméticos. El dormitorio, donde pasamos un tercio de nuestra vida, puede convertirse en dosis bajas en una cámara de gas: colchones, alfombras y sofás liberan a menudo compuestos orgánicos volátiles (COV) y retardantes de llama bromados, sustancias añadidas para hacerlos ignífugos pero nocivas para el sistema endocrino.

Tejidos tratados: cuando el chubasquero se convierte en un riesgo

telas impermeables

Los tejidos merecen un capítulo aparte. Esa práctica chaqueta impermeable, la alfombra antimanchas del salón, las tiendas de campaña técnicas: muchos de estos productos deben sus propiedades a los PFAS. Una investigación realizada por Toxic-Free Future (TFF) encontró estas sustancias en el 72% de los tejidos analizados etiquetados como resistentes al agua o a las manchas. El contacto con la piel o la inhalación de polvo doméstico puede exponernos a estos compuestos a diario.

Detergentes y desodorantes: la contaminación invisible del aire doméstico

detergentes y desodorantes

Los productos de limpieza representan otro frente crítico. La lejía, el amoníaco y los detergentes fuertes pueden liberar compuestos orgánicos volátiles que empeoran la calidad del aire interior. La lejía, si se mezcla con otros productos (como el amoníaco), puede incluso liberar gases tóxicos. Algunos detergentes todavía contienen formaldehído y/o bórax, sustancias que, además de irritantes, pueden interferir con el sistema hormonal. Los ambientadores, por tanto, prometen aromas celestiales, pero a menudo liberan sustancias irritantes y alergénicas, algunas incluso sospechosas de ser cancerígenas.

Cosmética y cuidado personal: tóxicos para la piel

productos cosméticos

Incluso los cosméticos no están exentos de riesgos. Las cremas, el rímel resistente al agua, los esmaltes de uñas y los lápices labiales pueden contener PFAS para garantizar una larga vida útil y resistencia. Absorbidos a través de la piel, estos compuestos ingresan directamente al torrente sanguíneo. Por ejemplo, los ftalatos, plastificantes utilizados en muchos productos para el cabello y perfumes, se han relacionado con la diabetes y los trastornos de fertilidad, así como con posibles cambios en el desarrollo de los niños.

Cómo protegerse de la contaminación doméstica

Reducir la exposición a estas sustancias no significa renunciar al confort. Se trata simplemente de tomar decisiones más conscientes: preferir materiales naturales, leer las etiquetas, ventilar frecuentemente las habitaciones, sustituir los detergentes químicos por alternativas naturales como el vinagre y el bicarbonato, elegir cosméticos certificados libres de PFAS. Pequeñas medidas que, multiplicadas por cada estancia y cada objeto, pueden marcar una gran diferencia.

El hogar debería ser el lugar más seguro que tenemos, pero si no prestamos atención, corre el riesgo de convertirse en un laboratorio químico involuntario, donde convivimos cada día con sustancias que se acumulan silenciosamente en nuestro cuerpo. Quizás ha llegado el momento de repensar no sólo lo que comemos, sino también lo que nos rodeamos.