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¿El agua con gas realmente te ayuda a perder peso? Las siete razones para elegirlo según Matteo Bassetti

¿Puede el agua con gas ayudar a perder peso? La cuestión fue relanzada por una investigación japonesa publicada en BMJ Nutrition, Prevention & Health, y ha reavivado un debate que nunca se ha calmado y que vuelve periódicamente en lo que respecta a las dietas y los hábitos alimentarios. La respuesta la dio Matteo Bassetti, un comunicador médico-científico ya conocido por todos, que nos invita a leer los datos con equilibrio: el agua con gas no produce efectos milagrosos y no debe ser demonizada.

El estudio de Akira Takahashi

El trabajo del investigador Akira Takahashi plantea la hipótesis de un posible vínculo entre el dióxido de carbono contenido en el agua con gas y algunos procesos metabólicos relacionados con la glucosa. Según Takahashi, el CO₂ podría influir, aunque modestamente, en mecanismos similares a los observados en contextos clínicos como la diálisis. Volveremos al estudio más adelante, intentando ilustrar los pasos clave que lo determinaron.

Los siete beneficios según Bassetti

Bassetti ha identificado siete razones por las que el agua con gas puede representar una elección inteligente, que informamos a continuación:

  1. Contribuye al control del peso.
  2. Promueve el metabolismo de la glucosa.
  3. Aumenta la sensación de saciedad.
  4. Reduce el consumo de bebidas azucaradas.
  5. Mejora la hidratación
  6. Apoya la digestión
  7. Es una opción económica y sostenible.

La realidad de los hechos: no hay milagros

“No estamos hablando de una varita mágica”, especifica Bassetti al Corriere della Sera. “El agua con gas no hace perder peso por sí sola, pero puede ser un pequeño apoyo en un estilo de vida saludable”. El estudio de Takahashi sugiere que si el CO₂ influye en la absorción de glucosa en los circuitos de diálisis, podrían producirse efectos mínimos incluso al beber agua carbonatada. “Si en este contexto el dióxido de carbono afecta a la absorción de glucosa, es posible que aquí también se produzca un efecto mínimo. Sin embargo, estamos hablando de variaciones modestas, no de resultados clínicamente revolucionarios”.

Efectos concretos sobre la saciedad

Según Bassetti, los beneficios más tangibles se encuentran en la sensación de saciedad: “Las burbujas dilatan el estómago y aumentan la sensación de saciedad. Si bebo agua con gas antes de una comida, puedo sentirme satisfecho antes y comer menos. No es aplicable a todo el mundo, pero puede ayudar”.

Impacto conductual y cultural

Hacer que el agua sea más agradable te ayuda a evitar las bebidas azucaradas. “No hay comparación entre un refresco lleno de azúcar y un agua con gas”, subraya el experto. Las bebidas “cero” no son una solución ideal para la salud metabólica y dental. Las burbujas en el agua te permiten potenciar una elección sencilla sin introducir calorías.

Hidratación y digestión.

El mensaje sobre la hidratación es claro: si las burbujas te animan a beber más, el resultado es positivo. Algunas personas pueden beneficiarse digestivamente, ya que el dióxido de carbono parece promover la motilidad intestinal.

Sostenibilidad y economía doméstica.

Un carbonatador doméstico permite utilizar agua del grifo, que es buena en muchas ciudades italianas y reduce los residuos y el plástico. De esta forma, el gesto diario se vuelve más económico y sostenible.

Precauciones para quienes padecen trastornos gastrointestinales.

Bassetti destaca una recomendación fundamental: quienes padecen reflujo, úlceras o síndrome del intestino irritable deben prestar atención. En estas condiciones, el agua con gas puede empeorar los síntomas.

El mensaje final

La conclusión del experto recuerda al sentido común: “El agua es una herramienta muy sencilla que puede aportar beneficios. No es necesario americanizarse llenando los carritos de la compra con refrescos. A veces, la mejor opción es también la más básica”.

Pequeña visión del estudio de Takahashi

El estudio realizado por el profesor Akira Takahashi, jefe de departamento del Hospital Neuroquirúrgico Tesseikai de Shijonawate (Japón), publicado el 21 de enero de 2025 en BMJ Nutrition, Prevention & Health, parte de una observación realizada durante las sesiones de hemodiálisis: durante el tratamiento la sangre entra en contacto con soluciones que contienen dióxido de carbono, y el resultado es que el nivel de azúcar en sangre de los pacientes baja de media de 118,3 mg/dL a 98,6 mg/dL, a pesar de siendo la concentración de glucosa en el dializado de aproximadamente 105 mg/dl.

El mecanismo detrás de esta reducción involucra a los glóbulos rojos: cuando el CO₂ se absorbe en el torrente sanguíneo, la enzima anhidrasa carbónica lo convierte en iones de bicarbonato. Este proceso hace que el ambiente intracelular sea más alcalino, lo que estimula la glucólisis anaeróbica y promueve una mayor absorción de glucosa del plasma hacia los glóbulos rojos.

El profesor Takahashi plantea la hipótesis de que al beber agua con gas se puede producir un efecto similar, aunque mucho menor: el CO₂ entra en los vasos sanguíneos del estómago, desencadena la producción de bicarbonato y acelera temporalmente el metabolismo de la glucosa. El propio autor subraya, sin embargo, que el alcance de este efecto es demasiado pequeño para traducirse en una pérdida de peso verdaderamente significativa, y que el agua carbonatada ciertamente no representa una solución independiente para perder peso. La invitación es a considerar este mecanismo como una posible contribución marginal dentro de un enfoque más amplio que incluya una dieta equilibrada y actividad física regular.