Cuando pides una pizza y la caja llega a tu casa, o cuando tomas un capuchino en un vaso de papel, probablemente no piensas en lo que podría pasar -invisible e inodoro- del envoltorio a tu comida. Sin embargo, cada vez que un alimento graso entra en contacto con papel y cartón, puede iniciarse una migración de sustancias químicas que en los últimos años preocupa cada vez más a científicos y autoridades sanitarias.
Se llaman MOSH y MOAH, dos siglas poco conocidas por el público en general, pero que ya están en el centro de un acalorado debate en Europa y en todo el mundo. Un estudio reciente publicado en Revista de composición y análisis de alimentos arrojar luz sobre este fenómeno, analizando más de 500 muestras de envases de papel y cartón comprados en China.
Pero primero aclaremos qué son MOSH y MOAH.
Los hidrocarburos de petróleo mineral son mezclas químicas complejas que se derivan del refinado del petróleo crudo y se dividen en dos familias. El primero es el MOSH, hidrocarburos saturados que pueden presentarse en forma lineal, ramificada o cíclica y que estudios realizados en animales han demostrado que tienden a acumularse en órganos como el hígado, el bazo y los ganglios linfáticos. La segunda familia, los MOAH, se considera potencialmente más peligrosa: los que tienen tres o más anillos aromáticos están clasificados por la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) como genotóxicos y cancerígenos, es decir, capaces de dañar el ADN y favorecer el desarrollo de tumores.
Estos compuestos entran en la cadena alimentaria por varias vías: lubricantes utilizados en maquinaria agrícola e industrial, contaminación ambiental, aditivos alimentarios y, sobre todo, migración desde los envases. El papel reciclado se encuentra entre los soportes más críticos, porque durante el proceso de reciclaje no es posible eliminar por completo los aceites minerales presentes en las tintas de impresión, adhesivos y ceras de los materiales originales.
el estudio
Los investigadores recogieron 502 muestras de envases de papel y cartón destinados al contacto con alimentos en supermercados, ferias locales y tiendas online de cinco provincias chinas. En la canasta había vasos de papel, bolsas, cajas, tarrinas, tazones, platos, moldes para cupcakes, toallas de papel, papel para hornear y moldes para vaporera.
Cada muestra fue probada con tres tipos de simulantes alimentarios: uno ácido (4% de ácido acético), uno acuoso (10% de etanol) y dos grasos (isooctano y 95% de etanol), para reproducir las peores condiciones de uso real.
De los resultados se vio que MOSH y MOAH no migran en alimentos ácidos o acuosos. La migración se produce exclusivamente en contacto con simulaciones de alimentos grasos, ya sean aceites, quesos, chocolate o productos horneados. Una distinción importante, que sugiere dónde centrar la atención.
No todos los envases se comportan de la misma manera. Las cajas de papel mostraron las tasas de detección más altas (casi el 49% de las muestras), seguidas de las bolsas de papel, los moldes para cupcakes y los vasos. Por el contrario, el papel para hornear y los revestimientos para vaporeras no mostraron migración detectable.
¿A qué se debe esta diferencia tan marcada? Los autores identifican dos razones principales. El primero se refiere a la impresión: las cajas de papel suelen estar decoradas con gráficos coloridos y las tintas tradicionales utilizadas para imprimirlas son ricas en aceites minerales, que se pueden transferir fácilmente al contenido. Esto no es nada nuevo, estudios anteriores ya habían indicado que las tintas de impresión son la fuente predominante de MOSH y MOAH en el papel.
La segunda razón es la ausencia de barreras funcionales, es decir, esa capa aislante que, cuando está presente, bloquea físicamente el paso de contaminantes entre el exterior impreso y la superficie en contacto directo con el alimento. La mayoría de las cajas examinadas no las tenían.
Los investigadores también compararon los niveles de migración por canal de ventas. Los valores más altos se registraron en las muestras compradas online, seguidas de las ferias locales y finalmente en los supermercados. Sin embargo, las diferencias no fueron estadísticamente significativas. En la práctica, no existe un canal de venta intrínsecamente “más seguro”: la calidad del embalaje depende más del fabricante que del punto de venta.
@Revista de composición y análisis de alimentos
Evaluación de riesgos
Para comprender si los niveles encontrados constituyen un peligro real para la salud, los investigadores utilizaron la simulación Monte Carlo, un método estadístico probabilístico que simula decenas de miles de escenarios de exposición para estimar el riesgo de manera más realista que las evaluaciones tradicionales.
El resultado para MOSH es tranquilizador: el margen de exposición calculado, tanto en promedio como en el percentil 95, se mantuvo por encima del umbral de seguridad establecido por la EFSA (MOE > 1200), lo que indica un nivel de riesgo aceptable para la población adulta.
Pero los investigadores advierten: el valor del percentil 95 estaba relativamente cerca del umbral, que requiere una vigilancia continua. Y para los MOAH la situación sigue abierta: la falta de datos toxicológicos suficientes sobre compuestos con tres o más anillos aromáticos ha impedido una caracterización completa del riesgo. En pocas palabras, no sabemos lo suficiente como para descartar peligros.
Hay otro elemento que hace que este estudio sea particularmente relevante hoy. Las políticas de reducción de plástico, en Europa y en todo el mundo, están empujando a empresas y consumidores a sustituir los envases de plástico por alternativas de papel y cartón. Un cambio muchas veces presentado como ecológico y saludable.
Pero esta transición, si no se gestiona con cuidado, tiene riesgos. Como señalan los autores del estudio:
Esto es particularmente relevante en el contexto de las políticas de restricción del plástico, donde los materiales a base de papel se utilizan cada vez más como alternativas, lo que lleva a una mayor exposición humana (a aceites minerales, ed.).
Por lo tanto, elegir papel en lugar de plástico es correcto, pero sólo si el papel se produce de forma segura.
Lo que preguntan los investigadores
Las recomendaciones del estudio son precisas. Los investigadores piden, en primer lugar, que las barreras funcionales sean obligatorias para todos los envases de papel reciclado destinados al contacto con alimentos grasos, y que se favorezca el uso de fibras vírgenes, libres de contaminación heredada del ciclo del reciclaje.
En cuanto a tintas y adhesivos, invitan a los productores a elegir formulaciones que cumplan con los estándares alimentarios, abandonando las tradicionales.
También piden la introducción de límites de migración específicos para MOSH, que aún no existen en muchos países, incluida China, donde actualmente no existe ningún límite legal ni para MOSH ni para MOAH. Finalmente, piden el desarrollo de métodos analíticos más avanzados, capaces de distinguir los MOAH genotóxicos de otros menos peligrosos mediante técnicas como la cromatografía multidimensional.
¿Y en Europa?
En el frente europeo, la situación está un poco más avanzada: a partir de 2022 existen límites para el contenido de MOAH en los alimentos, que varían de 0,5 a 2 mg/kg en función del contenido de lípidos, y Alemania ya ha propuesto la obligación de establecer barreras funcionales para el papel reciclado. Sin embargo, los límites específicos para MOSH aún están por definirse. Incluso en Italia, como en el resto de la Unión Europea, todavía no existe una legislación específica que establezca límites de MOSH en los alimentos, pero el tema sigue siendo vigilado por las autoridades europeas y nacionales.