El BHA (hidroxianisol butilado, o E320 en las etiquetas europeas) se ha utilizado durante décadas como conservante en cosméticos y algunos productos alimenticios, donde sirve para frenar el enranciamiento de grasas y aceites. Pero ahora la FDA de Estados Unidos ha iniciado una evaluación en profundidad de esta sustancia, examinando los posibles riesgos.
¿Dónde está ubicado el BHA?
El BHA (hidroxianisol butilado) se utiliza como conservante antioxidante para prolongar la vida útil de muchos alimentos. Lo podemos encontrar en cereales para el desayuno, galletas, snacks salados, gominolas, helados, margarinas, aceites vegetales refinados, snacks de comida rápida y comidas congeladas, así como en algunos productos cárnicos, como las salchichas.
Aunque las etiquetas de los alimentos muestran un descenso en su uso en los últimos años (especialmente en Europa), el BHA sigue presente en muchos productos industriales, incluidos los destinados a niños, especialmente en Estados Unidos.
El BHA no sólo está presente en los alimentos, también se utiliza en cosméticos como bálsamos labiales, humectantes, maquillajes y productos para el cuidado de la piel, donde sirve para evitar que las grasas presentes en las fórmulas se vuelvan rancias. También puede aparecer en complementos alimenticios, algunos medicamentos y envases de alimentos. Básicamente, el BHA podría estar escondido en cualquier lugar donde haya grasas o aceites que puedan descomponerse.
Las sospechas de la ciencia
El quid de la cuestión reside en la evidencia científica acumulada a lo largo del tiempo. El Programa Nacional de Toxicología clasifica a BHA como “cancerígeno razonablemente previsible para los seres humanos” basado en estudios realizados en animales. Una llamada de atención que ya no se puede ignorar, especialmente teniendo en cuenta que estamos hablando de una sustancia presente diariamente en la dieta de millones de personas.
El BHA ha permanecido en el suministro de alimentos durante décadas, a pesar de haber sido identificado por el Programa Nacional de Toxicología como un ‘carcinógeno humano razonablemente previsible’ basándose en estudios en animales”, dijo el Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y agregó: “Esta reevaluación marca el final de la era de ‘confíe en nosotros’ en la seguridad alimentaria.
¿Una reseña que llega tarde?
La FDA había clasificado a BHA como “Generalmente reconocido como seguro” (GRAS) ya en 1958, y lo aprobó como aditivo alimentario en 1961. Por lo tanto, pasaron casi 70 años antes de que la agencia decidiera reevaluar esta sustancia a la luz de los nuevos conocimientos científicos. Quizás demasiado, teniendo en cuenta que los defensores de la salud pública llevan décadas planteando preocupaciones sobre su seguridad.
La buena noticia es que no será una acción aislada. El comisionado de la FDA, Marty Makary, anunció:
Una vez que se complete nuestra evaluación de BHA, planeamos realizar evaluaciones similares para el hidroxitolueno butilado, un conservante sintético conocido como BHT, y la azodicarbonamida, una sustancia química utilizada en las esteras de yoga y también como suavizante de masa.
Sí, has leído bien: la azodicarbonamida, la misma sustancia que se utiliza en las esterillas de yoga, se utiliza actualmente como aditivo alimentario en Estados Unidos. Una paradoja que dice mucho sobre la necesidad de aclarar qué acaba en los alimentos industriales.
¿Y en Europa?
En Europa, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) ha evaluado en el pasado la seguridad del BHA, estableciendo una dosis diaria aceptable de 1,0 mg por kg de peso corporal. Sin embargo, la creciente evidencia científica pronto podría empujar a las autoridades europeas a reconsiderar esta posición.
La medida de Estados Unidos podría representar un precedente importante y estimular la reflexión global sobre la presencia de estas sustancias en nuestros alimentos.