Durante años nos dijeron que moverse más y tomar metformina era la combinación ideal para mantener bajo control el azúcar en sangre. Dos armas ganadoras, juntas, para luchar contra la diabetes y los trastornos metabólicos. Una nueva investigación, sin embargo, nos invita a revisar esta creencia y lo hace con datos que merecen atención, especialmente para quienes intentan cuidar cada día su salud con pequeños gestos concretos, como un paseo o un entrenamiento regular.
La metformina es el fármaco más recetado en el mundo para la diabetes tipo 2 y, a menudo, se recomienda junto con actividad física. El problema es que, según los últimos resultados científicos, esta asociación puede no funcionar como siempre pensábamos.
Metformina y ejercicio juntos
La idea básica es simple y tranquilizadora: si el ejercicio es bueno para usted y la metformina funciona, juntos deberían funcionar aún mejor. Sin embargo, el estudio cuenta otra historia. Los investigadores han observado que, en algunas personas, la metformina atenúa los beneficios del ejercicio que ayudan a mejorar la sensibilidad a la insulina y la salud de los vasos sanguíneos.
Traducido en palabras menos técnicas: quienes entrenan sin tomar el medicamento ven que sus músculos responden mejor a la insulina, su sangre fluye más fácilmente y sus niveles de azúcar en sangre bajan después de las comidas. Sin embargo, cuando entra en juego la metformina, estos efectos positivos son más débiles. No desaparecen del todo, pero pierden fuerza, como si algo frenara la adaptación natural del cuerpo al movimiento.
Y éste es precisamente el punto que resulta más inquietante. La mayoría de las personas que toman metformina tienen sobrepeso o riesgo de diabetes y hacen ejercicio precisamente para sentirse mejor, no sólo por un número en el informe de la prueba, sino para sentirse con más energía, más fuertes y más estables.
Lo que mostró el estudio
La investigación siguió a un grupo de adultos con riesgo de síndrome metabólico durante dieciséis semanas, dividiéndolos en aquellos que hacían ejercicio con un placebo y aquellos que hacían ejercicio tomando metformina. Los resultados fueron claros. La actividad física por sí sola mejoró la respuesta de la insulina, redujo la inflamación y redujo el azúcar en sangre en ayunas. También aumentó la aptitud física general, un aspecto que a menudo se subestima pero que es fundamental para la independencia y la calidad de vida.
Sin embargo, cuando el ejercicio se combinó con metformina, las mejoras fueron más limitadas. En particular, los que tomaron el fármaco que los que entrenaron sin él. Esto significa músculos menos receptivos, menor resistencia y menos beneficios a largo plazo.
No es la primera vez que la ciencia plantea esta duda. Estudios anteriores ya han sugerido que la metformina también puede limitar los efectos del entrenamiento de fuerza al reducir el aumento de la masa muscular. Ahora se sospecha que el fármaco interfiere tanto con el ejercicio aeróbico como con el de resistencia.
La razón puede estar relacionada con la forma en que actúa la metformina dentro de las células. El fármaco actúa sobre las mitocondrias, las plantas energéticas de nuestro cuerpo, reduciendo parcialmente su actividad. Es un mecanismo útil para controlar el azúcar en sangre, pero podría obstaculizar las adaptaciones positivas inducidas por el ejercicio, aquellas que hacen que el cuerpo sea más eficiente y entrenado.
Es importante decir esto claramente: la metformina sigue siendo un fármaco eficaz y el ejercicio sigue siendo una de las estrategias más poderosas para prevenir y controlar la diabetes. El estudio no invita a dejar ni uno ni otro. Más bien, abre una pregunta incómoda pero necesaria: ¿estamos seguros de que tomarlos juntos, al mismo tiempo, es siempre la mejor opción?
Algunas investigaciones sugieren que comenzar la terapia con medicamentos antes e introducir la actividad física más tarde puede aportar mayores beneficios. Quizás porque el cuerpo tiene tiempo para adaptarse a la droga y luego responde mejor al estímulo del entrenamiento. Sin embargo, por el momento faltan estudios a largo plazo que comparen directamente estas estrategias.