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Hepatitis A, la alerta en Campania: qué no comer y cómo evitar el contagio

Campania registra un aumento significativo de los casos de hepatitis A: hasta el 18 de marzo, se han notificado 133. Un hecho que ha empujado a la Región a reforzar los controles a lo largo de toda la cadena alimentaria, en particular sobre los moluscos bivalvos, y a intensificar las actividades de prevención e información. La sospecha es que el pico también está relacionado con los hábitos alimentarios navideños, cuando aumenta el consumo de mariscos crudos o poco cocidos.

Según la Organización Mundial de la Salud y el Istituto Superiore di Sanità, la hepatitis A es una infección hepática aguda causada por el virus VHA y sigue representando una de las principales infecciones transmitidas por alimentos incluso en los países desarrollados. No es una enfermedad crónica, pero puede resultar debilitante y, en algunos casos, más grave en los adultos.

Cómo se produce el contagio

La infección se produce por vía fecal-oral, es decir, por la ingestión de agua o alimentos contaminados o por contacto directo con una persona infectada. El punto crítico es que el virus se transmite incluso antes de que aparezcan los síntomas: los infectados pueden contagiarlo durante una semana antes de darse cuenta. El período de incubación puede durar hasta 50 días, lo que a menudo dificulta identificar con precisión la fuente de la infección.

Entre los principales vehículos de transmisión se encuentran los moluscos bivalvos como los mejillones, las almejas y las ostras, que filtran grandes cantidades de agua y pueden acumular virus si provienen de ambientes contaminados. El riesgo no son sólo los mariscos: también pueden estar implicados las bayas, las verduras crudas y el agua contaminada. En los últimos años, varios brotes en Europa se han asociado a productos consumidos crudos o mal tratados.

¿Cuáles son los síntomas de la hepatitis a?

Los síntomas pueden aparecer gradualmente y no siempre son reconocibles de inmediato. A menudo se manifiestan con fiebre, cansancio intenso, náuseas y dolor abdominal, seguidos de signos más específicos como orina oscura, heces claras e ictericia, es decir, la coloración amarilla de la piel y los ojos. En los niños la infección puede pasar desapercibida, mientras que en los adultos tiende a ser más evidente y difícil de tratar. La Organización Mundial de la Salud informa que la gravedad aumenta con la edad y en personas con enfermedad hepática existente.

Cómo prevenir la hepatitis A

La prevención sigue siendo el verdadero punto decisivo. El consumo de mariscos crudos representa el principal factor de riesgo evitable: la cocción debe ser completa y uniforme, porque el simple hecho de que las válvulas se abran no garantiza la seguridad. Incluso las bayas congeladas deben consumirse sólo después de una cocción adecuada, mientras que las frescas deben lavarse cuidadosamente. La higiene personal desempeña un papel igualmente central: lavarse bien las manos y utilizar agua potable son medidas sencillas pero cruciales. La contaminación también puede ocurrir fácilmente en la cocina, a través de utensilios o superficies sin limpiar.

En el ámbito de la prevención, los expertos consideran que la vacunación es la herramienta más eficaz. Está especialmente recomendado para quienes han estado en contacto estrecho con un caso de hepatitis A, para quienes trabajan en el sector alimentario y para las personas más vulnerables. En caso de exposición reciente, la vacuna también se puede administrar después del contacto y es más eficaz cuanto más oportuna sea la intervención.

La situación de Campania no es una excepción aislada, sino otra señal más de un problema que se repite cíclicamente. La hepatitis A no ha desaparecido: sigue circulando, explotando el descuido diario, especialmente en la mesa. La diferencia, una vez más, la marcan comportamientos concretos y a menudo subestimados.