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IQ: estudio sobre gemelos idénticos muestra que la inteligencia no es una cuestión de genética, sino de educación

¿Realmente nacemos inteligentes? ¿O llegamos a serlo gracias a lo que aprendemos? Una pregunta candente, especialmente hoy en día, en una era en la que el talento parece serlo todo. Durante años la ciencia nos ha dicho que la inteligencia está escrita en el ADN, como el color de los ojos o la forma de la nariz. Sin embargo, una nueva investigación publicada en la revista Acta Psicológica derriba esta creencia con un hecho simple pero sorprendente: tener los mismos genes no es suficiente para garantizar el mismo coeficiente intelectual, si tu educación fue diferente.

El estudio, realizado por Jared Horvath y Katie Fabricant, pone en duda uno de los dogmas más extendidos: el de que la inteligencia es principalmente hereditaria. El análisis involucró a 87 pares de gemelos idénticos criados por separado. Estamos hablando de personas con exactamente el mismo ADN, pero que recibieron diferentes instrucciones escolares. Y aquí está la cuestión: cuanto más diferente es su experiencia escolar, mayor es la diferencia en su coeficiente intelectual.

En resumen: la escuela importa, por supuesto.

A menudo escuchamos que los gemelos idénticos tienen coeficientes intelectuales muy similares incluso si crecen lejos el uno del otro. Esto se debe a que, se dice, la genética hace el trabajo pesado. Pero Horvath y Fabricant decidieron revisar los datos, partiendo de una pregunta tan sencilla como incómoda:

¿Qué pasa si un gemelo va a una escuela mejor que el otro?

Esto es lo que descubrieron:

La escuela, por tanto, puede “ahuyentar” dos mentes nacidas iguales. Y no hablamos sólo del tipo de escuela (pública o privada), sino también de los métodos de enseñanza y la duración de la educación recibida.

¿Somos realmente sólo el producto de nuestros genes?

En estudios anteriores, a menudo se usaba una medida llamada ICC (correlación intraclase) para cuantificar cuán heredable era el coeficiente intelectual. El valor medio, 0,75, parecía indicar un componente genético muy fuerte.

Pero esta nueva investigación nos dice que la ICC cambia mucho si se tiene en cuenta la educación recibida. Y entonces surge espontáneamente la pregunta: ¿eran realmente tan fiables esas cifras?

Probablemente no.

La escuela realmente puede moldear el cerebro, incluso aquellos que nacen con genes excelentes

¿Qué hace que la educación sea tan poderosa? Según los autores del estudio, todo depende de tres factores:

Tres elementos que actúan juntos para dar forma al cerebro, para formar la capacidad de razonar, resolver problemas, adaptarse y… pensar.

Incluso los pequeños cambios en la escuela pueden tener efectos a largo plazo en nuestra forma de pensar. Y esto socava la idea de que el coeficiente intelectual es algo fijo, decidido al nacer e inmutable.

¿Cuántas personas nunca alcanzarán su potencial debido a la escuela?

Si la educación puede desarrollar (o bloquear) la inteligencia, entonces debemos mirarnos a nosotros mismos y abordar las desigualdades educativas. Hoy, en Italia como en otros lugares, la calidad de la educación. Y esto tiene consecuencias reales.

Porque dos niños, incluso genéticamente idénticos, pueden encontrarse adultos con capacidades cognitivas muy diferentes, simplemente porque nacieron en barrios diferentes, con maestros diferentes, en familias con recursos diferentes.

Los investigadores también envían un mensaje importante a quienes hacen ciencia: basta de big data agregados que borran historias individuales. La inteligencia debe observarse caso por caso, en relación con el medio ambiente, la cultura, la educación y la vida real.

Porque, en definitiva, este estudio nos recuerda una verdad que con demasiada frecuencia olvidamos: la mente es plástica, se forma, se transforma. Y si queremos una sociedad más justa, debemos empezar por la escuela.