En los últimos años se había hablado mucho de Nutri-Score, la etiqueta coloreada que prometía hacer más transparentes las elecciones de alimentos de los consumidores. Introducido en Francia y rápidamente adoptado por varios países europeos, parecía estar a un paso de convertirse en obligatorio a nivel de la Unión Europea.
Hoy, sin embargo, el escenario ha cambiado definitivamente: con la actualización del algoritmo que entró en vigor el pasado mes de marzo, el Nutri-Score se ha vuelto más severo y algunos productores, en lugar de adaptarse, han decidido abandonarlo.
Desde su debut en 2017, Nutri-Score ha clasificado los alimentos en cinco categorías, desde el verde oscuro A hasta el rojo E, en función de su perfil nutricional, con el objetivo de ayudar a los consumidores a comparar productos fácilmente y elegir los más equilibrados. El algoritmo evalúa nutrientes “positivos” (como fibra, proteínas, frutas y verduras) y nutrientes “negativos” (azúcares, sal, grasas saturadas y calorías).
Aunque la participación sigue siendo voluntaria, en Francia más del 60% de los productos lo indican en la etiqueta, y su difusión ha empujado a muchas empresas a reformular sus recetas para obtener una mejor evaluación.
El nuevo Nutri-Score
El nuevo Nutri-Score, en vigor desde el 16 de marzo de 2025, es el resultado de dos años de trabajo de un comité de expertos independientes de seis países europeos. Como explicó el profesor Hercberg:
Desde el principio, sabíamos que el algoritmo debía actualizarse periódicamente. En primer lugar, porque los datos científicos se acumulan y nos aportan nuevas evidencias de los efectos nocivos de algunos alimentos. La carne roja, por ejemplo, aumenta el riesgo de cáncer colorrectal, lo que llevó al comité a rebajar su calificación en comparación con las aves o el pescado. También observamos que, con el tiempo, el mercado de alimentación va evolucionando: las marcas se van adaptando para obtener una mejor clasificación y acercarse a la A, por lo que hemos tenido que afinar los cálculos para diferenciar mejor los productos. Se esperan nuevas actualizaciones en los próximos años.
Las autoridades han dado a los fabricantes un período de transición de 24 meses -hasta 2027- para actualizar los envases, pero los cambios ya empiezan a sentirse.
Los principales cambios se refieren a juicios más estrictos respecto del azúcar, la sal y las grasas saturadas. La carne roja ha sido rebajada, basándose en nuevas evidencias sobre el riesgo de cáncer colorrectal; por el contrario, el aceite de oliva, el aceite de nueces y el pescado azul sin sal añadida obtuvieron mejores puntuaciones gracias a las grasas “buenas”. También mejoran algunos quesos menos salados y productos integrales ricos en fibra.
Según Serge Hercberg, creador del Nutri-Score y profesor de la Sorbona, entre el 30 y el 40% de los productos cambiaron de clase con el nuevo sistema.
A algunas empresas ya no les gusta
No todos los fabricantes acogieron con agrado la actualización. Algunos, temerosos de perder su “A” o de ver empeorar sus calificaciones, han decidido dar un paso atrás. Entre ellos se encuentran Bjorg (que produce cereales y productos orgánicos) y Danone, que ha retirado el Nutri-Score a cinco de sus principales marcas: Actimel, Activia, Danone, Danonino y HiPro.
No es casualidad que se trate principalmente de yogures bebibles y productos con azúcares añadidos, que ahora se ven más penalizados por el nuevo algoritmo.
Marcas como Ferrero, Lactalis y Coca-Cola resolvieron el problema de raíz al no adoptar nunca el Nutri-score y criticar el sistema por considerarlo “demasiado simplista” e incapaz de valorizar nutrientes como el calcio en los productos lácteos o de tener en cuenta la presencia de aditivos y el grado de procesamiento de los alimentos.
Un sistema útil, pero no perfecto.
Los expertos reconocen que el Nutri-Score no es precisamente completo y preciso, por ejemplo no indica la presencia de aditivos ni conservantes, no tiene en cuenta porciones y no distingue alimentos ultraprocesados. Puede suceder entonces que, escribe 60 Millones de Consumidores:
Un producto no ultraprocesado, como el zumo de uva, está mal valorado por su alto contenido en azúcar, mientras que otros, bajos en sal pero ultraprocesados y con muchos aditivos, como las rodajas de verdura, tienen una calificación A o B en términos nutricionales.
A pesar de las limitaciones, más de 150 estudios científicos han demostrado que quienes prefieren alimentos con puntuaciones Nutri-Score más altas tienen una dieta general más saludable y un menor riesgo de obesidad, cáncer y enfermedades cardiovasculares. Además, como ya se ha mencionado, la presencia del logotipo ha empujado a muchos fabricantes a mejorar la composición de sus productos.
En Francia, el Nutri-Score sigue contando con el apoyo de investigadores y asociaciones de salud pública, que piden su generalización obligatoria y una mayor visibilidad también en la restauración colectiva y en los productos a granel.
A nivel europeo, sin embargo, el expediente sigue estancado, debido también a la firme oposición de algunos países – como Italia – que consideran que penaliza sus propias tradiciones gastronómicas.
Mientras tanto, los expertos trabajan en nuevas novedades: entre las propuestas, la introducción de una banda negra alrededor del logo para indicar el nivel de procesamiento de los alimentos, haciendo el sistema más completo y transparente.