La llama olímpica Milán-Cortina 2026 tocó uno de los lugares más simbólicos y espectaculares de los Alpes: la Punta Gnifetti del Monte Rosa, a 4.554 metros sobre el nivel del mar, donde se alza la Capanna Margherita, el refugio más alto de Europa. Aquí la antorcha alcanzó el punto más alto de todo el recorrido preolímpico, transformando un día de frío y viento en un momento lleno de significado. No un simple pasaje escenográfico, sino un gesto que unía deporte, territorio y comunidad montañesa en una única y potente imagen.
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Guías alpinos como portadores de la antorcha
Los guías alpinos de Gressoney, Champoluc, Alagna, Macugnaga y Zermatt llevaron la llama a gran altura, apoyados posteriormente por instructores de esquí. Después de llegar a Capanna Margherita, el grupo afrontó el descenso por el glaciar Lys hasta Passo dei Salati, para luego regresar juntos hacia Gressoney-La-Trinité. Un auténtico relevo alpino, que demostró cómo las cumbres no son fronteras, sino espacios de encuentro entre valles y pueblos que comparten una misma montaña.
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Los valores del deporte entre las cimas
La presencia de la llama también encendió un mensaje más profundo. Las instituciones del Valle de Aosta han subrayado que el deporte es un vehículo de inclusión, respeto, juego limpio y sentido de comunidad. En una zona donde los deportes de invierno forman parte de la identidad colectiva, el paso de la antorcha representó un puente ideal entre las tradiciones alpinas y el futuro de los Juegos Olímpicos, dirigiéndose sobre todo a los jóvenes, invitados a ver el deporte como un camino de crecimiento y compromiso.
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Un Monte Rosa que cambia de cara por la crisis climática
Pero bajo la luz simbólica de la llama, Monte Rosa también cuenta otra historia. La crisis climática está transformando profundamente sus glaciares. El glaciar Indren, uno de los más estudiados, ha perdido unos 900 metros de frente en poco menos de un siglo y ha visto aumentar su altitud mínima en más de 250 metros.
A lo largo de la cadena alpina, los glaciares ya han perdido alrededor del 65% de su volumen en los últimos 150 años. El derretimiento acelera la inestabilidad de las laderas, la formación de lagos proglaciares y la degradación del permafrost, con consecuencias directas para la seguridad y las actividades turísticas.
Aquí funciona una red de investigación científica, liderada por la Universidad de Turín y otros organismos, que sigue la evolución del hielo y de los paisajes alpinos. Del Instituto Angelo Mosso al Geoparque Mundial de la UNESCO Sesia Val Grande, el Monte Rosa es hoy un laboratorio al aire libre donde se estudia el clima, la geología y la biodiversidad.
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