Lastimarse sucede. En el deporte, como en la vida. Pero para las mujeres, especialmente en el deporte competitivo, el momento en que se produce una lesión puede cambiarlo todo. Y en esto el ciclo menstrual tiene mucho más peso del que se pensaba hasta ahora.
Durante años se ha repetido que las deportistas eran más “frágiles”. Muchas veces sin datos, muchas veces con tonos paternalistas. Pero ahora están llegando cifras sólidas, recopiladas en el campo, que cuentan una historia diferente y mucho más interesante: .
No es cuestión de mala suerte, sino de cambiar la biología
En el fútbol femenino hay un hecho que siempre vuelve: rodillas que ceden, músculos que se desgarran, paradas largas. Las jugadoras se lastiman con más frecuencia que los hombres y, durante años, la gente ha buscado por todas partes la explicación. Calzado inadecuado, canchas sintéticas, cargas de trabajo, entrenamientos inadecuados. Todo plausible. Todo parcial.
En cierto momento, alguien decidió mirar el cuerpo femenino como lo que realmente es: un sistema que cambia a lo largo del mes. Hormonas que suben y bajan, energía que no siempre es la misma, tejidos que reaccionan de manera diferente al estrés. Un amplio estudio realizado por el departamento médico del FC Barcelona femenino, uno de los equipos más fuertes del mundo, ha recopilado cuatro años de datos reales, vividos y cotidianos. Sin laboratorio abstracto. Sólo entrenamientos, partidos, lesiones y recuperaciones.
De 2019 a 2023 se realizó un seguimiento de 33 deportistas profesionales, en un período en el que el equipo ganó dos Ligas de Campeones. En total, se analizaron más de 850 ciclos menstruales y 80 lesiones que obligaron a las jugadoras a parar. El ciclo se dividía de forma sencilla: días de menstruación y días sin sangrado. Nada sofisticado, sino concreto. Los resultados son sorprendentes.
Durante el ciclo menstrual, las jugadoras no se lesionan más. De hecho, los datos muestran una frecuencia ligeramente inferior a la del resto del mes, aunque la diferencia no es estadísticamente significativa. Hasta el momento nada alarmante. El problema surge más tarde. Cuando se produce una lesión durante el ciclo, los tiempos de recuperación se disparan. Los días perdidos se triplican. Lesiones más graves, paradas más largas, vueltas más complicadas. No pequeñas molestias, sino lesiones que pueden arruinar una temporada.
Hormonas bajas, protecciones rebajadas y un cuerpo que se repara peor
El punto clave es el estrógeno. Una hormona que a menudo se descarta como “sexual”, pero que en realidad protege los músculos, tendones y ligamentos. Ayuda a los tejidos a resistir el estrés y repararse después de un trauma.
Durante la fase menstrual, los niveles de estrógeno y progesterona están en su punto más bajo. Es como si el cuerpo estuviera temporalmente menos equipado para defenderse. Si en ese momento se produce una lesión, la curación es más lenta y complicada.
A esto se suman otros factores muy concretos: pérdida de hierro, aumento del cansancio, dolores, calambres. Incluso una mínima alteración en el control muscular, en el deporte de alto nivel, puede marcar la diferencia entre un apoyo seguro y un movimiento equivocado.
Lo que realmente cambia, dentro y fuera de la cancha
Este estudio no les dice a las atletas que dejen de hacerlo cuando tienen su período. Sería un mensaje equivocado, además de peligroso. Los jugadores pueden entrenar, jugar y ganar incluso durante sus períodos. Los datos lo confirman. Lo que cambia es cómo gestionar la carga y sobre todo las secuelas. Si se produce una lesión durante el ciclo, se necesita más atención, más recuperación, más cuidados. El sueño, la nutrición y los suplementos de hierro se vuelven fundamentales. No detalles.
Y luego hay un punto que preocupa a todos, incluso fuera del deporte profesional: el cuerpo femenino no es lineal. Cambiar. Ignorarlo no es fuerza, es miopía. Durante demasiado tiempo, la ciencia del deporte ha estudiado casi exclusivamente a los hombres. Este trabajo no lo soluciona todo, pero abre un camino. Y nos recuerda que escuchar al cuerpo, incluso cuando sangra, no es debilidad. Es conocimiento.