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Los científicos revelan cómo y por qué el ejercicio protege el cerebro del Alzheimer

Siempre nos dijeron que mudarse es bueno para ti. Al corazón, a la figura, al estado de ánimo. Pero hoy la ciencia añade una pieza que cambia la perspectiva: el ejercicio físico puede proteger el cerebro del Alzheimer interviniendo sobre un mecanismo biológico preciso.

No es un eslogan motivacional. Esto es lo que se desprende de una investigación de la Universidad de California – San Francisco, publicada en la revista científica Cell, que ha identificado un vínculo directo entre la actividad física, la salud del hígado y del cerebro. Y lo más interesante es esto: nuestro cuerpo ya tiene las herramientas para defender la mente. Sólo necesitamos activarlos.

Existe una estructura poco conocida pero fundamental en nuestro organismo: la barrera hematoencefálica. Se trata de una especie de filtro natural que separa la sangre del cerebro e impide que sustancias potencialmente nocivas lleguen a las neuronas.

Sin embargo, a medida que envejecemos, esta barrera puede volverse más frágil. Se “suelta”, deja pasar moléculas que no deberían entrar y esto favorece un estado de inflamación crónica en el cerebro. La inflamación, a su vez, está estrechamente relacionada con el deterioro cognitivo y el desarrollo de la enfermedad. Aquí es donde entra en juego el ejercicio.

Cómo el ejercicio fortalece la barrera que defiende el cerebro

Los investigadores han descubierto que cuando nos movemos, el hígado libera una enzima llamada GPLD1 en la sangre. Esta enzima no ingresa directamente al cerebro, sino que actúa sobre los vasos sanguíneos que lo rodean. En particular, interviene sobre una proteína, la TNAP, que tiende a acumularse con la edad en las células de la barrera hematoencefálica, haciéndola más permeable.

GPLD1 ayuda a eliminar este exceso de proteína, ayudando a “volver a sellar” la barrera. El resultado es una reducción de la inflamación y una mejor función cognitiva. No estamos hablando de teorías abstractas: se trata de un mecanismo biológico mensurable. El movimiento activa una comunicación concreta entre el hígado y el cerebro. Una verdadera alianza interna.

Durante años, la investigación sobre el Alzheimer se ha centrado casi exclusivamente en lo que sucede dentro del cerebro: placas, proteínas anormales, neuronas en deterioro. Este estudio amplía el alcance. Nos dice que el cerebro no es un órgano aislado. Es parte de un sistema. Y el cuerpo puede contribuir decisivamente a su protección.

El descubrimiento también abre nuevas posibilidades terapéuticas: en el futuro se podrían desarrollar fármacos capaces de modular proteínas como la TNAP para reforzar la barrera hematoencefálica incluso con el avance de la edad. Pero mientras tanto hay una estrategia accesible a todos: moverse con regularidad.

No es necesario convertirse en corredor de maratón. Camina todos los días, monta en bicicleta, nada, practica yoga o gimnasia suave. Lo importante es la coherencia. En un país como Italia, donde la esperanza de vida está entre las más altas de Europa y el envejecimiento de la población es una realidad concreta, hablar de prevención no es un detalle: es una responsabilidad colectiva.