Un nuevo estudio psicológico arroja una luz inesperada sobre la psicopatía: algunas personas muestran rasgos como falta de empatía e insensibilidad emocional, definidos por los expertos con el término mezquindad – parecen comprender mejor lo que los demás piensan o sienten, sin dejar de ser emocionalmente distantes.
La investigación, publicada en Revista de terapia conductual y psiquiatría experimentalparticiparon 92 adultos entre 18 y 37 años, sin diagnósticos de trastornos neurológicos o psiquiátricos. Los participantes completaron una prueba llamada Película para la evaluación de la cognición social, basada en la visualización de una película corta realista.
En el vídeo, cuatro amigos se reúnen para cenar y viven momentos de sarcasmo, tensión, coqueteo y malentendidos. Mientras miran, los espectadores responden preguntas sobre lo que piensan y sienten los personajes. Las respuestas se analizan para comprender si los errores cometidos derivan de una lectura superficial o de una sobreinterpretación de la situación.
Paralelamente a la prueba, los participantes también completaron un cuestionario sobre rasgos de personalidad psicopática, divididos en tres categorías:
Sólo aquellos que obtuvieron puntuaciones altas en mezquindad obtuvieron mejores resultados en la prueba social, demostrando una capacidad más precisa para comprender a los demás, cometiendo menos errores cognitivos y, en particular, menos sobreinterpretaciones.
Entienden mejor a los demás, pero sin conexión emocional.
Este resultado es sorprendente, porque la psicopatía suele asociarse con dificultades para reconocer las emociones y las intenciones de los demás. Pero aquí surge otra perspectiva: quienes están emocionalmente desapegados son capaces de leer la mente de otras personas con mayor frialdad y claridad, sin dejarse influenciar por los sentimientos.
Esta capacidad puede tener un lado oscuro: saber interpretar con precisión lo que otros piensan o sienten puede convertirse en una herramienta de manipulación si falta la empatía que normalmente guía el comportamiento prosocial.
Por tanto, no es una ventaja en un sentido positivo: estas personas no son más empáticas, sino simplemente más capaces de comprender a los demás desde un punto de vista cognitivo, como si estuvieran analizando una escena desde fuera, sin implicarse.
Los hombres son más imprecisos que las mujeres, pero la frialdad sigue siendo el factor clave
Los investigadores también tuvieron en cuenta la inteligencia, los rasgos autistas y el género. Resulta que los hombres cometen más errores cognitivos en promedio que las mujeres, pero esta diferencia es el vínculo entre mezquindad y rendimiento.
Los que son “más fríos”, por tanto, muestran una capacidad de lectura mental más clara, sin ser por ello más comprensivos ni solidarios. Ya no cometen errores de subestimación, sino que simplemente leen mejor entre líneas, sin dejarse abrumar por las emociones.
Nuevas preguntas sobre cómo medimos la capacidad de comprender a los demás
Otro punto interesante se refiere a la forma en que se mide la llamada teoría de la mente, es decir, la capacidad de comprender lo que piensan los demás. Muchos estudios se han basado en pruebas visuales (como la lectura de emociones en los ojos), pero esta prueba “cinemática” parece ofrecer una evaluación más cercana a la realidad cotidiana, con interacciones complejas y diálogos ambiguos.
El estudio, por innovador que sea, tiene limitaciones. La muestra estuvo compuesta principalmente por mujeres jóvenes y los datos se basan en autoinformes personales. Por ello, los investigadores sugieren ampliar la investigación a grupos más diversos, incluyendo personas mayores o personas con rasgos psicopáticos más marcados.
Comprender si esta fría capacidad de “leer la mente” se desarrolla con la edad o solo se manifiesta en determinadas condiciones es una de las cuestiones que futuros estudios intentarán aclarar.