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Por qué las personas más empáticas suelen acabar con parejas tóxicas (y no es su culpa)

Hay relaciones que terminan y te dejan con una pregunta incómoda, esa que sigues dando vueltas en tu cabeza incluso meses después: ¿cómo no lo vi? Sin embargo, lo viste. Viste las inconsistencias, sentiste esa cosa rara en tu estómago cuando decía una cosa y hacía otra, intuiste el momento exacto en que algo no cuadraba. Y continuaste de todos modos. No porque fuera ingenuo o ingenuo. No porque te faltara algo. Sino porque eres el tipo de persona que, cuando mira a los demás, siempre ve en ellos algo salvable.

La psicología tiene un nombre para esto, y un estudio publicado en Relaciones personalesrealizado por la Universidad de Innsbruck, intentó explicar con datos concretos lo que muchos de nosotros hemos experimentado de primera mano: las personas más empáticas terminan más frecuentemente involucradas con socios manipuladores. Y la razón es mucho menos banal –y mucho menos cruel con nosotros mismos– de lo que parece.

No es una cuestión de autoestima, sino de cómo miras el mundo.

Los investigadores construyeron el estudio en torno a dos perfiles psicológicos opuestos. Por un lado la tríada oscura, el narcisismo, el maquiavelismo, la psicopatía y el sadismo cotidiano, es decir, esa capacidad sutil y cotidiana de encontrar satisfacción en hacer daño a los demás. Por otro, la tríada ligera: confianza genuina en la humanidad, respeto por la dignidad de las personas, tendencia a tratar a quienes están cerca como un fin y no como un medio. Quien pertenece a este segundo grupo es, en términos simples, esa persona que realmente te escucha, que no juzga, que lo cree incluso cuando quizás no debería.

Para observar cómo interactúan estos perfiles en la vida real, los investigadores realizaron seis sesiones de citas rápidas en mayo de 2023: 128 participantes, casi mil quinientos encuentros de tres minutos, todos analizados. Antes de las citas, cuestionarios psicológicos. Después de cada encuentro, una simple pregunta: ¿te gustaría volver a ver a esta persona?

Lo que surgió dice algo preciso. Las personas con rasgos maquiavélicos o sádicos fueron rechazadas con mayor frecuencia: recibieron menos sí, ya sea para historias cortas o para algo más serio. Con una excepción: cuando se enfrentaban a alguien con puntuaciones altas en la tríada de luz. En ese caso, la probabilidad de ser rechazado se redujo significativamente.

Las personas empáticas no buscan manipuladores. Simplemente los dejaron pasar donde otros les cerrarían la puerta. Y es una gran diferencia, porque cambia por completo la forma de mirar atrás.

¿Qué sucede cuando bajas la guardia por confiar demasiado en los demás?

Quienes tienen una visión generosa de la humanidad leen los signos de otra manera. Donde otro ve una campana de alarma y se detiene, los que pertenecen al perfil brillante ven una vieja herida, un momento difícil, una fragilidad que pide comprensión. Es la misma mirada la que convierte a estas personas en extraordinarios amigos, compañeros y compañeros actuales, colegas con los que se puede contar. Y es la misma mirada que, ante alguien dispuesto a aprovecharse de uno, baja ese umbral de desconfianza que normalmente funciona como protección.

El estudio también encontró un detalle que vale la pena tener en cuenta. El narcisismo y la psicopatía no redujeron el éxito en las citas: estos rasgos no parecieron penalizar a quienes los poseían, independientemente de la empatía de la otra persona. El maquiavelismo y el sadismo, por el contrario, delataron algo ya en las primeras interacciones, algo que incluso las personas más generosas pudieron percibir. El narcisista en la fase de cortejo puede ser brillante, capaz de hacerte sentir en el centro del mundo el tiempo suficiente para construir un vínculo sólido antes de que empiecen a surgir las grietas. Esa es la parte más difícil de reconocer y también la que menos depende de tu criterio.

Queda abierta la pregunta que los propios autores de la investigación reconocen como la más importante: ¿las personas empáticas perciben las señales y eligen ignorarlas, o realmente las leen de otra manera? Para responder a esto, se necesitarían estudios más largos, que siguieran a las parejas a lo largo del tiempo en lugar de fotografiar sólo el primer encuentro. Los investigadores también sugieren replicar estos experimentos en aplicaciones de citas y relaciones queer, para comprender si la dinámica se mantiene más allá del contexto específico de las citas rápidas.

Lo que dice la investigación ya es suficiente: las personas que creen en los demás, las que escuchan con paciencia y miran con generosidad, no terminan en relaciones equivocadas porque se aman poco. Terminan allí porque esa misma abertura, sin fronteras, se convierte en el punto exacto por donde alguien puede entrar sin llamar.