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Si hoy no tienes ganas de ver a nadie, estadísticamente eres normal

Hay un día del año en el que el deseo más sincero no es un brindis, una mesa u otra ronda de saludos, sino el sofá, el silencio y quizá el pijama sin prejuicios. Es el 26 de diciembre, Boxing Day, el día en que muchos descubren que no tienen ganas de ver a nadie. La buena noticia es que

La Navidad es una maratón de emociones disfrazada de fiesta. Incluso cuando todo va bien, incluso cuando amamos a las personas que vemos, estar juntos cuesta energía. Conversaciones, sonrisas, recuerdos, roles familiares que se reactivan como viejas apps abiertas en segundo plano. El Boxing Day llega cuando baja la adrenalina. Y el cuerpo presenta la factura. Es entonces cuando muchas personas sienten la necesidad de retirarse, de estar solas, de bajarle el volumen al mundo. No por tristeza, sino por autorregulación.

Según una investigación del centro de estudios Value Penguin, el 61% de las personas en Estados Unidos espera sentir soledad o melancolía durante las vacaciones, y casi uno de cada cuatro dice que se saltaría por completo los eventos navideños si pudiera. No porque no ame a los demás, sino porque la presión social pesa mucho.

La soledad de las vacaciones no es nueva, pero hoy la sentimos más

Las canciones navideñas melancólicas no surgieron por casualidad. Durante décadas han estado contando un lado menos brillante de las fiestas: el de los que se quedan atrás, el de los que recuerdan, el de los que simplemente no pueden quedarse en el clima impuesto. La cuestión, explican varios expertos en salud mental, es que las expectativas culturales hacen más daño que la soledad misma. El mensaje implícito es claro: en Navidad hay que estar feliz, rodeado, agradecido. Si no es así, algo anda mal.

El profesor Bernard Richardson, psicólogo y terapeuta, lo dice sin rodeos: la soledad no es un fracaso personal. Es un sentimiento, no una condena. Puedes estar solo y sentirte bien. Y puedes estar entre todos y sentirte profundamente desconectado.

Redes sociales llenas, pilas vacías: la paradoja de los partidos hiperconectados

Luego hay otro elemento que pesa más de lo que admitimos: las redes sociales. Durante las vacaciones se convierten en un escaparate continuo de familias perfectas, mesas interminables, risas sincronizadas. Incluso aquellos que normalmente se las arreglan bien pueden sentir un sutil cansancio emocional a finales de diciembre.

La psiquiatra Danielle Hairston, que lleva años estudiando el tema de la soledad pospandemia, habla de un cambio profundo en la forma en que nos relacionamos: más contactos, pero menos conexiones auténticas. No es casualidad que uno de cada tres adultos diga sentirse solo al menos una vez a la semana, y los más afectados sean los adultos jóvenes de entre 18 y 34 años.

El Boxing Day, en este sentido, se convierte en un parteaguas: el momento en el que el ruido cesa y permanecemos en contacto con lo que realmente sentimos.

Querer estar solo no significa aislarse: la diferencia que muchas veces olvidamos

Hay una distinción importante, que rara vez hacemos: retirarse no siempre es aislar. Tomarse un día sin visitas, sin llamadas telefónicas, sin obligaciones, puede ser una forma de tratamiento. El problema surge cuando la retirada se convierte en una desaparición prolongada, no elegida sino sufrida.

Los expertos nos invitan a no culparnos por la necesidad del silencio, pero tampoco a transformarlo en una huida total. A veces no hace falta mucho: un mensaje a alguien de quien hace tiempo que no sabemos nada, una conversación sin actuación, una presencia ligera. No todas las familias funcionan de la misma manera. No todas las vacaciones tienen que vivirse “como siempre se han hecho”. Hay quienes han empezado a cambiar rituales, quienes han optado por no participar en todo, quienes han aprendido a decir que no sin interminables explicaciones.

Y no, no es egoísmo. Es autoconservación emocional. Como nos recuerda Hairston, incluso el descanso necesita espacio: un descanso no sirve si lo llenamos con otras tareas, otros viajes, otras tensiones disfrazadas de tradición.

Después de todo, si hoy no quieres ver a nadie, estás escuchando algo saludable.

La verdad es simple y quizás un poco incómoda: el Boxing Day no está hecho para brillar, sino para desacelerar. Hacer espacio, estar un poco más en silencio, incluso con nosotros mismos. Si hoy sientes la necesidad de no contestar, de no salir, de no dar explicaciones, . Estás haciendo lo que hace mucha gente, aunque no lo digan en sus historias de Instagram.

Y a veces, el gesto más equilibrado no es añadir una reunión más, sino quitar ruido.