Cada año, alrededor de 15 millones de personas en todo el mundo sufren un derrame cerebral. Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son claros: 5 millones no sobreviven y otros 5 millones quedan con daño neurológico permanente. Y si hasta ahora los factores de riesgo más conocidos eran la hipertensión, el tabaquismo, el sedentarismo o el colesterol alto, hoy una nueva investigación centra la atención en algo que no podemos cambiar: nuestro tipo de sangre.
Según un estudio publicado en la revista Neurologíael grupo A estaría asociado con un mayor riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular temprano, es decir, antes de los 60 años. Así lo descubrió un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, que analizó los datos genéticos de cientos de miles de personas.
Grupo A más en riesgo, grupo O más protegido
Los científicos realizaron un metanálisis de 48 estudios, examinando la composición genética de 17.000 pacientes con accidente cerebrovascular y más de 600.000 personas sanas. La atención se centró en el accidente cerebrovascular isquémico, la forma más común (responsable de alrededor del 87% de los casos), causado por una interrupción del flujo sanguíneo al cerebro.
Esto es lo que surgió:
Los autores del estudio creen que estos datos podrían estar relacionados con factores de coagulación sanguínea, como las plaquetas y las proteínas circulantes, que varían de persona a persona también según el tipo de sangre.
Sin alarma: el riesgo está ahí, pero es leve y saberlo ayuda a la prevención
A pesar de las cifras, los expertos nos instan a no crear alarmismo. El Dr. Braxton D. Mitchell, coautor del estudio, explicó que el mayor riesgo es modesto y que las personas del grupo A se basan en estos datos.
El mensaje es claro: conocer mejor nuestro cuerpo nos ayuda a protegernos, pero esto no significa vivir con miedo. También porque, como señaló el Dr. Steven J. Kittner, . Una hipótesis es que este tipo de sangre favorece la formación de coágulos, aumentando el riesgo de sufrir un ictus o trombosis.
Otros estudios ya habían relacionado al grupo A con una mayor probabilidad de desarrollar trombosis venosa profunda, es decir, la formación de coágulos en las venas de las piernas.
En los últimos años han aumentado los casos de ictus en jóvenes. Quienes se ven afectados antes de los 60 años suelen tener por delante un largo camino de recuperación, compuesto por terapias, dificultades motoras y, en algunos casos, discapacidades permanentes. Comprender qué factores genéticos nos hacen más vulnerables puede marcar la diferencia.
Kittner explicó que se necesita más investigación para comprender los mecanismos biológicos que vinculan el tipo de sangre con el riesgo de accidente cerebrovascular. Pero mientras tanto, este estudio nos ayuda a reflexionar sobre hasta qué punto la prevención debe partir del conocimiento de nuestro cuerpo, incluido nuestro tipo de sangre, que muchas veces se subestima.