En la cocina no se tira nada: lo que hoy es una “sobra triste” se convierte en una cena que cambiará tu velada mañana. La tortilla de patatas sin huevo es la prueba de que reciclar puede ser más divertido que el original. ¿Papas hervidas o asadas que quedan en el frigorífico? Perfecto. Las aplastas y las conviertes en una masa suave, sin sacar ni un solo huevo. Cero desperdicio, cero culpa y el gusto no pierde ni un ápice.
Ingredientes (para 2 personas)
Preparación
Tritura las patatas con un tenedor: cuanto más “desmenuzadas” queden, más se mantendrá unida la tortilla sin estropearse. Habitación si es necesario. En un bol aparte, mezcla la harina de garbanzos con el agua hasta tener una crema tersa, sin grumos. Añade cúrcuma si quieres darle ese tono dorado de una auténtica tortilla. Combinar la masa con las patatas, añadir una cucharada de aceite y mezclar vigorosamente: la mezcla debe quedar con cuerpo y homogénea, no líquida.
Calentar una sartén antiadherente, verter un chorrito de aceite y compactar la masa formando una tortilla. Cocine a fuego medio hasta que debajo se cree una agradable corteza crujiente que marca la diferencia. Dale la vuelta con un giro atrevido y deja que el otro lado se dore también. Retirar del fuego y, si te quieres, espolvorear queso pecorino.
Porque la harina de garbanzos hay que dejarla reposar
La harina de garbanzos no se echa a la sartén tal cual: se va hidratado y dejar reposar durante horas si se puede. Mezclandola con agua y dejándola reposar al menos 6-12 horas (mejor 12-48) en el frigorífico, suceden cosas más útiles: la harina absorbe mejor el agua, se consigue una consistencia más homogénea y con menos grumos; algunos componentes naturales (como los fitatos) se separan, haciendo la mezcla más digerible; y el resultado final aguanta mejor la cocción: se compacta, gira mejor, se rompe menos. En definitiva: si tenéis tiempo, “dejad reposar la harina”. Si no tenéis tiempo, podéis prepararlo de todas formas, pero os quedará menos digerible y menos esponjoso.