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Murió de rabia a los 11 años tras una mordedura de murciélago: el dramático caso que engañó a los médicos durante días

Un murciélago apoyado sobre la nariz y la boca, sin marcas de mordiscos ni heridas visibles. Esto fue suficiente, en una cabaña de Ontario en el verano de 2024, para condenar a muerte a un niño de 11 años. El caso, reconstruido en un informe publicado el 29 de junio en el Canadian Medical Association Journal (CMAJ), es la primera muerte por rabia registrada en Ontario desde 1967.

Contacto mínimo, sin campanas de alarma.

El niño se despierta con el animal en la cara y lo ahuyenta con la mano, luego su padre lo atrapa con una olla y lo suelta afuera. Sin heridas evidentes ni comportamiento anormal por parte del animal, los padres no consideraron necesario acudir a una sala de urgencias, exactamente el escenario que los autores del informe (un equipo de pediatras y especialistas en enfermedades infecciosas de la Universidad de Manitoba y el Hospital Infantil McMaster de Hamilton) señalan como el más insidioso: los murciélagos pueden transmitir el virus incluso sin dejar signos reconocibles, y por este motivo cualquier contacto directo debe considerarse de alto riesgo, independientemente de la aparición (y posible ausencia) del animal. herida.

Diecinueve días de síntomas confundidos con otra cosa

El cuadro clínico explota diecinueve días después de la exposición, comienzan a aparecer síntomas como hormigueo y entumecimiento en el lado derecho de la cara, hinchazón y pérdida de apetito. Los médicos, al no tener motivos para sospechar de rabia, tomaron otros caminos, formulando primero la hipótesis de una parálisis de Bell, con terapia antiviral para el herpes, luego, ante evidentes dificultades para tragar y vomitar, recomendaron la hospitalización que llevó al diagnóstico de gingivoestomatitis herpética, a pesar de que la familia informó del episodio del murciélago. Al día siguiente la situación empeora y aparecen debilidad facial, pérdida de sensibilidad, dificultad para hablar, fiebre, confusión y alucinaciones visuales.

La prisa por llegar a cuidados intensivos y la confirmación

El niño es intubado y trasladado a cuidados intensivos pediátricos, y sólo allí, según escriben los autores del informe, los médicos empiezan a sospechar que puede tratarse de rabia. Se realiza una prueba de PCR que confirma el diagnóstico al cuarto día de hospitalización, luego la Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos identifica la variante del virus asociada a los murciélagos. No hay cura una vez que aparecen los síntomas, por lo que el personal médico solo recibe terapia de apoyo y el niño muere al decimoséptimo día de hospitalización.

Porque la profilaxis sigue siendo la única arma

La rabia, una vez sintomática, casi siempre es letal. La contramedida existe y es eficaz, pero debe administrarse antes de que aparezcan los síntomas: la profilaxis post exposición, que combina vacuna e inmunoglobulinas específicas. Los autores del informe insisten en un punto que el caso concreta dramáticamente: cualquier contacto directo con un murciélago, incluso sin signos visibles de mordedura o arañazo, debe ser informado a las autoridades sanitarias, quienes decidirán si se inicia o no la profilaxis. No es casualidad que el retiro llegue cerca del verano, estación en la que los encuentros entre humanos y murciélagos alcanzan su punto máximo.
En Canadá, los casos de rabia humana son muy raros (28 en poco más de un siglo, según los datos citados en el informe) y es precisamente esta rareza lo que los hace peligrosos, ya que muy pocos médicos, en la práctica clínica diaria, los consideran entre las primeras hipótesis diagnósticas. Los padres del niño acordaron hacer público el caso para evitar que situaciones similares vuelvan a ocurrir.

Fuente: cmaj.ca