Somos animales sociales y necesitamos relaciones con los demás para vivir una vida plena y satisfactoria. Pero no es raro que surjan malentendidos entre las personas, surjan discusiones y discusiones, y no sea posible encontrar una solución a un problema que satisfaga a todos.
¿Qué haces en estos casos? De niños nos enseñaron que mostrar arrepentimiento o disculparse pueden ser los primeros pasos para resolver un conflicto. Pero las disculpas no siempre son verdaderamente sinceras, impulsadas por el deseo de admitir los errores y dar un paso atrás.
A veces se trata simplemente de frases circunstanciales, dichas sólo para sofocar el conflicto lo más rápido posible y no porque realmente lo digas en serio. Si la disculpa no es sincera, nuestro interlocutor lo notará y puede irritarse aún más por nuestro comportamiento poco auténtico.
En definitiva, las disculpas no bastan si no van seguidas de acciones concretas: debemos demostrar con nuestras acciones que hemos comprendido realmente nuestro error y que estamos dispuestos a cambiar nuestro comportamiento para complacer a nuestro interlocutor. Por eso a la disculpa también debemos seguir otros comportamientos y en particular:
Escuche realmente la respuesta de la otra persona.
Pedir disculpas no significa sólo decir las palabras adecuadas, sino también dejar espacio para que la otra persona exprese lo que sintió. A veces estamos tan concentrados en defendernos o demostrar nuestros puntos que realmente no escuchamos el malestar de la otra persona. Escuchar atentamente, sin interrumpir ni preparar inmediatamente un contraargumento, es una forma concreta de demostrar respeto y deseo de reconstruir la relación.
Después de una discusión, puede haber un fuerte deseo de demostrar que nuestras intenciones fueron buenas o que la otra persona también cometió errores. Pero resolver un conflicto no significa decidir quién ganó y quién perdió. A veces es más importante reconocer el dolor o la decepción que provocan nuestros actos, aunque no fuera nuestra intención herir al otro.
Dale tiempo a la otra persona para procesar lo sucedido.
Una disculpa sincera no borra automáticamente el dolor causado. Es posible que la otra persona necesite tiempo para volver a confiar o superar su enojo. Intentar obtener el perdón inmediatamente puede transformar nuestra disculpa en una petición más dirigida al otro. Más bien, dejemos que el cambio demostrado a lo largo del tiempo haga su parte.
Reconocer también las emociones, no sólo los hechos.
En los conflictos muchas veces nos centramos en lo que pasó (“No quise decir eso”, “esa no era mi intención”), olvidando que la otra persona está reaccionando sobre todo a cómo se sintió. Decir “Entiendo que te hayas sentido ignorado”, “Me doy cuenta de que esto te lastimó” ayuda a la otra persona a sentirse vista y comprendida.
Reconstruir la relación con pequeños gestos diarios
Después de una discusión, la vuelta a la normalidad también depende de detalles: un gesto de atención, un mensaje, una actitud más respetuosa o simplemente una mayor disponibilidad hacia el otro. La confianza no se recupera con una sola conversación, sino a través de muchos pequeños comportamientos coherentes que con el tiempo confirman la sinceridad de nuestras intenciones.
Verbaliza cuál fue tu error tratando de ponerte desde el punto de vista de la otra persona.
Sin duda, expresar nuestro disgusto por la desagradable situación que se ha producido es el primer paso para restablecer el equilibrio: nuestras palabras y nuestros gestos deben transmitir al otro nuestra aflicción por la tensión, y no debemos parecer hipócritas.
Indique lo que piensa hacer para remediar la situación y asegurarse de que no vuelva a suceder.
Demostramos que entendemos los motivos que llevaron al otro a enojarse y, en particular, nuestro error, y declaramos lo que estamos dispuestos a hacer concretamente para remediar la situación y garantizar que no vuelva a suceder. No uno genérico, lo cambiaré, sino un comportamiento concreto más específico que realmente te haga entender.
Haga un seguimiento y tome medidas para implementar los cambios que haya identificado
Comprometámonos con nosotros mismos, antes que con los demás, y cambiemos nuestra forma de actuar ante el reproche recibido. En los días posteriores a la discusión, dejamos que la otra persona vea el cambio en nuestro comportamiento, pero no nos estresamos demasiado por lo que estamos haciendo.
No te enfades con la otra persona porque está enfadada contigo
Si nuestro interlocutor sigue enojado con nosotros a pesar de nuestros esfuerzos por cambiar, tratemos de no ser víctimas de la ira “reflejada”: aceptemos que la ira del otro es la consecuencia de nuestra acción equivocada y centrémonos en cómo cambiar este estado de cosas.
NO digas “Lo siento, pero…”
Por último, no le retengamos por algo que ha hecho y que en nuestra opinión representa un error: si acompañamos nuestras disculpas con objeciones sobre el comportamiento de la otra persona, demostraremos que no nos arrepentimos sinceramente de lo que hicimos.