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Un punto de inflexión para los osteópatas, las inscripciones para las listas especiales comienzan a partir del 14 de septiembre: quién puede postularse

A partir del 14 de septiembre de 2026, los osteópatas ya formados podrán solicitar su ingreso en las listas especiales sujetas a agotamiento establecidas en las Órdenes TSRM y PSTRP. Es el paso operativo anunciado por la Federación Nacional de Órdenes de Profesiones Técnicas de la Salud, Rehabilitación y Prevención tras la resolución del Consejo Nacional del 28 de julio. Ocho años después de la ley que reconocía al osteópata como profesión sanitaria, también empezaba a aclararse la situación de quienes ya ejercían este trabajo.

Sin embargo, hay una aclaración bastante importante. La apertura de listas es presentada por la Federación como la culminación del reconocimiento de la osteopatía en el Servicio Nacional de Salud. Este . La transición afecta en primer lugar al estatuto profesional, a la inscripción en las Órdenes y a la regulación de quienes poseen las cualificaciones obtenidas antes del inicio del nuevo camino universitario.

¿Quién podrá solicitar la inscripción a partir del 14 de septiembre?

La fecha es la misma para todos, los requisitos no lo son tanto. El Decreto del Primer Ministro de 25 de marzo de 2026, publicado en el Diario Oficial el 22 de mayo, establece condiciones bastante detalladas para la inscripción en las listas especiales.

Pueden acceder al curso quienes se hayan matriculado antes del 31 de agosto de 2026 en un curso de osteopatía de al menos tres años de duración y lo hayan completado obteniendo la titulación correspondiente. Para quienes comienzan con un diploma de escuela secundaria, el camino debe incluir al menos 2.400 horas de formación teórica y 1.000 horas de formación práctica. Quienes ya tengan una titulación que les permita acceder a otra profesión sanitaria pueden volver a la segunda vía prevista por el decreto, con al menos 1.500 horas teóricas y 1.000 de formación osteopática.

El decreto también deja espacio para quienes no alcancen las mil horas de formación previstas. En estos casos se podrá valorar la experiencia profesional imputable a la actividad del osteópata, siempre que se haya realizado durante al menos 36 meses, aunque no de forma continuada, y pueda documentarse mediante NIF, contratos, documentación fiscal u otros documentos útiles.

Luego son necesarios los requisitos personales habituales: ciudadanía italiana o europea o posición equivalente prevista por la ley, pleno disfrute de los derechos civiles, ausencia de cargos pendientes exigidos por el decreto y residencia o domicilio profesional en la jurisdicción de la Orden a la que se presenta la solicitud. Los consejos rectores de los órdenes territoriales comprobarán la documentación.

Las modalidades prácticas de presentación de solicitudes deberán ser publicadas por la Federación y los 59 Órdenes territoriales. Así, el anuncio del 31 de julio fija el día de salida, mientras que las instrucciones y requisitos operativos se ponen a disposición en los canales institucionales.

La lista especial es un paso, no la meta

Entrar a la lista especial no cierra el caso con un sello y muchos saludos. Quienes sean admitidos deberán realizar posteriormente un examen de calificación en una de las universidades que imparten la carrera de Osteopatía. El texto final prevé seis años desde la fecha de inscripción en la lista para superarlo.

Una vez obtenido el reconocimiento del título o la equivalencia al título habilitante, el profesional podrá pasar de la lista especial al registro profesional de osteópatas en la Orden TSRM y PSTRP competente. Quien no realice el examen dentro del plazo será eliminado de la lista.

Es un detalle que cambia bastante el significado de la noticia. Una nueva profesión sanitaria no nace repentinamente el 14 de septiembre: así lo identificó la Ley 3 de 2018. El Decreto Presidencial 131 de 2021 definió luego su perfil y sus competencias, mientras que el Decreto interministerial 1563 de 2023 reguló la formación profesional. La medida de 2026 sirve sobre todo para tender el puente para quienes se formaron antes de que estuviera disponible esa vía universitaria.

Lo que puede hacer un osteópata reconocido

También en este caso la legislación establece algunos límites que deberían dejarse claramente visibles. El perfil profesional establecido en 2021 establece que el osteópata actúa en referencia al diagnóstico de competencia médica y a la indicación o contraindicación del tratamiento osteopático. La evaluación se refiere a las disfunciones somáticas del sistema musculoesquelético y el tratamiento debe utilizar técnicas manuales, externas y no invasivas. Si los síntomas persisten o empeoran, el médico debe redirigir al paciente al médico.

La ley también permite a los osteópatas trabajar, cuando sus competencias lo requieran, en centros sanitarios o sociosanitarios públicos y privados, por cuenta ajena o en régimen de autónomos. Éste es el significado concreto de la inclusión de la profesión en el sistema sanitario regulado. No equivale a la creación automática de plazas en los hospitales ni al ingreso de servicios en los niveles esenciales de atención.

Y el reconocimiento legal de la profesión, por sí solo, no transforma cada técnica o afirmación atribuida a la osteopatía en una práctica clínicamente probada. Las reglas profesionales, la formación y la eficacia de los tratamientos individuales siguen siendo planes diferentes. Sin embargo, la nueva estructura tiene un efecto muy concreto para quienes recurren a un osteópata: define formación, habilidades, responsabilidades y una trayectoria profesional verificable.

A partir del 14 de septiembre comienza esta parte menos espectacular y quizás más útil: comprobar las calificaciones y la formación de quienes ejercieron antes de la licenciatura italiana en Osteopatía. Después de ocho años de leyes, decretos y acuerdos, esta vez incluso hay una fecha en el calendario.