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Desarrollan el primer exoesqueleto del mundo para todo el brazo: devuelve la autonomía a quienes han sufrido un ictus

En Noruega se ha desarrollado el primer exoesqueleto del mundo para todo el brazo, diseñado para ayudar a las personas afectadas por un accidente cerebrovascular a recuperar la autonomía en los movimientos diarios. El dispositivo, montado a la altura del hombro, es capaz de detectar micromovimientos residuales y amplificarlos, permitiendo que el brazo se mueva de forma coordinada. El objetivo de los investigadores es lanzarlo al mercado como producto comercial para 2026, abriendo nuevas perspectivas para millones de pacientes.

En las últimas décadas, los avances médicos han aumentado significativamente el número de personas que sobreviven a un derrame cerebral, pero a menudo viven con discapacidades permanentes durante mucho tiempo. Entre ellas, la pérdida de función de un miembro superior es una de las más limitantes. De hecho, muchos programas de rehabilitación se centran en recuperar la marcha, dejando en un segundo plano el brazo afectado. Esto crea un vacío terapéutico que dificulta la realización de acciones sencillas como cortar alimentos, abrir una botella o agarrar objetos.

La tecnología detrás del exoesqueleto de Vilpower

El proyecto fue desarrollado por Vilje Bionics, quien creó un exoesqueleto capaz de soportar el hombro, el codo y la mano, característica que lo hace único. Muchos componentes se fabrican mediante impresión 3D, lo que hace que el dispositivo sea más ligero y adaptable. El sistema funciona interceptando los mínimos movimientos generados por el paciente: basta con “pensar” el gesto para que el cuerpo produzca una señal residual, que luego se potencia mecánicamente. De este modo, incluso un miembro parcialmente paralizado puede volver a moverse funcionalmente.

Hasta ahora, unas 40 personas han probado el dispositivo, demostrando que el exoesqueleto puede marcar una diferencia en la vida cotidiana, incluso más que en la rehabilitación clínica por sí sola. El objetivo principal de la empresa es apoyar a los pacientes con discapacidades duraderas, ayudándoles a recuperar su independencia y dignidad.

Además del aspecto funcional, el exoesqueleto también tiene un impacto psicológico. Devolver el control de un brazo significa recuperar una parte de la identidad personal, a menudo percibida como perdida tras el ictus. En este sentido, el proyecto noruego representa no sólo un avance tecnológico, sino también un paso importante hacia una rehabilitación más humana, centrada en la calidad de vida.