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La pirámide alimenticia puesta patas arriba por la administración Trump: más carne roja y leche entera (y sin límite de alcohol)

Come comida realEste es el lema con el que la administración estadounidense presentó las nuevas Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025-2030. Un mensaje que, por sí solo, parece sensato: menos alimentos ultraprocesados, menos azúcares añadidos, más alimentos sencillos.

Sin embargo, detrás de la retórica de volver a los orígenes, las nuevas directrices relanzan un modelo dietético que sigue centrándose decididamente en la carne, los lácteos enteros y las proteínas animales, descuidando una vez más el papel central de una dieta que tiene un buen porcentaje de alimentos de origen vegetal.

El problema subyacente, sin embargo, está ahí y es innegable. Estados Unidos se enfrenta a una emergencia sanitaria nacional: casi el 90% del gasto sanitario se destina al tratamiento de enfermedades crónicas, gran parte de las cuales están relacionadas con la dieta y el estilo de vida. Más del 70 por ciento de los adultos estadounidenses tienen sobrepeso o son obesos, y casi uno de cada tres adolescentes tiene prediabetes. Números que dan la medida de una crisis profunda, que requiere intervenciones urgentes y valientes.

“Estas Directrices nos llevan a lo básico”, dijo el Secretario Kennedy al presentar el documento. “Las familias estadounidenses deben priorizar los alimentos integrales y ricos en nutrientes (proteínas, lácteos, verduras, frutas, grasas saludables y cereales integrales) y reducir drásticamente los alimentos altamente procesados. Así es como hacemos que Estados Unidos vuelva a ser saludable.

Pero, ¿apunta en la dirección correcta el regreso “a lo básico” promovido por la administración Trump? La respuesta no es obvia. Porque si es cierto que reducir los alimentos ultraprocesados ​​es un paso necesario, sustituirlos por un exceso de proteínas animales corre el riesgo de ser una solución parcial, que no aborda plenamente ni la crisis sanitaria ni la medioambiental.

La nueva pirámide alimenticia de EE.UU.: lo que cambia

El cambio más evidente es gráfico y simbólico: la nueva pirámide alimenticia se ha puesto patas arriba. En la base ya no hay cereales ni carbohidratos, sino proteínas, consideradas el pilar de toda comida. La carne, las aves, los huevos, los productos lácteos y, sólo de forma secundaria, las fuentes vegetales se presentan como el núcleo de la dieta diaria. Los carbohidratos se deslizan hacia la base de la pirámide y se convierten en alimentos que hay que limitar (especialmente los refinados).

Según el gobierno estadounidense, esta marcha atrás debería corregir los errores del pasado. Pero ¿qué significa esto en términos prácticos? Las nuevas directrices americanas recomiendan una ingesta de proteínas decididamente alta: aproximadamente 1,2-1,6 gramos por kilogramo de peso corporal al día. Para dar una idea concreta, una persona de 70 kg debería consumir entre 84 y 112 gramos de proteínas al día, una cantidad que supera con creces las recomendaciones tradicionales y que corre el riesgo de derivar en un consumo excesivo de alimentos de origen animal.

Además de las proteínas, se sugieren tres porciones de verduras al día y dos de frutas, preferiblemente enteras y mínimamente procesadas. En cuanto a los cereales, se recomiendan de dos a cuatro raciones diarias, pero sólo si son integrales, mientras que los carbohidratos refinados y los alimentos ultraprocesados ​​están muy limitados. No faltan grasas “buenas” (aguacates, nueces, semillas y aceite de oliva), aunque las pautas recomiendan mantener bajo control las grasas saturadas en general.

¿Y el alcohol? En las nuevas directrices el tema recibe una atención muy marginal. El documento ya no fija límites numéricos claros, sino que se limita a recomendar genéricamente “consumir menos alcohol para una mejor salud”, lo que indica únicamente que algunos grupos, como mujeres embarazadas, personas en recuperación de adicciones o con ciertas condiciones médicas, deberían evitarlo por completo.

En resumen, a diferencia de la carne y las proteínas, que se tratan de manera detallada y precisa, las indicaciones sobre el alcohol siguen siendo tímidas y poco incisivas, a pesar de las pruebas científicas cada vez más numerosas de que incluso pequeñas cantidades de alcohol aumentan el riesgo de tumores, enfermedades cardiovasculares y daños hepáticos.

@comidareal.gov

Menos alimentos industriales, pero el modelo sigue desequilibrado

Las nuevas directrices finalmente se posicionan contra los azúcares añadidos y los alimentos ultraprocesados, indicando claramente que no deben formar parte de una dieta saludable. Sin embargo, el riesgo es el de sustituir un problema por otro. Eliminar los snacks industriales y las bebidas azucaradas para dejar espacio a más carne y productos lácteos no equivale a mejorar realmente la calidad de la nutrición. La ciencia nutricional lleva tiempo indicando que una dieta rica en legumbres, cereales integrales, frutas y verduras ofrece beneficios mucho mayores, tanto para la salud humana como para la del planeta.

El comunicado de prensa oficial subraya cómo este nuevo enfoque representa un retorno al “sentido común” en las políticas alimentarias. Pero hay un tema que permanece prácticamente ausente en el documento: el impacto medioambiental de la agricultura y la producción de carne intensivas. En un momento histórico en el que la crisis climática requiere opciones alimentarias más sostenibles, esta omisión parece, cuanto menos, cuestionable.

Fuentes: hhs.gov / Coma comida real