El nombre es de esos que corren rápido, porque enseguida se recuerda “bacteria zombie”. Esta vez, sin embargo, detrás del efecto titular se esconde un resultado científico que merece atención. Un grupo de investigadores ha demostrado que una célula bacteriana que ha quedado inactiva puede volver a activarse después de recibir el ADN completo de otra especie. El estudio se publicó en marzo de 2026 en bioRxiv, por lo tanto como una preimpresión, y describe una célula bacteriana sintética viva obtenida mediante un trasplante genómico completo.
La investigación se mueve dentro de un campo que desde hace años intenta dar un paso más allá de la simple modificación genética. La biología sintética no se limita a añadir o eliminar un gen: pretende reescribir el funcionamiento de un microorganismo de manera mucho más profunda, para transformarlo en una plataforma biológica capaz de producir sustancias útiles, desde medicamentos hasta biocombustibles. Ésta es precisamente la trayectoria descrita desde hace algún tiempo por el Instituto J. Craig Venter, que vincula estos estudios a posibles aplicaciones en medicina, energía, química industrial y remediación ambiental.
En el nuevo experimento, la célula huésped permanece allí, pero el comando cambia por completo
Las bacterias implicadas son Mycoplasma capricolum y Mycoplasma mycoides, dos especies que suelen volver a esta línea de investigación. Los investigadores utilizaron la primera como célula receptora y le transfirieron el genoma completo de la segunda. A partir de ese momento la célula empezó a funcionar nuevamente siguiendo las instrucciones del nuevo ADN. Este es el pasaje que ha llamado la atención: el cambio no afecta a una pequeña corrección, sino a todo el sistema genético que gobierna la actividad celular.
De aquí viene la imagen de la “bacteria zombie”. La célula es tratada como inactiva y luego vuelve a replicarse bajo el control de un genoma diferente al suyo. Vista desde fuera, la escena parece casi paradójica. En el laboratorio, sin embargo, el significado es muy concreto: el material biológico de partida puede seguir funcionando incluso después de una sustitución radical de las instrucciones genéticas, siempre que se mantenga la compatibilidad celular.
También conviene tener en cuenta un detalle importante. Los investigadores. Trabajaron sobre células existentes, interviniendo en su herencia genética hasta que reiniciaron con otro programa. Es una distinción que el JCVI viene dejando clara desde hace años al explicar estos experimentos: el objetivo es sustituir o diseñar genomas capaces de dirigir la célula hacia nuevas funciones.
Esta historia empieza desde lejos y pasa por Craig Venter
El nombre de Craig Venter ha estado en esta industria durante mucho tiempo. En 2007, su grupo ya había demostrado que trasplantar el genoma de una bacteria a otra podía provocar un cambio real de especie en la célula receptora. En su momento el JCVI presentó el resultado como el primer trasplante de genoma bacteriano capaz de transformar un tipo de bacteria en otro impulsado por el cromosoma trasplantado, mientras Nature hablaba de un “cambio de especie”.
Tres años después llegó otro paso clave: la publicación en Ciencia de la primera célula bacteriana controlada por un genoma sintético construido químicamente en el laboratorio. Incluso en ese caso, el núcleo del experimento residía en la transferencia de un nuevo programa genético a una célula receptora, que a partir de entonces cambió su comportamiento y su identidad biológica.
El nuevo estudio se enmarca en este camino, pero hace aún más evidente una posibilidad que se ha perseguido durante décadas: tratar al microorganismo como una fábrica viva que debe diseñarse según un propósito. Medicamentos, vacunas, combustibles alternativos, moléculas industriales, sistemas para limpiar el agua o para la degradación de determinados contaminantes se encuentran entre las aplicaciones más citadas por las instituciones que trabajan en este campo.
Por ahora hay que tener precaución, porque el trabajo aún es una preimpresión y tendrá que pasar por verificación y revisión por parte de la comunidad científica. La señal, sin embargo, es clara. Cuando una célula bacteriana vuelve a activarse con el ADN de otra especie, la biología sintética deja de parecer una promesa lejana y toma la forma de algo muy pequeño, muy concreto, ya dentro de una cápsula de laboratorio.