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Alergia 2026: por qué este año es peor de lo habitual y algunos remedios

Nueve millones de italianos son alérgicos al polen, una temporada que este año comenzó incluso antes de lo esperado y síntomas que duran semanas en lugar de días. Aquellos que conocen el guión cada primavera (ojos rojos, secreción nasal, estornudos rápidos) ya saben que 2026 no será una excepción.

No se trata de una percepción subjetiva, ya que los datos y los especialistas coinciden en un punto: la temporada de alergias se está transformando de forma estructural y el año 2026 representa un paso más hacia condiciones que hasta hace veinte años habrían parecido exageradas.

Porque este año es peor.

La respuesta está en el termómetro, incluso antes que el calendario polínico. El calentamiento global y el aumento de CO2 en la atmósfera actúan como catalizadores: las plantas florecen antes, producen más polen y lo liberan durante periodos más largos. Lo que durante décadas fue una ventana crítica concentrada en la primavera se ha ampliado hasta convertirse, para muchos pacientes, en una condición de inflamación casi permanente.

La Sociedad Italiana de Alergología e Inmunología Clínica (SIAAIC) estima que la temporada de polen ya se ha prolongado más de 45 días respecto al pasado, comenzando hasta 25 días antes en primavera y prolongándose unos 20 días en otoño. Y no es sólo una cuestión de duración, porque los niveles más altos de CO2 empujan a las plantas a producir polen con mayor poder alergénico, mientras que el ozono urbano -particularmente concentrado en las ciudades mediterráneas en los días soleados- amplifica aún más la agresividad de los alérgenos.

Además, hay un factor que a menudo se subestima: las tormentas primaverales. Cuando la lluvia golpea los granos de polen que ya están presentes en el aire, los rompe por choque osmótico, liberando partículas aún más pequeñas que penetran más profundamente en el tracto respiratorio. Los especialistas del SIAAIC lo definen como “asma por tormentas”, un fenómeno que también se registra cada vez más en Italia.

El panorama no mejora si miramos la tendencia a largo plazo: en Italia la prevalencia de la rinitis alérgica pasó del 16,8% en 1991 al 25,8% en 2010, con una trayectoria que no muestra signos de detenerse. Los niños, adolescentes y personas mayores con enfermedades respiratorias son los grupos más expuestos.

Por si esto no fuera suficiente, el inmunólogo clínico Mauro Minelli de la Universidad LUM nos recuerda que la distinción estacional (primavera para el polen, invierno para los ácaros) ahora está “técnica y clínicamente obsoleta”. El otoño y el invierno son las épocas en las que la alergia a los ácaros alcanza su punto máximo, favorecida por la permanencia en ambientes cerrados y calentados. El resultado es un paciente que, en la práctica, ya no tiene un verdadero respiro.

Tres remedios útiles

La alergología no se quedó quieta. En los últimos años han entrado en la práctica clínica -o están a punto de hacerlo- tres enfoques que suponen un salto respecto a los antihistamínicos habituales.

Inmunoterapia sublingual en comprimidos.

La “vacuna contra la alergia” no es nueva, pero su forma de tableta sublingual ha cambiado las reglas del juego en términos de cumplimiento del tratamiento. A diferencia de las inyecciones tradicionales, que requieren visitas periódicas al especialista, los comprimidos se toman en casa, uno al día, durante al menos tres años. El mecanismo es el mismo que el de la desensibilización clásica: dosis crecientes de alérgeno reeducan al sistema inmunológico para que no reaccione exageradamente.

La eficacia, en caso de alergias al polen de gramíneas, oscila entre el 80 y el 90%. A diferencia de los medicamentos sintomáticos, que deben tomarse de por vida, la inmunoterapia actúa sobre la causa: los beneficios duran en promedio al menos seis años desde la suspensión del tratamiento. El punto crítico es el tiempo: el tratamiento debe iniciarse meses antes de la temporada crítica, idealmente en enero, y las mejoras perceptibles llegan ya en el primer año.

Medicamentos biológicos: anticuerpos monoclonales.

Para los casos más graves y refractarios a las terapias tradicionales, la frontera son los productos biológicos. Omalizumab es el único anticuerpo monoclonal aprobado que se dirige directamente a la IgE circulante, el mecanismo subyacente a la respuesta alérgica en el asma moderada a grave y la urticaria crónica. Bloquea la señal antes de que desencadene la inflamación, en lugar de limitarse a contener los síntomas posteriores.

Dupilumab actúa sobre un objetivo diferente (los receptores de interleucina IL-4 e IL-13, ambos fundamentales para la inflamación alérgica) y también se muestra prometedor en la prevención de la llamada “marcha atópica”, la progresión del eczema infantil a la rinitis y el asma. Se trata de terapias costosas, reservadas para casos seleccionados por el alergólogo, pero que han cambiado la calidad de vida de forma mensurable en pacientes que antes no tenían opciones.

Monitorización digital y planes personalizados en función de tu perfil de IgE

El tercer remedio no es un fármaco, sino un cambio de enfoque. El manejo “calendario” (tomo el antihistamínico cuando comienza la primavera) está dando paso a protocolos personalizados basados ​​en el perfil de IgE específico del paciente. Saber exactamente a qué alérgenos está sensibilizado, en qué concentración y en qué época del año le permite anticipar los tratamientos en lugar de perseguir los síntomas.

Remedios naturales

Además de las terapias médicas, algunas medidas prácticas y remedios naturales pueden ayudar a reducir la intensidad de los síntomas durante la temporada de polen. No reemplazan los medicamentos recetados por el especialista, pero pueden ayudar a que la convivencia con la alergia sea más llevadera.

Lavados nasales con solución salina.

Los lavados nasales con solución salina o agua de mar esterilizada son uno de los métodos más sencillos y eficaces para reducir la cantidad de polen en las vías respiratorias. Realizados una o dos veces al día, ayudan a limpiar las mucosas y a reducir la inflamación local, especialmente después de estar al aire libre.

Ducha y cambio de ropa al regreso.

El polen se deposita fácilmente en el cabello, la piel y la ropa. Ducharse y cambiarse de ropa nada más llegar a casa reduce la cantidad de alérgenos que se acumulan en los ambientes domésticos, especialmente en los dormitorios.

Infusiones y plantas con efecto antiinflamatorio.

Algunas plantas utilizadas tradicionalmente en fitoterapia tienen propiedades calmantes para las mucosas respiratorias. Entre las más citadas se encuentran la perilla, rica en compuestos con actividad antialérgica, la ortiga, utilizada por su acción antiinflamatoria natural, y la manzanilla, útil para calmar la irritación y la congestión. Se pueden tomar en forma de infusión o extracto de hierbas, siempre consultando a su médico o farmacéutico.

Miel local

Algunos estudios (estudio 1 y estudio 2) han explorado la hipótesis de que la miel local, que contiene trazas de polen de la zona, puede contribuir a una forma de desensibilización natural, con resultados contradictorios y sin un consenso científico definitivo.

Reducir la exposición en momentos críticos

Los niveles de polen son generalmente más altos en las primeras horas de la mañana y en días secos y ventosos. Limitar las actividades al aire libre durante estos momentos, ventilar su casa después de la lluvia y usar filtros de polen en los sistemas de ventilación o en los automóviles puede reducir significativamente la exposición.

Mantente actualizado

Los boletines regionales de polen, como los de la Red Pollnet del Sistema Nacional de Protección Ambiental, brindan datos semanales con tendencias para la semana siguiente. Asociados a un diagnóstico preciso de la alergia (la prueba de punción es la prueba más rápida e indolora), permiten calibrar la terapia farmacológica en el momento adecuado, reduciendo tanto los síntomas como el consumo general de fármacos.

Le recordamos que en caso de alergias debe comunicarse con su médico y seguir las terapias prescritas por él.