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¿Sabes qué es esa película blanca que recubre los arándanos y las uvas? No cometas este error común al comprarlos

¿Alguna vez has cogido un racimo de uvas o un puñado de arándanos y has notado esa fina película blanca opaca que los cubre? Muchos lo limpian instintivamente, convencidos de que se trata de polvo, residuos de pesticidas o quién sabe qué más.

En cambio, se llama pruina y es una de las estrategias más sofisticadas que la naturaleza haya desarrollado jamás para proteger sus frutos. Y no, no conviene eliminarlo: al contrario, su presencia suele ser una excelente señal.

que es pruina

La floración es una capa cerosa natural que algunos frutos producen de forma independiente para protegerse de agentes externos. Compuesta principalmente por ceras naturales, alcoholes grasos y otros compuestos lipídicos, esta sustancia de aspecto blanquecino y opaco no tiene nada que ver con tratamientos químicos ni contaminaciones externas. Es el propio fruto quien lo sintetiza, gracias a un mecanismo que ha evolucionado a lo largo de millones de años.

El nombre deriva del latín y significa literalmente “escarcha”, precisamente por su parecido con la pátina helada que se forma en las superficies en las mañanas más frías. Una imagen que transmite la idea a la perfección.

¿Qué frutos desarrollan la floración?

©Alexshyripa/123rf

El arco es una auténtica armadura biológica multifuncional. En primer lugar, actúa como barrera contra la pérdida de humedad, evitando que la fruta se deshidrate prematuramente y manteniéndola fresca y firme por más tiempo. También actúa como escudo contra los rayos ultravioleta, que podrían dañar los tejidos delicados durante la maduración. Pero la cosa no acaba ahí: esta capa cerosa crea un ambiente hostil para bacterias, hongos y otros microorganismos patógenos, reduciendo el riesgo de infección y pudrición. E incluso disuade a algunos insectos, haciendo que la superficie de la fruta sea menos propensa a las picaduras de plagas. Todo ello sin ninguna intervención externa: pura química vegetal.

No todas las frutas lo desarrollan, pero las que lo producen pertenecen principalmente a la familia de las frutas de hueso y algunas variedades de berries. Las uvas son el ejemplo más icónico: esa pátina que se ve en cada uva de un racimo fresco es exactamente la floración en acción. Luego están las ciruelas, especialmente las variedades de piel oscura, y los arándanos, especialmente los silvestres o ligeramente manipulados.

Algunas variedades de ciruelas, ciertos higos e incluso algunos cítricos también pueden presentarlo, aunque de forma menos evidente. La cantidad y visibilidad de la floración varían según la variedad, las condiciones climáticas durante el crecimiento y el grado de maduración. Vale la pena saberlo: los frutos cultivados con métodos orgánicos o biodinámicos tienden a conservarlo mejor, precisamente porque sufren menos tratamientos y manipulaciones poscosecha.

Qué no hacer al comer uvas o arándanos

La próxima vez que compres frutas como uvas, ciruelas o arándanos, evita lavarlas inmediatamente. Tal y como aconsejan diversos nutricionistas, lo ideal sería conservar las frutas en la nevera (o fuera si lo prefieres) y enjuagarlas bien con agua justo antes de comerlas. De esta manera, esa pátina transparente seguirá actuando como escudo contra hongos y bacterias.

La imperfección no es un defecto que deba corregirse o temerse. Es señal de que la fruta está fresca, poco manipulada y aún intacta en su forma más auténtica.