Intentar hacer compras ecológicas en un supermercado hoy en día parece un acto de equilibrio. Entre lemas genéricos como “amigo de la naturaleza” o vagas referencias a la compensación de CO2 impresas por empresas individuales, el consumidor se encuentra ante un laberinto de marcas privadas sin una norma única y transparente. En la mayoría de los casos, la sostenibilidad alimentaria se reduce únicamente a la huella de carbono. Una simplificación arriesgada: un alimento también puede presumir de bajas emisiones de gases de efecto invernadero, pero esconde un impacto devastador en el territorio en términos de pesticidas, consumo de recursos y degradación de los ecosistemas.
Para superar esta falta total de parámetros uniformes, la red europea coordinada por WWF Italia ha lanzado la Etiqueta Ambiental de los Alimentos 2.0 (EFL 2.0). La elección del anuncio se produjo en vísperas del 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, creado precisamente para llamar la atención mundial sobre las presiones insostenibles que los sistemas de producción ejercen sobre la naturaleza.
¿Qué hay realmente detrás del estante?
Los parámetros utilizados hasta ahora se basan en el Life Cycle Assessment (LCA), un sistema que calcula el impacto de un producto “desde la cuna hasta la tumba”. Un modelo útil, sin duda, pero al que le cuesta fotografiar el daño biológico real. No dice si ese campo se está convirtiendo en un desierto o cuánta biodiversidad se ha eliminado para dejar espacio al monocultivo. EFL 2.0 llena este vacío al introducir importantes indicadores complementarios: salud del suelo, protección de los ecosistemas, circularidad y el riesgo relacionado con los microplásticos en las cadenas de suministro. Sólo así el consumidor podrá entender el verdadero precio ecológico de lo que pone en su carrito.
La salud es una sola (y parte de la tierra)
Comer bien no es sólo una cuestión de calorías o nutrientes aislados. El centro de gravedad científico del proyecto adopta la filosofía One Health: la salud humana, la de los animales y los ecosistemas están estrechamente vinculadas. El suelo maltratado y agotado produce cultivos menos nutritivos, lo que compromete nuestro bienestar. Al combinar la dimensión medioambiental con la nutricional, esta nueva etiqueta, afirma el WWF, nos guiará hacia dietas buenas tanto para el cuerpo como para el Planeta, sin obligarnos a elegir entre nuestra salud y la de la Tierra.
Alianza científica contra los sinvergüenzas del greenwashing
El proyecto, cofinanciado por EIT Food y activo hasta septiembre de 2027, crea una red multidisciplinar que une al WWF con gigantes de la investigación como CREA-AN, las universidades “Luigi Vanvitelli” de Campania, Siena, Tuscia y Aarhus, junto con FederBio, ECOS y la empresa tecnológica posti. Este equipo está desarrollando una arquitectura para rastrear y verificar datos de forma blindada. Los consumidores claman por claridad y los datos del Observatorio del Consumidor de Alimentos del EIT lo dicen claramente: la transparencia guía las decisiones en Europa. La prueba de fuego llegará en 2027, cuando el sistema salga de los laboratorios para realizar una prueba en las tiendas de los supermercados. Será allí, frente a los mostradores refrigerados, donde entenderemos si estamos preparados para cambiar realmente la forma en que alimentamos el futuro.