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El agrónomo desvela el truco infalible para elegir un melón maduro en el supermercado (y no volver a equivocarse)

Elegir un melón perfectamente maduro es uno de esos retos del verano que pone en crisis incluso a los más experimentados en el mercado o en los puestos de supermercado. Sin embargo, existe un método muy simple que lo cambia todo y, una vez que lo sabes, nunca volverás atrás.

¿Cuántas veces te has traído a casa un melón con grandes expectativas, lo cortaste y te encontraste con una pulpa dura, insípida o, por el contrario, ya demasiado blanda? La frustración es real y afecta a todos. El problema es que los métodos más comunes (oler la fruta, presionar la cáscara, golpearla) requieren cierta experiencia para ser interpretados correctamente y a menudo conducen a resultados inciertos.

La buena noticia es que el agrónomo Daniele Paci ha compartido en su perfil un truco visual, inmediato y accesible a todos, que se basa en una señal biológica precisa: la zona del pecíolo.

Aquí están sus palabras:

Cuando el melón está maduro, el tallo debe caerse, por lo que se forma una cicatriz alrededor del tallo. Cuando no queda cicatriz pero está todo bien fusionado, el melón aún no está listo para ser comido.

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En la práctica: si el tallo se ha desprendido de forma natural, dejando un surco circular bien definido alrededor de la base, el melón ha alcanzado su madurez óptima. Si por el contrario el tallo sigue bien adherido, sin ningún rastro de desprendimiento, es mejor volver a colocar el fruto en su lugar y buscar otro.

Esta señal no es aleatoria: refleja un proceso fisiológico real. Durante el crecimiento, el melón recibe agua y azúcares a través del tallo. Cuando se completa la maduración, la planta interrumpe este flujo y el fruto comienza naturalmente a separarse del pecíolo, mecanismo que en botánica se llama abscisión. Este es exactamente el momento en el que el melón ha alcanzado su punto máximo de dulzura y jugosidad.

Estudios recientes sobre la fisiología poscosecha de los melones confirman que los frutos cosechados en esta etapa muestran concentraciones de azúcares (en particular sacarosa) significativamente mayores que los cosechados antes del desprendimiento natural. No es sólo folklore: es ciencia aplicada a las compras cotidianas.

Evidentemente, este truco funciona mejor con las variedades red y melón, las más habituales en nuestras mesas de verano, que tienden a desprenderse espontáneamente de la planta cuando están maduras. En el caso de los melones de invierno de piel lisa, como los melones amarillos o la casaba, el desprendimiento es menos evidente y puede resultar útil complementar el método con una ligera presión en las puntas de la fruta, que deben ceder justo debajo de los dedos.

Un último consejo práctico: si vas a comprar un melón para comértelo el mismo día, busca la cicatriz bien definida. Sin embargo, si te la llevas a casa para consumirla en los días siguientes, puedes elegir una fruta con el tallo todavía ligeramente adherido: madurará a temperatura ambiente en uno o dos días.