La ensalada de arroz es un gran clásico del verano italiano: práctica, colorida, fácil de preparar con antelación y para llevar a la playa o a la oficina. Pero seamos realistas, después del tercer contenedor, empieza a resultar agotador. Siempre los mismos condimentos, siempre el mismo sabor, a pesar de las posibles variaciones (desde el uso o no de mayonesa hasta la adición de maíz, salchichas, etc.), así que ¿por qué no cambiar?
Existen muchas alternativas frescas, sabrosas e igualmente prácticas, platos fríos que se pueden preparar con antelación, conservar en el frigorífico y llevar a cualquier parte. Y, sobre todo, que no os hagan falta la habitual ensalada de arroz.
Aquí hay 10 propuestas simples, pero nada banales.
Espelta con verduras asadas y queso feta
La espelta es un cereal milenario, ligero pero saciante, perfecto para las comidas de verano. En lugar de arroz, le da una textura más rústica y un sabor ligeramente a nuez. Simplemente cocínelo en agua con sal, escúrralo y déjelo enfriar.
Mientras tanto, asamos los calabacines, las berenjenas y los pimientos, lo sazonamos todo con un chorrito de buen aceite, una pizca de sal y unas hojas de menta fresca. Para completar, puedes agregar un poco de queso feta desmenuzado, para darle un toque sabroso que equilibre el dulzor de las verduras.
Se conserva bien hasta dos días y el sabor mejora con el paso de las horas.
Pasta fría con pesto de rúcula, tomates cherry y almendras

La pasta fría es un competidor directo de la ensalada de arroz, aunque puede resultar mucho más interesante si nos alejamos de las combinaciones habituales.
Para esta versión necesitas un pesto casero, utilizando rúcula, almendras tostadas, parmesano, ajo y aceite de oliva virgen extra: obtendrás una salsa picante y vivaz, que le da carácter al plato.
Se combina con la pasta corta (fusilli, penne, conchiglie están bien), se añaden los tomates cherry cortados por la mitad, unas hojuelas de parmesano y un poco de ralladura de limón. El resultado es un plato fresco y aromático que no tiene nada que envidiar a la más probada ensalada de arroz.
Cous cous con garbanzos, pepinos y limón

El cuscús tiene una ventaja: se cocina en cinco minutos. Simplemente vierta agua hirviendo ligeramente salada, tape y espere. Luego lo esponjas con un tenedor, le añades un chorrito de aceite y listo.
La belleza del cuscús es que se puede enriquecer de mil maneras. Aquí te proponemos una versión inspirada en la cocina de Oriente Medio: garbanzos hervidos, pepinos cortados en cubitos, perejil fresco, zumo de limón, ralladura, aceite, sal y pimienta.
¡Sencillo, saludable y saciante! Para servir frío, quizás con una cucharada de yogur griego encima, para quienes busquen un toque más delicioso.
Ensalada de patatas nuevas con judías verdes y huevos duros

Las patatas suelen pasarse por alto en los platos fríos, pero tienen mucho que ofrecer. Los nuevos, en particular, tienen una piel fina y una consistencia cremosa que los hace perfectos para ensaladas.
Después de hervirlos, puedes combinarlos con judías verdes al vapor y huevos duros cortados en gajos. Añade la cebolla morada cruda, cortada en rodajas finas y déjala en remojo en agua y vinagre durante unos minutos, para atenuar su fuerza.
Un sencillo aderezo a base de aceite de oliva, vinagre de manzana, sal y mostaza hace que este plato sea completo y equilibrado, rico en sabores y proteínas vegetales.
Cebada con aguacate, tomates secos y lima

Si buscas una alternativa más original, prueba con la cebada perlada. Una vez cocido y enfriado, puedes mezclarlo con aguacate cortado en cubitos, tomates secos ablandados, hojas de albahaca y una emulsión de lima y aceite.
La suavidad del aguacate combina perfectamente con la nota salada de los tomates secos, mientras que la lima aportará la nota de frescura. Es un plato completo, con una textura interesante y un aroma que huele a pleno verano.
Si quieres, puedes enriquecerlo con unas nueces picadas, o con semillas de calabaza tostadas, para que quede crujiente.
Quinua con albaricoques, pistachos y queso feta

La quinoa es una base perfecta para las ensaladas de verano: ligera, proteica y naturalmente sin gluten. Después de cocinar, déjelo enfriar y agregue los albaricoques frescos cortados en gajos, los pistachos picados en trozos grandes y el queso feta desmenuzado.
Condimentar con aceite de oliva virgen extra, zumo de limón y unas hojas de menta. Un plato fresco e inusual, donde lo dulce y lo salado se combinan a la perfección.
Bulgur con berenjenas asadas y yogur de hierbas

Bulgur se cocina rápidamente y es ideal para comidas preparadas con anticipación. Mézclalo con berenjenas asadas al horno, tomates cherry y perejil fresco.
Aparte, prepara una salsa con yogur griego, cebollino y unas gotas de limón. Se añade al servir para darle una nota cremosa y refrescante.
Ensalada de garbanzos, calabacines crudos y pecorino

Los garbanzos transforman una sencilla ensalada en un plato principal nutritivo y saciante. Añade los garbanzos ya cocidos, los calabacines cortados en juliana, las hojuelas de queso pecorino y las hojas de albahaca.
Completar con una citroneta elaborada con aceite, limón y pimienta negra. Crujiente, fragante y listo en tan solo unos minutos.
Alforfón con pimientos, aceitunas y estafarza

El trigo sarraceno tiene un sabor fuerte y una textura agradable que lo convierte en una excelente alternativa al arroz. Una vez enfriado, condimentarlo con pimientos asados, aceitunas Taggiasca y dados de estafarza.
Unas hojas de orégano fresco y un chorrito de aceite de oliva virgen extra bastarán para darle al plato un carácter auténticamente mediterráneo.
Pasta fría con crema de ricotta, guisantes y limón

La pasta fría no siempre tiene que condimentarse de la misma manera. En esta versión se trabaja la ricota con un poco de aceite, ralladura de limón y una cucharada de agua de cocción hasta obtener una crema aterciopelada.
Se añade a la pasta junto con guisantes, menta fresca y almendras tostadas picadas en trozos grandes. El resultado es delicado, fragante y muy veraniego.
Una alternativa adicional: panzanella con mozzarella
Para aquellos que quieran distanciarse por completo de los cereales hervidos, la panzanella es una opción ganadora. El pan duro, los tomates maduros, los pepinos, la cebolla morada y la albahaca quedan aún más sabrosos con la adición de mozzarella cortada en cubitos.
Un plato pobre tradicional que sigue siendo uno de los mejores almuerzos de verano para llevar a cualquier parte.
Una cuestión de variedad
El verano es largo y alternar platos ayuda a no aburrirse y comer mejor. Los cereales integrales, las legumbres y las verduras de temporada son ingredientes versátiles que se prestan a mil combinaciones.
. En lugar de arroz hervido con guisantes y salchichas, puedes elegir algo más colorido, más rico y más animado. Platos que realmente nutren, sin apelmazar.
Y, tras una inspección más cercana, también te ponen de buen humor.
¡Disfrute de su comida!