Una simple gota de sangre podría algún día ayudar a detectar tempranamente el riesgo de desarrollar un trastorno del espectro autista.
Ésta es la perspectiva que abre un estudio italiano coordinado por el Consejo Nacional de Investigación (CNR), que ha desarrollado una técnica innovadora capaz de reconocer alteraciones biológicas específicas asociadas al autismo con una precisión superior al 93%.
Pero ten cuidado: . La investigación aún se encuentra en sus primeras etapas y será necesaria una mayor confirmación en muestras mucho más grandes antes de que se pueda imaginar una aplicación clínica.
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El estudio, publicado en la revista científica Medicina de las comunicaciones de la naturalezafue realizado por el Instituto de síntesis orgánica y fotorreactividad del CNR de Bolonia junto con Villa Santa María, un centro especializado en neuropsiquiatría infantil.
Los investigadores analizaron muestras de sangre de 58 niños, incluidos 27 diagnosticados con trastorno del espectro autista y 31 neurotípicos. El objetivo era identificar los signos de una condición biológica frecuentemente asociada a esta condición: el estrés oxidativo, un desequilibrio entre la producción de radicales libres y la capacidad del cuerpo para neutralizarlos y que numerosos estudios sugieren que puede influir en algunas manifestaciones y en su gravedad.
La clave del descubrimiento está en los glóbulos rojos: según los autores del estudio, de hecho, la membrana que los recubre conserva una especie de “memoria” de la exposición del organismo al estrés oxidativo. Por tanto, analizando su estructura molecular es posible obtener información valiosa sobre el estado biológico del individuo.
Para hacer esto, el equipo utilizó una tecnología llamada Imágenes hiperespectrales (HSI), una técnica de imágenes hiperespectrales derivada de sistemas utilizados para el seguimiento por satélite y la investigación geológica. En la práctica, esta tecnología permite observar células sanguíneas frescas sin colorantes, marcadores fluorescentes ni procedimientos invasivos, registrando una especie de “huella digital espectral” de las células.
Posteriormente, un sistema de inteligencia artificial analizó esta información e identificó patrones asociados al estrés oxidativo.
En las muestras examinadas, el algoritmo logró distinguir a los niños con autismo de los neurotípicos con una precisión del 93,2%: según los estudiosos, se trata de un resultado muy prometedor, pero que debe interpretarse correctamente.
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el estudio No de hecho, demuestra que el autismo se puede diagnosticar con certeza mediante un análisis de sangre, pero más bien muestra que existen firmas biológicas específicas asociadas con el estrés oxidativo que, en este grupo limitado de niños, se correlacionaron con la presencia del trastorno. Los propios autores subrayan la necesidad de validar el método en poblaciones mucho más grandes y diversas.
Por qué este descubrimiento podría ser importante
Si futuros estudios lo confirman, la técnica podría convertirse en una herramienta útil para identificar tempranamente a los niños con mayor probabilidad de desarrollar alteraciones del neurodesarrollo. Según Carla Ferreri, investigadora del CNR y coordinadora del estudio, en el futuro podríamos incluso imaginar integrar este análisis en el cribado neonatal normal realizado al nacer mediante muestreo del talón.
El objetivo no sería etiquetar a un recién nacido como autista, sino reconocer rápidamente cualquier señal de riesgo biológico y fomentar vías personalizadas de seguimiento y apoyo.
El desarrollado por investigadores italianos no es un diagnóstico de autismo en una gota de sangre, como algunos titulares podrían sugerir. Más bien, es una ventana abierta prometedora a los mecanismos biológicos que acompañan al neurodesarrollo y que, algún día, podrían ayudar a identificar antes quién necesita atención y apoyo.
Un paso adelante en la investigación, en definitiva. Importante, pero aún lejos de convertirse en una prueba disponible en la práctica clínica.