La Universidad de Pisa ha trazado una línea clara en el tiempo: cuatro años para transformar radicalmente los hábitos de estudiantes y profesores. El objetivo declarado es conseguir el estatus de Campus Libre de Humo de aquí a 2028, una metamorfosis que no pasa por prohibiciones impuestas desde arriba, sino por un replanteamiento total de los espacios y la convivencia. La iniciativa se alinea directamente con los parámetros internacionales de la Agenda 2030 de la ONU, forjando un vínculo indisoluble entre la protección de la salud pública y la salvaguarda del ecosistema local.
Cómo está estructurado el plan
Al frente de esta transición se encuentran dos figuras clave de la universidad pisana. Anna Solini, profesora de Medicina Interna y representante sanitaria de COSA (Comisión para el desarrollo sostenible de la universidad), coordina la parte clínica y de difusión. El plan implica la administración de un cuestionario anónimo para mapear científicamente el tabaquismo interno, seguido de recorridos terapéuticos, reuniones de apoyo psicológico y sesiones prácticas para brindar estrategias efectivas a quienes desean dejar de fumar. El seguimiento de los resultados se realizará en incrementos de 3 y 6 meses. Elisa Giuliani, vicerrectora de sostenibilidad, trabaja en el frente organizativo y estructural, comprometida a hacer cumplir la Ley Sirchia también en los patios y cerca de las ventanas, reduciendo el enorme impacto económico del tabaquismo, estimado en 26 mil millones de euros al año a nivel nacional.
Las colillas se convertirán en materiales aislantes ecosostenibles
El primer paso práctico se llama Señales de Humo y consiste en el aislamiento temporal de los fumadores en 9 áreas dedicadas. Estas áreas están ubicadas en los centros estratégicos de Porta Nuova, Economía, Le Piagge, Pontecorvo, Ciencias de la Tierra y Química. La verdadera innovación, sin embargo, está en la gestión de residuos: gracias a la colaboración con la start-up Human Maple, los restos de cigarrillos y tabaco calentado se depositan en unos ceniceros especiales llamados Ciggy. De hecho, serán recogidos, tratados y completamente regenerados para transformarlos en materiales aislantes ecosostenibles, destinados principalmente al acolchado del sector de la ropa técnica.