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Casi todo el mundo comete este error cuando abre un tarro de yogur griego. ¿Tú también?

El yogur griego es ahora protagonista permanente en nuestras neveras: más compacto, más rico en proteínas, más saciante que el yogur clásico. Sin embargo, casi todos cometemos un pequeño error cada vez que abrimos el frasco y lo hacemos sin siquiera darnos cuenta.

Antes de descubrir cuál es este error, conviene recordar por qué el yogur griego merece un lugar de honor en nuestra dieta diaria.

Rico en proteínas (de 9 a 12 gramos por 100 gramos de producto, según la marca), es bajo en sodio y en azúcares, en particular en lactosa, lo que lo convierte en un alimento también apto para quienes padecen intolerancia a esta sustancia. Las investigaciones más recientes también confirman que su consumo regular se asocia con un mejor control del azúcar en sangre y una mayor sensación de saciedad en comparación con otros snacks proteicos.

Pero veamos mejor cuáles son las propiedades de este alimento:

En resumen, una concentración de beneficios encerrada en un práctico frasco: fácil de llevar consigo, apto para todas las edades, incluso para quienes tienen dificultades para masticar.

¿Ese líquido en el yogur griego? No lo tires

Aquí estamos en el punto crucial. Cuando abres un tarro de yogur griego, es casi seguro que has notado una parte acuosa en la superficie, un líquido transparente o ligeramente amarillento flotando encima de la parte más espesa. Muchos lo eliminan instintivamente, tal vez inclinando el frasco sobre el fregadero antes incluso de levantar la cuchara.

Error. De hecho, uno de los pocos errores que se pueden cometer con este alimento.

Ese líquido tiene un nombre preciso: se llama whey (o suero), y es exactamente el mismo compuesto que se vende en polvo en las tiendas de suplementos deportivos a precios nada baratos. Contiene calcio, fósforo, vitamina B12 y una porción de proteínas de suero altamente biodisponibles, es decir, fácilmente asimiladas por el organismo.

Por lo tanto, tirarlo significa privarse voluntariamente de algunos de los nutrientes por los que eligió comer yogur griego en primer lugar. La solución es muy sencilla: mezclar el líquido con la parte más compacta antes de consumir el yogur. El resultado será una textura ligeramente más suave, pero el perfil nutricional permanecerá intacto.

Alternativamente, si no te gusta mucho la consistencia resultante, puedes utilizar suero como base líquida para batidos de proteínas, para amasar pan o para aliñar ensaladas en lugar de vinagre: es ligeramente ácido y sorprendentemente versátil en la cocina.

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