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Criopreservación: ¿quieres ser madre pero no ahora? En Italia guardar huevos sigue siendo un lujo

Me costaría unos 7.000 euros si quisiera congelar mis óvulos, sin tener en cuenta los medicamentos y los costes de almacenamiento anual. Nada (o poco más) si tuviera un tumor, pero si tuviera endometriosis o corriera riesgo de menopausia precoz, podría olvidarme de la vía pública.

Esto es lo que ocurre en Italia, donde los diagnósticos de infertilidad femenina aumentan cada año, donde la gente elige (o debe) tener un hijo cada vez más tarde y donde congelar óvulos sería, por tanto, una medida adecuada en estos tiempos. Pero no lo es.

Por este motivo, el colectivo Stati Fresche ha lanzado una petición pidiendo que el congelación social está cubierto por el NHS. Sólo en Francia, por ejemplo, la criopreservación preventiva está garantizada por el Estado hasta los 40 años, mientras que en Italia es un gasto privado y nunca igual, que incluso cambia de una región a otra.

Lo que (no) pasa en Italia

En Italia, la protección de la fertilidad no se considera un derecho sanitario independiente. El servicio público cubre casi únicamente las vías de oncofertilidad, es decir, la conservación de los ovocitos antes de tratamientos oncológicos que puedan comprometerla. Todo lo demás (enfermedades crónicas, insuficiencia ovárica prematura, endometriosis, elección de posponer la maternidad) recae sobre los hombros de las personas, que deben recurrir al sector privado.

Los costes no están al alcance de todos: un ciclo de criopreservación oscila de media entre 5.000 y 7.000 euros, con raras excepciones inferiores en algunas regiones (2.000-3.000 euros). A ellos se suma la tasa anual de conservación, de 100 a 300 euros, que varía entre las estructuras públicas adheridas y los centros privados.

A nivel regulatorio estamos estancados en la Ley 40 de 2004, diseñada para la PMA. A falta de una ley dedicada a la criopreservación preventiva, reina la confusión: el procedimiento sigue siendo tratado como un “accesorio” de la procreación médicamente asistida, cuando en realidad su objetivo es prevenir futuras pérdidas de fertilidad.

El resultado es un país dividido. Algunas regiones, como Apulia, Lacio y, en parte, Emilia-Romaña, han iniciado proyectos experimentales o itinerarios subvencionados, a menudo vinculados a condiciones clínicas específicas y a la disponibilidad de fondos locales. Otros no ofrecen ningún tipo de apoyo, incluso en los casos más graves.

De hecho, hoy la criopreservación es un privilegio económico. Los datos recopilados por Estamos frescos Confírmalo: muchas mujeres descubren esta posibilidad demasiado tarde, cuando la reserva ovárica ya está reducida o tras un diagnóstico que habría requerido una intervención temprana.

De ahí nació la campaña “Congelemos óvulos, no derechos”, para pedir el reconocimiento de la criopreservación preventiva como un servicio de salud pública.

Un sistema tan desigual deja atrás a quienes más necesitan prevención y acceso equitativo al tratamiento. Es hora de dar un paso adelante.