Alexander Zverev finalmente ha escrito el capítulo que perseguía durante toda su carrera: la conquista de Roland Garros contra Flavio Cobolli le dio su primer título de Grand Slam, transformando años de espera en un momento de liberación deportiva. En la Philippe-Chatrier, el número 3 del mundo cerró un viaje que durante demasiado tiempo había sido descrito con la palabra “inacabado”, entre finales borrosos y oportunidades perdidas justo cuando la meta parecía a un paso de distancia.
El éxito de París no se produjo de forma lineal. Antes de este triunfo, Zverev ya había vivido tres finales de Slam que terminaron con dolor: contra Dominic Thiem en el US Open 2020, contra Carlos Alcaraz en Roland Garros 2024 y contra Jannik Sinner en el Abierto de Australia 2025. Tres partidos, tres momentos en los que el título parecía posible, pero siempre se escapaba en el momento decisivo. Una secuencia que había alimentado la narrativa de un enorme talento, pero que nunca llegó a florecer del todo en los torneos más importantes.
Ver esta publicación en Instagram
Diabetes tipo 1: el juego invisible que nunca se detiene
Detrás de esta victoria, sin embargo, también hay mucho más, ante todo una enfermedad que acompaña a Zverev desde la infancia: la diabetes tipo 1, diagnosticada cuando sólo tenía cuatro años. Una realidad que nunca desaparece, ni siquiera durante las finales de Slam, y que transforma cada partido en un doble desafío.
Para un niño, y luego para un deportista en crecimiento, esto significa aprender temprano a gestionar una rutina compuesta de controles, inyecciones y atención continua a las señales del cuerpo. No es un detalle marginal, sino una condición que forma parte de cada elección diaria, desde la nutrición hasta el entrenamiento, pasando por el ritmo de recuperación.
Zverev ha dicho varias veces que durante años vivió esta realidad de forma reservada, casi oculta, también por miedo a ser etiquetado más por su enfermedad que por su talento. Recién en 2022 decidió hablar de ello públicamente, transformando una condición personal en una responsabilidad social. El tenista habló de un “segundo partido” que se juega lejos de los ojos del público:
Se juegan dos juegos al mismo tiempo: el que todos ven y el que sólo yo escucho.
Este “segundo partido” abarca todo lo que ocurre entre un punto y otro: el control de la glucemia, la evaluación de los niveles de energía, la decisión sobre cuándo tomar azúcares rápidos o insulina, como hizo en la final ganada contra Cobolli y como le hemos visto hacer varias veces últimamente, sin “avergonzarse” más. Este manejo requiere un equilibrio delicado: demasiada insulina puede reducir demasiado el azúcar en sangre, mientras que una deficiencia puede comprometer la energía y la concentración.
De las dificultades en la escuela al silencio de su juventud
Antes de convertirse en campeón de la ATP, Zverev también tuvo que lidiar con el lado social de la enfermedad. Dijo que sufrió episodios de exclusión y dificultades en la escuela relacionados con la diabetes, una condición menos conocida y a menudo incomprendida en ese momento.
Esto le llevó, durante un largo período, a vivir la enfermedad de forma discreta, evitando hacerla pública incluso en el deporte profesional. El temor era que se convirtiera en un límite percibido por otros, en lugar de una simple condición que debía gestionarse. Sólo con el tiempo, y sobre todo después de alcanzar la cima del tenis mundial, decidió cambiar su enfoque, transformando su experiencia en un mensaje dirigido a los más jóvenes.
El nacimiento del proyecto: del dolor personal a una misión pública
Cuando Alexander Zverev decidió hablar abiertamente de su diabetes tipo 1, no se limitó a hablar de una condición personal. Dio un paso más, transformando su experiencia en un proyecto de apoyo estructurado: la Fundación Alexander Zverev, nacida en 2022.
El objetivo es preciso y concreto: ayudar a niños y adolescentes con diabetes, especialmente en contextos donde el acceso a la atención es limitado o complicado. No se trata sólo de crear conciencia, sino de intervenciones directas, con el suministro de insulina, dispositivos médicos y apoyo sanitario esencial. En la base de la fundación hay un principio que Zverev ha repetido varias veces: ningún niño debe renunciar a su vida ni a sus sueños por culpa de la diabetes. Un concepto que proviene directamente de su historia deportiva, marcada por momentos en los que a él también le habían sugerido cambiar de rumbo.
El proyecto no se limita a la recaudación de fondos, sino que pretende tener un impacto directo en las comunidades. A través de socios y organizaciones locales, la fundación distribuye materiales médicos y apoya programas de atención continuos, con especial atención a los países donde el control de la diabetes es más difícil. Según datos difundidos por la propia organización, en los últimos años se ha llegado a más de 1.000 niños, con millones de euros recaudados a través de donaciones y colaboraciones.
Ver esta publicación en Instagram
Lesión y Roland Garros: la cancha que lo destruyó y luego lo reconstruyó
Volviendo a Roland Garros, el torneo no sólo fue el escenario de su victoria, sino también el lugar de su lesión más grave. En 2022, durante la semifinal contra Rafael Nadal, Zverev sufrió una lesión en el tobillo con rotura de tres ligamentos, suceso que afectó profundamente a su carrera.
Ese momento representó no sólo una fractura física, sino también mental. La rehabilitación fue larga y compleja, y el regreso a los niveles más altos. Ganar en París, en el mismo torneo donde todo se había derrumbado, transformó el triunfo en una forma de cerrar el círculo, una forma de recuperar un lugar que en el pasado le había arrebatado mucho más de un partido.
Finales perdidas y el peso de una generación “en espera”
El camino de Zverev, que en los últimos años ha sido acusado de violencia doméstica por dos exparejas (acusaciones que el tenista siempre ha negado), se inscribe también en un contexto más amplio: el de la llamada “generación perdida” del tenis, aplastada entre la era de los tres grandes y la explosión de nuevos dominadores, Jannik Sinner y Carlos Alcaraz. Desde hace años, el alemán es una de las caras más representativas de esta categoría.
A pesar de importantes éxitos como las Finales ATP, el Masters 1000 y la medalla de oro olímpica en Tokio, el resultado quedó incompleto en los Slams. Las finales perdidas han creado una narrativa de la que es difícil deshacerse, la del jugador siempre cerca de la meta pero nunca decisivo en los momentos finales. La victoria en Roland Garros transforma esta percepción en una especie de liberación para Sverev.
La victoria como punto de llegada y nuevo comienzo
El triunfo en Roland Garros marca una transición clara para Zverev: de un jugador al que a menudo se le cuenta lo que le faltaba a un campeón finalmente completo. Pero el camino que lo ha llevado hasta aquí sigue construido sobre elementos complejos, donde el éxito deportivo se entrelaza con el manejo diario de una enfermedad crónica y con la superación de una lesión grave. No es sólo un trofeo, sino el resultado de años en los que cada partido fue también una gestión invisible de equilibrio, resistencia y adaptación. Y es precisamente esta dimensión la que diferencia su victoria de muchas otras: no el final de una historia, sino la transformación de un largo viaje en un nuevo punto de partida.