Después de más de una década de consulta global, se ha cambiado el nombre del síndrome de ovario poliquístico (SOP), una afección que afecta a una de cada ocho mujeres. Este trastorno hormonal, que se estima que afecta a 170 millones de mujeres en todo el mundo, se conocerá en lo sucesivo como síndrome de ovario metabólico poliendocrino (PMOS).
Un cambio de nombre histórico publicado en The Lancet y anunciado en el Congreso Europeo de Endocrinología de Praga, tras 14 años de colaboración entre empresas internacionales y grupos de pacientes en seis continentes.
Durante demasiado tiempo, la naturaleza engañosa del término “poliquístico” en el síndrome de ovario poliquístico ha contribuido a retrasar el diagnóstico y a una atención médica inadecuada, según expertos, incluida la endocrinóloga profesora Helena Teede, directora del Centro Monash para la Investigación e Implementación de la Salud en Melbourne.
Adiós “ovario poliquístico”
Durante años se le llamó “síndrome de ovario poliquístico”, pero ese nombre, dicen hoy científicos, médicos y pacientes, sólo revela una pequeña parte del problema. Y muchas veces de forma equivocada. Ahora, el punto de inflexión histórico con el que el SOP pasa a PMOS, Síndrome de ovario metabólico poliendocrino (“síndrome de ovario metabólico poliendocrino”), marca un cambio nada formal, que apunta a mejorar el diagnóstico, el tratamiento y la sensibilización.
De hecho, durante décadas, el síndrome se ha asociado casi exclusivamente a la presencia de “quistes ováricos”, cuando hoy sabemos que éste no es el verdadero meollo de la enfermedad. PMOS es una afección endocrina y metabólica compleja que involucra hormonas, metabolismo, peso corporal, salud mental, piel y sistema reproductivo.
El antiguo nombre, explican los expertos, contribuyó a confusión, retrasos en el diagnóstico y tratamientos inadecuados. Muchas mujeres se sintieron ignoradas, minimizadas o descartadas con explicaciones superficiales, mientras vivían con síntomas crónicos y profundos impactos en su calidad de vida.
Al mismo tiempo, otro estudio de los mismos investigadores confirma precisamente lo que muchas pacientes vienen afirmando desde hace años: la presencia de quistes ováricos no es el elemento central del síndrome. De ahí la necesidad de superar una definición que ahora se considera engañosa.
La transición al nuevo nombre durará tres años y irá acompañada de una campaña de información internacional dirigida a médicos, gobiernos e investigadores. El objetivo es incluir oficialmente la nueva definición en las directrices internacionales de 2028.
Detrás de esta decisión también hay una cuestión cultural y social. Según sus promotores, algunas palabras relacionadas con el ámbito reproductivo pueden aumentar el estigma y la discriminación, especialmente en determinados contextos alrededor del mundo. Por este motivo, el nuevo nombre fue diseñado para ser más preciso desde un punto de vista científico, pero también menos estigmatizante.