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Katia García será la tercera mujer en arbitrar un partido del Mundial (pero la verdadera paridad llegará cuando ya no sea noticia)

La árbitra mexicana Katia García ha sido designada oficialmente por la FIFA para arbitrar el crucial partido entre Túnez y Países Bajos en el rectángulo verde del Kansas City Stadium, partido válido por la tercera jornada del Grupo F del Mundial 2026.

Después de romper el hielo del torneo al desempeñar el papel de cuarto árbitro al margen en tres ocasiones (durante los partidos Holanda-Japón, Inglaterra-Croacia y Estados Unidos-Australia), García encabezará un trío internacional. A su lado, como asistentes de línea, estarán su compatriota Sandra Ramírez y el español José Enrique Naranjo, mientras que el paraguayo Juan Gabriel Benítez completará la plantilla como cuarto árbitro.

El club de élite de los silbatos rosas

El ascenso de la centroamericana de treinta y tres años la impulsa con razón a un club de élite muy pequeño, convirtiéndose en la tercera mujer en la historia en dirigir un equipo de arbitraje durante la fase final de un Campeonato Mundial masculino. Antes que ella, el camino lo había trazado la francesa Stéphanie Frappart, que en 2022 en Qatar había roto el techo de cristal al dirigir el Alemania-Costa Rica.

En esta misma edición de 2026, el debut fue para la estadounidense Tori Penso, quien saltó al campo para el República Checa-Sudáfrica en Atlanta y esperaba la repetición del Ecuador-Alemania. Para García, esta es la consagración internacional definitiva, luego de haber probado ya el fútbol masculino al otro lado de la frontera en el amistoso entre Estados Unidos y Panamá.

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¿Cuándo la excepción se convertirá finalmente en norma?

Sin embargo, el énfasis mediático que acompaña a la designación de Katia García plantea una inevitable paradoja cultural. El hecho de que la presencia de una mujer arbitrando la Naranja de Ronald Koeman siga causando revuelo, titulares de periódicos y celebraciones históricas demuestra que la plena normalidad y la igualdad de género aún están lejos.

Mientras la elección de una silbadora sea tratada como un acontecimiento extraordinario, una “concesión” progresiva o una estadística récord, no habrá ninguna cuestión de verdadera igualdad. La competencia técnica de García, Frappart y Penso sin importar el género: el objetivo cultural definitivo no será un récord más a registrar, sino el día en el que los árbitros evaluarán a los directores de carrera exclusivamente por sus méritos atléticos y de toma de decisiones, sin que la opinión pública y los medios sientan la necesidad de subrayar su género.