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La ecopoesía de Phoebe Giannisi desafía la idea…

Durante décadas, los datos han contado la historia de nuestra crisis ecológica. Los científicos rastrean las emisiones de carbono, mapean la deforestación y registran la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, los datos por sí solos no pueden hacer que la humanidad sienta la realidad de un planeta cambiante. El verdadero impacto depende de un cambio en el lenguaje, un vocabulario que disuelva la frontera entre el mundo humano y el mundo de los vivos.

Phoebe Giannisi encarna este cambio. Poeta, clasicista, intérprete, arquitecto y ambientalista, Giannisi ha producido uno de los cuerpos de ecopoesía más radicales de la literatura contemporánea. Su trabajo combina mitos griegos antiguos, performances de sitios específicos, videopoemas y grabaciones de campo para ofrecer una lección duradera sobre lo que significa coexistir en una tierra vulnerable.

El mensaje medioambiental de Giannisi está anclado en la quimera. En la mitología clásica, la quimera era un monstruo que escupe fuego, en parte león, en parte cabra y en parte serpiente. Para Giannisi, esta criatura no es una abstracción monstruosa sino una realidad biológica y ética.

En su colección Chimera (2024), Giannisi tiende un puente entre los mitos antiguos y la genética moderna, trazando una línea desde la legendaria quimera de la cabra de Homero hasta el fenómeno científico del microquimerismo: la forma en que las células de un organismo pueden vivir permanentemente dentro de otro. Los humanos son, sugiere su poesía, criaturas inherentemente colaborativas. Como escribe en el poema Quimera II:

Llámame quimera.

Un ser compuesto por

otros seres

Un ser con diferentes códigos genéticos

incorporado.

Varios genes conectados

en un solo cuerpo.

Cuerpo múltiple.

La poesía de Giannisi desafía la ilusión de que los humanos se mantienen alejados de la naturaleza, ya sea como amos o salvadores. En cambio, invita a sus lectores a reconocer que somos criaturas compuestas, física y ecológicamente enredadas con el mundo que nos rodea. Dañar el paisaje es destrozar nuestro propio cuerpo multiespecie.

Esta filosofía cobra vida gracias al uso de múltiples voces por parte de Giannisi. Sus poemas, ahora recopilados en Goatsong (2025), abandonan al narrador solitario para prosperar como ecosistemas vivos donde las voces humanas y no humanas tienen el mismo peso. En su segundo poemario, Cigarra (2022), el protagonista es el insecto del mismo nombre. Giannisi superpone textos antiguos de Platón, Arquíloco y el poeta japonés Bashō, junto con observaciones del ciclo de vida del insecto y sus zumbidos de apareamiento. Su canción se convierte en testimonio ambiental: un lenguaje no humano que exige la atención del lector.

La atención de Giannisi se profundizó en Quimera, su tercera colección. En él, rastrea las antiguas tradiciones de las comunidades de pastores valacos del norte de Grecia, que trasladan su ganado estacionalmente entre los pastos de las montañas y los valles.

En lugar de romantizar la vida pastoral, Giannisi construye un archivo de supervivencia compartida, reuniendo archivos estatales, historias orales regionales y sus propias grabaciones de campo. En sus actuaciones en directo, Giannisi combina los gritos de los pastores junto con los bramidos del rebaño, el rugido de una motocicleta que pasa y el chirrido de una hormigonera.

Este espacio acústico obliga a los oyentes a habitar el mundo industrial moderno y el antiguo paisaje animal simultáneamente. Es una ecología del sonido que captura tanto la belleza de la vida compartida como la vulnerabilidad de un entorno amenazado.

El lenguaje como camino material

Giannisi, arquitecto de formación, concibe el lenguaje como un camino físico que hay que recorrer, saborear y sentir. Cuando recibí a Giannisi en el Centro de Estudios Helénicos de Harvard en octubre de 2023, vi cómo este enfoque espacial de la poesía tomaba forma en la sala. Hay una precisión íntima y arquitectónica en cómo traslada el lenguaje de la página a un espacio físico compartido.

Para su instalación Aigis II de 2017 en el Museo Panourgias en Amfissa, Grecia, Giannisi inscribió su poesía en un pergamino semitransparente de piel de cabra. Por un lado trazó rutas migratorias tradicionales y por el otro escribió versos. Mientras observaba a los espectadores manipular el pergamino, la palabra escrita y la geografía de la tierra se fantasman entre sí a través de la piel del animal.

En este método de composición, el cuerpo humano se convierte en el medio principal de la memoria ambiental. En sus actuaciones, Giannisi rutinariamente bloquea su propia vista con un paño o una canasta, descentrando intencionalmente su propia mirada humana para abrir una relación sensorial vulnerable con su entorno. Sus poemas están llenos del sabor de una cigarra terrosa, el aguijón de la sal marina y el olor acre de las secreciones animales.

A finales de otoño, esa actuación física de la memoria ambiental llegará a la Universidad de Bristol. Me uniré a Giannisi y su poeta y traductor, Brian Sneeden, para ver cómo estas texturas antiguas resuenan dentro de un nuevo espacio arquitectónico, permitiendo que nuestro paisaje contemporáneo y el mito clásico choquen una vez más.

Basar su poesía en estas realidades le permite a Giannisi crear un espacio donde las fuerzas humanas y ambientales se fusionan entre sí. Esta estrategia conlleva una sutil ventaja política, posicionando su trabajo como una defensa de los “comunes”, los recursos compartidos que actualmente están siendo desmantelados por el beneficio económico. Sus proyectos colaborativos, incluidas exploraciones acústicas de paisajes sonoros marinos, son testigos de la devastadora pérdida de biodiversidad impulsada por el cambio climático y la expansión industrial.

Siguiendo la tradición de cruzar fronteras de la poeta y traductora Barbara Köhler y la ganadora del Premio Nobel de 2026 Anne Carson, Giannisi disuelve las divisiones entre mito, erudición y creatividad, convirtiéndolas en herramientas vitales para navegar en nuestra difícil era.

Sobrevivir a la crisis ecológica requiere un marco de imaginación completamente nuevo. Estamos llamados a ver nuestro mundo no como recursos para explotar, sino como una vasta red conectada donde el canto de cada criatura da vida al conjunto.

Laura Jansen, profesora asociada de literatura clásica y comparada, Universidad de Bristol