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Lo que los taxis y robots con IA pueden aprender de las abejas

Incluso la tecnología avanzada puede tener dificultades cuando el mundo real se vuelve impredecible. En abril de 2026, un robotaxi Waymo en San Antonio, Texas, entró en un carril inundado durante un clima severo, lo que llevó a la compañía a retirar alrededor de 3.800 vehículos para una reparación de software.

Nadie resultó herido, pero el incidente expuso un desafío más profundo: la inteligencia no se trata sólo de procesar datos. Se trata de saber dónde mirar, qué notar, cuándo actuar y cómo utilizar la experiencia previa cuando las condiciones cambian.

Los investigadores de IA ahora están observando a las abejas y otros insectos para ayudarlos a diseñar máquinas y robots que puedan tomar mejores decisiones.

Mi investigación explora cómo aprenden las abejas, desde identificar patrones visuales simples hasta dominar conceptos de alto nivel, y cómo adaptan su comportamiento cuando cambian las condiciones.

Al combinar experimentos conductuales, registro neuronal (por ejemplo, medir señales del cerebro) y computación neuromórfica (un enfoque de la computación inspirado en el cerebro animal), mi objetivo es descubrir el código biológico que permite a los cerebros diminutos navegar en un mundo complejo y tomar decisiones eficientes. También he trabajado en la industria para traducir estos descubrimientos biológicos en aplicaciones robóticas, llevando la inteligencia de la colmena a la inteligencia de las máquinas.

La investigación sobre la toma de decisiones de las abejas ha demostrado que las abejas toman decisiones rápidas y precisas sobre si aceptan o rechazan flores. No necesitan información perfecta. En cambio, combinan evidencia sensorial, experiencias pasadas y el valor probable de una recompensa (por ejemplo, cuánto néctar podrían recolectar).

Muchos sistemas autónomos deben poder hacer esto. Un robot que explora un invernadero, un almacén o una zona de desastre no puede esperar a obtener datos perfectos. Las abejas ofrecen un modelo basado en decisiones flexibles y atajos útiles en lugar de enormes cálculos.

Con cerebros más pequeños que una semilla de sésamo, las abejas navegan largas distancias, se mueven a través de paisajes abarrotados, identifican flores gratificantes, evitan peligros, se comunican con sus compañeros de nido y toman decisiones rápidas. Lo logran con una pequeña fracción de la energía utilizada por las computadoras modernas y pueden aprender, después de unas pocas experiencias, que un nuevo color, aroma o patrón predice los alimentos.

Esto convierte a la abeja en un modelo improbable para sistemas autónomos e IA robustos y de bajo consumo que puedan hacer frente al mundo real.

Las abejas pueden realizar múltiples tareas

Muchos sistemas de IA están diseñados para realizar bien una tarea, como reconocer una imagen, seguir una ruta o detectar un objeto. La robótica tiene una ambición más difícil: máquinas compactas que manejan muchas tareas en entornos impredecibles usando poca energía.

Las abejas ofrecen un ejemplo práctico. Durante un viaje de búsqueda de alimento, una abeja debe encontrar comida, mantenerse orientada, evitar el peligro y actualizar sus elecciones a partir de la experiencia, todo ello con un cerebro que contiene alrededor de un millón de neuronas. Lo hacen combinando visión, olfato, tacto, vibración y flujo de aire. En lugar de procesar cada detalle, fusionan flujos de información y extraen lo que importa para la supervivencia.

Las abejas son valiosas para la robótica porque muestran cómo un sistema pequeño puede coordinar muchas tareas sin una gran potencia informática. Ese principio podría guiar sistemas autónomos de baja potencia para agricultura, búsqueda y rescate, monitoreo ambiental y exploración planetaria.

Las abejas también muestran que la inteligencia depende no sólo de lo que siente un animal, sino también de cómo se mueve para recopilar y dar forma a la información. Esta idea, conocida como detección activa, podría transformar la robótica. Cuando una abeja se acerca a una flor, no toma una imagen fija como una cámara. Mueve la cabeza y el cuerpo; cambia de ángulo y crea patrones de movimiento visual a través de sus ojos. Estos movimientos ayudan a resaltar la información útil, lo que permite a la abeja ignorar detalles irrelevantes. Por eso las abejas no necesitan recordar una flor como una imagen detallada. Sólo necesitan aprender las señales clave que les ayuden a reconocerlo nuevamente. El movimiento se convierte en parte de la sensación.

Esto es diferente de muchos sistemas de visión artificial, que analizan imágenes pasivamente. Un pequeño robot que utilizara la estrategia de la abeja no necesitaría procesar cada píxel. Podría moverse para que la escena sea más fácil de entender, cambiando de posición para juzgar la distancia, girando para mejorar el contraste o usando el movimiento para detectar obstáculos.

La lección es simple: la inteligencia se trata menos de procesar todo y más de utilizar la estrategia correcta para encontrar la información correcta en el momento correcto.

Para una abeja recolectora, una mala decisión puede resultar costosa. Visitar la flor equivocada después de un largo viaje es una pérdida de tiempo y energía. Tardar demasiado puede significar perder una oportunidad o quedar expuesto a un peligro. Para solucionar esto, las abejas utilizan circuitos neuronales relativamente simples para tomar decisiones rápidas, precisas y conscientes de los riesgos. No necesitan un cerebro enorme ni una gran potencia informática. En cambio, este circuito mínimo les ayuda a decidir rápidamente si rechazar una flor o aterrizar en ella de forma segura. https://www.youtube.com/embed/Og6wvKqWLow?wmode=transparent&start=0 Navegación robótica inspirada en el vuelo de las abejas melíferas.

Navegación sin mapa

La navegación es otra área donde las abejas inspiran a los ingenieros. Las abejas pueden viajar varios kilómetros desde la colmena hasta las fuentes de alimento y regresar a casa utilizando puntos de referencia visuales, estimaciones de distancia y memoria. Una nueva investigación inspirada en los vuelos de las abejas ha demostrado cómo pequeños drones podrían navegar utilizando redes neuronales muy pequeñas. En el estudio, un sistema inspirado en las abejas llamado Bee-Nav permitió a pequeños robots viajar fuera de casa y regresar utilizando únicamente una memoria neuronal compacta. Por lo tanto, es posible que los drones del futuro no necesiten GPS, mapas detallados ni grandes ordenadores a bordo.

En cambio, pueden utilizar memorias compactas de puntos de vista importantes y reglas de movimiento simples. Estos sistemas podrían resultar útiles cuando el GPS no sea fiable, como en bosques, túneles, invernaderos o edificios derrumbados.

Muchas máquinas del futuro, desde pequeños drones hasta robots agrícolas y sensores ambientales, necesitarán funcionar sin baterías pesadas ni computación en la nube constante. Al igual que las abejas, necesitarán estrategias de navegación simples que funcionen con energía, memoria e información limitadas.

La verdadera lección es más amplia: la inteligencia no siempre requiere escala. A medida que la IA se vuelve más común en la vida diaria, la abeja ofrece una respuesta elegante a las crecientes demandas de energía. Durante décadas, la ambición de la IA era construir sistemas que se adaptaran a la mente humana, pero la abeja demuestra que ser inteligente no tiene por qué significar grande.

Al imitar la capacidad de las abejas para aprender rápido, navegar sin mapas e integrar múltiples fuentes de información, podemos construir una tecnología que sea más eficiente, flexible y resistente.


HaDi MaBouDi, investigador, Universidad de Sheffield