Durante años les hemos dicho así: se acabaron los huevos, se acabó el trabajo. Conveniente, lineal y quizás equivocado. Los ovarios después de la menopausia siguen cambiando y podrían asumir un papel vinculado al sistema inmunológico, acumulando células inflamatorias y produciendo señales capaces de llegar a otros tejidos.
Esto es lo que sugiere un estudio publicado en Reproducción humana molecularque describe la transición de un órgano reproductor a un tejido con una marcada identidad inmune. Una hipótesis aún por explorar más a fondo, pero destinada a cambiar la forma en que miramos los ovarios durante los muchos años posteriores al final de la edad fértil.
Los ovarios siguen cambiando.
Las pruebas compararon los ovarios en tres etapas diferentes de la vida: la plena edad reproductiva, el agotamiento progresivo de la fertilidad y el período posterior al cese de la ovulación. Algunos de los tejidos fueron observados bajo el microscopio. El otro se analizó mediante secuenciación de ARN, una técnica que permite identificar los genes más activos dentro de un órgano.
Con la edad, los folículos, las pequeñas estructuras que contienen los ovocitos, disminuyeron, mientras que el colágeno aumentó. El tejido se volvió más fibroso y perdió progresivamente marcadores relacionados con la producción de gametos, la meiosis y la síntesis de hormonas.
El cambio continuó incluso después del cese de la ovulación. En ese momento, el número de folículos y el nivel de fibrosis parecían estables, mientras que la actividad genética seguía cambiando. El fin de la fertilidad, por tanto, dejó un ovario todavía biológicamente activo.
Del órgano reproductor al tejido inmunológico
Los genes relacionados con la función reproductiva disminuyeron. Por otro lado, aumentaron las involucradas en las respuestas inmunes, la producción de citoquinas y la activación de leucocitos. En el interior de los ovarios aumentaron los linfocitos T, macrófagos y células gigantes multinucleadas. Estos últimos suelen aparecer en tejidos afectados por inflamación crónica, acumulación de restos celulares y procesos de remodelación.
Los investigadores hablan de un órgano con una identidad “similar a la inmune”. La fórmula describe la nueva composición del tejido y su actividad molecular; la función precisa aún queda por aclarar.
El ovario envejecido podría recurrir a las células inmunitarias. Incluso las células ováricas ya presentes podrían perder algunas características originales y adquirir otras nuevas. Para distinguir ambos procesos serán necesarios análisis de células individuales y estudios capaces de seguir su evolución en el tiempo.
Señales inflamatorias al resto del cuerpo.
Las pruebas también identificaron una variación en los factores potencialmente secretados por los ovarios. Con el agotamiento de la función reproductiva, las moléculas producidas por los ovocitos disminuyeron y aumentaron las inmunoglobulinas y componentes del sistema del complemento, una de las principales herramientas de la respuesta inmune. Estas sustancias podrían actuar sobre los tejidos circundantes o entrar en la circulación sanguínea y llegar a otros órganos. Aquí es donde la investigación se encuentrainflamandola inflamación crónica de baja intensidad asociada con el envejecimiento.
En las mujeres, la edad suele ir acompañada de una mayor actividad de determinadas vías inflamatorias, niveles más elevados de citocinas y cambios en la respuesta inmunitaria. Los ovarios podrían contribuir a este entorno a través de señales que hasta ahora han permanecido fuera de escena. La presencia real de estas proteínas en la sangre aún no se ha verificado. También será necesario entender si realmente consiguen modificar el comportamiento de los tejidos distantes.
Los primeros rastros en tejidos humanos.
Una primera indicación proviene de un segundo estudio que aún está pendiente de revisión por pares. Los investigadores analizaron muestras de ovarios sanos de 28 mujeres de entre 50 y 75 años, divididas en tres grupos de edad. Se midieron 5.812 grupos de proteínas. En la comparación entre mujeres de 50 a 59 años y aquellas de al menos 70 años, 117 fueron significativamente diferentes.
En los ovarios más viejos, aumentaron las firmas asociadas con la inmunidad innata, el sistema del complemento, la inflamación y la remodelación de la matriz extracelular, la red que sostiene a las células. También aumentaron algunos factores secretados en respuesta al daño tisular. La muestra sigue siendo pequeña y cubre un rango demográfico limitado. El resultado, sin embargo, sigue la misma dirección: los ovarios continúan remodelándose durante décadas después de la menopausia.
Una nueva pieza de salud femenina
Los ovarios ya mantienen una función hormonal después de la menopausia. Continúan produciendo testosterona, otros andrógenos y cantidades más pequeñas de estrógeno. Esta actividad residual ha favorecido un abordaje más prudente de la ooforectomía, la operación quirúrgica que implica su extirpación, especialmente en presencia de afecciones benignas.
La posible función inmune añade un elemento más a una elección que depende de la edad, el riesgo oncológico, los antecedentes familiares y las condiciones de cada paciente. Las consecuencias clínicas de estos hallazgos aún permanecen abiertas. En el futuro, comprender mejor el entorno inflamatorio de los ovarios podría conducir a terapias dirigidas a la salud de las mujeres después de la menopausia, centrándose en la inflamación en lugar de intentar restaurar la fertilidad. La fertilidad se detiene. Los ovarios continúan cambiando.