Cuando aparece un dolor de garganta, un resfriado, nos cuesta dormir o buscamos algo que nos ayude con una dolencia pasajera, la solución muchas veces parece estar al alcance: basta con ir a la farmacia y elegir un producto sin receta.
Sin embargo, el hecho de que no sea necesaria la prescripción médica puede transmitir una sensación de seguridad que no siempre se corresponde con la realidad. Y una nueva investigación se centra precisamente en este punto 60 millones de consumidoresque analizó más de 100 medicamentos, complementos alimenticios y productos sanitarios destinados a diversos problemas comunes, desde dolores de garganta hasta insomnio, pasando por alergias, dolores y trastornos menopáusicos.
El resultado es bastante claro: sólo el 15% de los productos examinados fueron considerados verdaderamente satisfactorios, mientras que una parte importante resultó poco convincente o presentaba problemas que merecían atención.
Sin embargo, antes de llegar a conclusiones, es importante comprender cómo se realizó el análisis.
La revista francesa tomó en consideración más de 100 productos, de los cuales 90 fueron incluidos en las hojas de evaluación. Con la ayuda de profesionales de la salud se examinaron diversos aspectos: la composición, la dosificación de los ingredientes, la información del envase y las indicaciones y contraindicaciones del prospecto.
El objetivo, por tanto, no era simplemente establecer si un producto “funciona” o no, sino evaluar la relación entre eficacia, seguridad y corrección de la información proporcionada al consumidor.
Y desde este punto de vista el panorama que surgió es muy variado.
Lo que encontró la investigación
Como ya se anunció, el segundo 60 millones de consumidoressólo el 15% de los fármacos y suplementos analizados pueden considerarse convincentes. Se trata de productos cuya eficacia se considera suficientemente respaldada, los efectos secundarios están contenidos en comparación con los beneficios esperados y los métodos de uso y las principales contraindicaciones están adecuadamente indicados.
En algunos casos se trata también de versiones que se pueden adquirir sin receta de medicamentos que normalmente requieren receta médica, con el mismo principio activo pero en dosis inferiores. En otros, sin embargo, la composición es muy sencilla e incluye, por ejemplo, una única sustancia o planta para la que existen pruebas de eficacia.
En resumen, la investigación no afirma que todos los productos de venta libre sean inútiles. Por el contrario, identificar una parte de productos que puedan tener una utilidad real. El problema es lo que queda fuera de ese 15%.
El 44% no son convincentes, pero no necesariamente peligrosos. Se trata de productos que se consideran ineficaces o carecen de evidencia suficiente para respaldar las promesas asociadas a su uso, pero que, si se utilizan correctamente, no necesariamente presentan un problema de seguridad.
Esta categoría incluye, por ejemplo, algunos remedios para los que podría haber un efecto placebo. Es el caso que cita la revista de productos como Cocculine, utilizado contra el mareo, la pulsera Apaisenausées o Abufène, destinada a los sofocos.
Para otros productos, sin embargo, el problema no es tanto la ausencia total de efecto sino la presencia de precauciones de uso particulares o ingredientes considerados menos que deseables, como alérgenos, saborizantes o colorantes artificiales.
La investigación finalmente encontró 35 productos en la selección que tienen problemas que van más allá de la simple falta de efectividad. En algunos casos la pregunta se refiere a la relación entre los beneficios esperados y los posibles efectos indeseables.
Un ejemplo son algunos productos contra el dolor de garganta. El trastorno a menudo tiende a resolverse espontáneamente en unos pocos días y las tabletas ciertamente pueden brindar alivio. Pero los que contienen determinados anestésicos pueden provocar, según la revista, dificultades para tragar y, en situaciones más graves, incluso convulsiones.
Otro ejemplo se refiere a un producto para el resfriado, Sinufix, del que se informan posibles problemas digestivos y reacciones alérgicas.
En estos casos, la investigación nos invita sobre todo a preguntarnos si, para un trastorno generalmente transitorio, los posibles riesgos del tratamiento son realmente proporcionales al beneficio que se espera obtener.
Complementos alimenticios
Otra cuestión crítica se refiere a algunos complementos alimenticios, una categoría en la que las expectativas de los consumidores pueden superar fácilmente la evidencia científica disponible. La presencia de una planta o ingrediente tradicionalmente asociado con un determinado trastorno no significa que se haya demostrado eficacia clínica para esa afección específica.
Es el caso, citado por la investigación, de algunos productos en los que se utilizan plantas como milenrama, manzanilla y jengibre para problemas menstruales, sin que se haya demostrado su eficacia clínica para la indicación propuesta.
Este es un aspecto especialmente importante cuando se habla de productos percibidos como “naturales”, ya que natural no es sinónimo de eficacia o incluso automáticamente inofensivo.
Otros problemas
Entre los problemas críticos identificados por la revista también se encuentra la posible superación de los niveles de seguridad recomendados para algunos ingredientes. Un ejemplo es el Taïdo MénoActiv, un producto destinado a los trastornos menopáusicos, para el cual 60 millones de consumidores indica una cantidad de vitamina B6 que supera el límite considerado seguro en la evaluación realizada.
Esto nos recuerda otra regla importante de la automedicación: no solo importa lo que contiene un producto, sino también cuánto contiene y cuánto se toma en total, especialmente cuando se utilizan varios productos al mismo tiempo que pueden tener ingredientes en común.
A continuación, la investigación pone de relieve algunos casos en los que la composición parece inadecuada para el público al que está destinado el producto. Por ejemplo, los productos que contienen aceites esenciales, que según la revista pueden resultar problemáticos en determinados contextos, como en el caso de un tratamiento destinado a pieles con tendencia acnéica.
Incluso algunos productos para la nariz o para picaduras de insectos son cuestionados por la presencia de ingredientes potencialmente irritantes o alergénicos.
Luego hay otro aspecto a considerar: los métodos de uso. Según la investigación, parte de la información contenida en los folletos informativos o en los envases puede estar incompleta o ser problemática. 60 millones de consumidores cita, por ejemplo, Noctuline Sleep, cuyo prospecto sugiere volver a tomar el producto durante la noche. Según la revista, una indicación de este tipo podría contribuir a empeorar la alteración del ritmo normal de sueño-vigilia.
Otro tema crítico se refiere a algunos productos destinados a la menopausia que contienen fitoestrógenos, de los que la revista señala la ausencia de indicaciones suficientemente claras sobre las contraindicaciones en mujeres con antecedentes de cáncer hormonodependiente.
En resumen, no subestimemos la elección de medicamentos sin receta. Antes de elegir un remedio para una dolencia común, sobre todo cuando se trata de un producto que contiene numerosos principios activos o sustancias diferentes, conviene entender qué estamos comprando realmente, qué evidencias existen sobre su eficacia, cuáles son las contraindicaciones y cómo se debe utilizar.
Qué comprobar antes de comprar un producto sin receta
La investigación francesa demuestra lo importante que es. Antes de adquirir un producto, conviene comprobar cuáles son sus ingredientes y en qué dosis están presentes, pero también leer atentamente las instrucciones de uso y las posibles contraindicaciones indicadas en el folleto informativo.
También es necesario considerar la relación entre los beneficios esperados y los posibles efectos no deseados: para algunos productos, según la revista, los riesgos o precauciones de uso pueden ser desproporcionados con el trastorno que se quiere tratar.
Los suplementos y los productos de origen vegetal merecen una atención especial. La presencia de un ingrediente tradicionalmente asociado a un determinado problema no significa necesariamente que se haya demostrado su eficacia clínica para esa indicación específica. Además, incluso un producto de origen natural puede contener sustancias irritantes o alergénicas.
Al final, 60 millones También llama la atención sobre la calidad de la información proporcionada al consumidor. De hecho, instrucciones incompletas, contraindicaciones insuficientemente destacadas o métodos de uso inadecuados pueden añadir un elemento adicional de riesgo.
Es decir, que esté disponible sin receta médica no es suficiente para garantizar que un producto sea efectivo, adecuado para el problema que queremos tratar o libre de riesgos. En caso de duda, siempre es mejor consultar a su médico o farmacéutico.