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Ozempic y medicamentos antidiabéticos para que personas sanas pierdan peso, se descubre una gran ronda de recetas ilegales en Portugal

En Portugal, estos últimos días no se habla de otra cosa. La historia es la de una endocrinóloga que acabó esposada porque supuestamente recetaba medicamentos como Ozempic, Victoza y Trulicity a personas que no eran diabéticas, sino que simplemente querían adelgazar.
Los investigadores explicaron que las prescripciones habrían estado justificadas por diagnósticos inventados, ingresados ​​en el sistema informático con la certeza de quien lo hace desde hace mucho tiempo. Según la policía, el objetivo no era un tratamiento de salud: era perder peso.

La noticia conmocionó a medio país, sobre todo después de que la Policía Judicial filtrara que la doctora Graça Vargas había firmado más de 65 mil recetas para 1.914 personas. Un número que por sí solo es suficiente para comprender el significado de la historia.
La sospecha de los investigadores es que detrás de ese largo reguero de recetas había un sistema real: pacientes que se presentaban como diabéticos, recetas que eran aceptadas sin pestañear y reembolsos que el Estado proporcionaba con la confianza de quienes creen en su servicio de salud.

La operación “Obélix” y los antecedentes del presunto sistema fraudulento

Los agentes de la PJ llevan meses reconstruyendo los movimientos de los sospechosos. Registraron domicilios, despachos profesionales, clínicas privadas e incluso empresas con oficinas que, según la policía, sólo existían sobre el papel.
La escena, descrita por los investigadores, parece una ficha de dominó que cae una pieza tras otra: un médico, un segundo médico, un abogado y una clínica privada, todos implicados en lo que parece ser una red bien aceitada.

Durante las investigaciones también surgió un aspecto particularmente delicado: los medicamentos en cuestión pueden ser reembolsados ​​hasta el 95% por el servicio de salud, pero sólo si se recetan a pacientes con diabetes tipo 2. Bastaba falsificar ese diagnóstico para enviar al Estado una montaña de solicitudes de reembolso. El resultado son unos daños estimados en unos tres millones de euros.

Según reconstrucciones policiales, muchos de los pacientes llegaron a la clínica gracias al boca a boca. La gente informaba de resultados de pérdida de peso “notables”, por lo que el círculo crecería y acabaría atrayendo la atención de las autoridades fiscales, que ya estaban inmersas en otra investigación relacionada.
Un círculo que, una vez cerrado, derivó en la detención del doctor Vargas, quien ahora espera la decisión sobre medidas cautelares.

Mientras tanto, el Colegio Médico inició un procedimiento disciplinario y solicitó acceso a todos los documentos de la investigación. La ministra de Sanidad prefirió no entrar en detalles, limitándose a recordar que se trata de una investigación judicial aún en curso.

Una historia que cuenta mucho más que un solo caso

El éxito de medicamentos como Ozempic ha alimentado, en los últimos años, un enorme mercado paralelo: hay quienes hablan de él como un atajo, quienes lo ven como un peligroso “hágalo usted mismo” y quienes temen que la creciente demanda pueda quitarles los medicamentos esenciales a las personas que realmente los necesitan.

El caso portugués, contado tal como surgió de las investigaciones, se convierte entonces en algo más que una simple crónica judicial. Se convierte en el retrato de un fármaco creado para una enfermedad grave y que acaba, cada vez más a menudo, en manos para las que no estaba destinado. Ahora la justicia seguirá su curso. Pero mientras tanto, queda una pregunta simple e inevitable: ¿cuánta hambre de pérdida de peso estamos dispuestos a justificar antes de que la salud real deje de ser la prioridad?