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Pesticidas, médicos y pediatras contra las nuevas normas de la UE: “salud antes que simplificación”

Simplificar las normas europeas puede ser un objetivo legítimo, pero no debería significar reducir las garantías de protección de la salud. Este es, en resumen, el mensaje lanzado por ISDE Italia, la Asociación Cultural de Pediatras (ACP) y la Confederación Europea de Pediatras de Atención Primaria (EPCCP), que han escrito a las instituciones italianas y europeas mientras continúa el examen del Ómnibus de Seguridad de los Alimentos y Piensos, en una iniciativa desarrollada en coordinación con PAN Europa.

El mismo llamamiento también se llevó a nivel internacional junto con ISDE International, con una carta enviada a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y a los eurodiputados.

Se trata de un paquete legislativo presentado por la Comisión Europea el 16 de diciembre de 2025 con el objetivo de simplificar y aligerar algunos procedimientos y cargas administrativas relacionadas con la seguridad de los alimentos y piensos, los controles oficiales, los productos fitosanitarios y los biocidas.

Y es precisamente la parte relativa a los pesticidas la que preocupa a las organizaciones sanitarias. En el documento titulado “Salud antes de la simplificación“, los firmantes identifican cuatro puntos que, en su opinión, corren el riesgo de debilitar el sistema europeo de protección contra la exposición a sustancias peligrosas. El principio del que parte su llamamiento es claro:

Simplificar los procedimientos es un objetivo legítimo, pero no debe significar reducir la protección de la salud o limitar el uso de las mejores y más actualizadas pruebas científicas.

 

¿Qué implica la simplificación europea?

Para entender la cuestión debemos partir de un punto: el Ómnibus de Seguridad de Alimentos y Piensos no es una nueva ley sobre pesticidas, sino un paquete que modifica simultáneamente varias regulaciones europeas sobre seguridad alimentaria y la gestión de ciertas sustancias y productos.

El objetivo declarado de la Comisión es simplificar y hacer más eficiente el marco regulatorio, eliminando procedimientos considerados redundantes y reduciendo las cargas administrativas, sin rebajar los estándares de protección.

En el caso de los pesticidas, sin embargo, los cambios propuestos también afectan la forma en que se revisan las sustancias y las condiciones que pueden permitirles permanecer en el mercado.

Y aquí es donde se concentra el atractivo de médicos y pediatras.

Lo que preguntan los médicos y pediatras

El primer punto planteado se refiere a la posibilidad de eliminar la reevaluación periódica obligatoria de los plaguicidas. De hecho, la autorización de una sustancia no significa que el conocimiento científico sobre ella necesariamente permanezca inalterado en el tiempo. Nueva evidencia puede cambiar lo que sabemos sobre sus efectos y posibles riesgos.

Según las organizaciones firmantes:

Eliminar la reevaluación periódica de los pesticidas corre el riesgo de retrasar la integración de nuevos conocimientos científicos en las decisiones regulatorias.

Por tanto, se solicita mantener la reevaluación periódica obligatoria de los plaguicidas, de modo que las decisiones reglamentarias puedan tener en cuenta la evolución de las pruebas científicas disponibles.

El segundo punto se refiere a posibles exenciones para sustancias que, según criterios de peligrosidad, deberían excluirse. En el documento, los firmantes cuestionan, en particular, una modificación del artículo 4.7 que podría permitir prorrogar hasta cinco años el uso de algunas sustancias que, en cambio, deberían excluirse en función de criterios relacionados con su peligrosidad.

Se trata de una cuestión importante porque, en el sistema europeo, la evaluación de los plaguicidas no sólo se refiere a cuánto podría estar expuesta una persona a una sustancia, sino también a las características peligrosas de la sustancia en sí.

Por ello, las asociaciones piden que se permita que las sustancias consideradas problemáticas se mantengan en el mercado durante más tiempo.

Luego hay otra cuestión planteada en la carta, que se refiere a los llamados períodos de gracia. De hecho, cuando se prohíbe un plaguicida, su salida del mercado no siempre es inmediata; de hecho, puede haber períodos durante los cuales se eliminan las existencias o se permite una transición.

Según los firmantes, los cambios contenidos en el Ómnibus podrían permitir ampliar estos plazos hasta tres años incluso para los pesticidas ya prohibidos, incluidos algunos alteradores endocrinos. Por tanto, se solicita que se rechacen los períodos de tolerancia considerados excesivamente largos para las sustancias reconocidas como peligrosas.

La ciencia debe guiar las decisiones

Finalmente, hay un principio más general que subyace a la apelación. Las organizaciones piden que, incluso después de la autorización inicial de un pesticida, las autoridades puedan seguir considerando nuevas evidencias científicas. En otras palabras, la autorización hoy no debería impedir que una sustancia sea reconsiderada mañana, si mientras tanto surgen datos nuevos y relevantes.

Para los firmantes, las decisiones de salud pública deben tomarse utilizando la mejor y más actualizada evidencia científica disponible en el momento de su adopción, aplicando también el principio de precaución.

Esto es especialmente importante en el caso de sustancias cuyas investigaciones siguen generando nuevos conocimientos sobre sus efectos a largo plazo.

En el documento se dedica una parte importante de la atención a los alteradores endocrinos, es decir, a las sustancias capaces de interferir con el funcionamiento normal del sistema hormonal. Los firmantes recuerdan que algunos pesticidas pueden tener propiedades alteradoras endocrinas y que estas sustancias se han asociado con efectos sobre el sistema reproductivo, el metabolismo y el neurodesarrollo, así como con algunos tumores hormonodependientes.

Esto no significa que la exposición a un determinado pesticida provoque automáticamente uno de estos efectos: el riesgo depende de la sustancia, la dosis, la duración y el método de exposición, así como de las características individuales.

La razón por la que pediatras y médicos exigen una atención especial está relacionada sobre todo con las ventanas críticas del desarrollo. El embarazo, la vida fetal, la niñez y la adolescencia son períodos en los que algunos sistemas del cuerpo aún se están desarrollando y durante los cuales ciertas exposiciones pueden tener consecuencias duraderas.

El documento también menciona las categorías que pueden estar más expuestas a los pesticidas, como agricultores, trabajadores agrícolas y comunidades rurales.

La comparación europea sigue abierta

El documento llega mientras el Ómnibus de Seguridad de Alimentos y Piensos continúa su proceso en las instituciones europeas. Precisamente en esta fase las asociaciones decidieron dirigirse a los responsables políticos, pidiendo que en los cambios legislativos se mantenga la posibilidad de actualizar las evaluaciones a la luz de los nuevos conocimientos científicos.

Su posición también la comparten importantes sociedades científicas internacionales como la Endocrine Society, la Sociedad Europea de Endocrinología y la Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica. El documento también cita, como elementos de apoyo adicionales, un análisis científico independiente encargado por el Parlamento holandés y contribuciones de investigadores publicadas en Ciencia.

Más allá del conflicto sobre la simplificación de los procedimientos, el llamamiento plantea una cuestión muy concreta: cómo garantizar que las normas sobre pesticidas puedan seguir actualizándose cuando cambien los conocimientos científicos.

En última instancia, el punto es asegurar que la simplificación no se convierta en un obstáculo para la capacidad de las instituciones de incorporar nueva evidencia y fortalecer las protecciones, especialmente cuando la salud de los niños y otros grupos más vulnerables de la población está en juego.