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Si comes este tipo de frutas y verduras con frecuencia, es posible que tengas más pesticidas en tu cuerpo.

Un nuevo estudio revisado por pares y dirigido por científicos del Grupo de Trabajo Ambiental (EWG) genera una alarma importante: el consumo regular de ciertas frutas y verduras puede aumentar significativamente los niveles de pesticidas en nuestro cuerpo. Y este no es un detalle marginal. Los residuos de estas sustancias están ahora omnipresentes en nuestra dieta diaria y, según una creciente evidencia científica, incluso exposiciones consideradas “bajas” podrían contribuir con el tiempo a efectos nocivos para la salud.

De hecho, muchos pesticidas están relacionados con un amplio espectro de riesgos: desde la mayor incidencia de algunos tumores hasta daños al sistema reproductivo, desde interferencias hormonales hasta posibles efectos sobre el desarrollo neurológico de los niños. Esto último es una preocupación especialmente grave, ya que los más jóvenes representan el grupo más vulnerable, expuestos durante fases críticas del crecimiento en las que incluso pequeñas cantidades de sustancias tóxicas pueden tener consecuencias a largo plazo.

Sin embargo, la solución no puede ni debe ser renunciar a las frutas y verduras. Como señalan los propios investigadores, los productos vegetales siguen siendo la base de una dieta equilibrada, rica en nutrientes, fibra y antioxidantes esenciales para nuestra salud. El verdadero objetivo es comprender cómo reducir la exposición a los pesticidas sin sacrificar los beneficios de una dieta sana y variada.

Y es precisamente aquí donde el estudio del EWG resulta valioso: nos ayuda a identificar qué alimentos contribuyen más a la acumulación de pesticidas en el organismo y nos ofrece las herramientas para elegir de forma más consciente lo que llevamos a la mesa todos los días.

Publicado elRevista Internacional de Higiene y Salud Ambientalla investigación del EWG unió tres conjuntos de datos clave por primera vez. Por un lado, los residuos de pesticidas detectados por el Departamento de Agricultura de EE. UU. en productos frescos entre 2013 y 2018, por otro, los hábitos alimentarios de 1.837 participantes en la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición y, finalmente, los biomarcadores de pesticidas medidos en su orina en el bienio 2015-2016.

Superponiendo esta información, los científicos han creado una “puntuación de exposición dietética a pesticidas” real para estimar qué productos contribuyen más a aumentar la carga tóxica en nuestro cuerpo.

Frutas y verduras con mayor riesgo

Los resultados del estudio son claros: quienes consumen mayores cantidades de frutas y verduras con altos residuos (como espinacas, fresas y pimientos) se asociaron con niveles mucho más altos de pesticidas en la orina en comparación con aquellos que prefieren alimentos con menores residuos.

En este sentido, viene en nuestra ayuda la “Docena Sucia” de 2025, también elaborada por el EWG, una lista que destaca las 12 verduras y frutas más contaminadas por pesticidas. Esta es la lista:

Además de estos alimentos, el EWG también informó sobre otros productos con niveles particularmente altos de toxicidad:

Como explica el autor principal Alexis Temkin:

Los resultados confirman que lo que comemos influye directamente en el nivel de pesticidas en nuestro organismo.

El riesgo es particularmente alto para los niños pequeños y las mujeres embarazadas, que son más vulnerables a los efectos tóxicos de estas sustancias.

Las cifras del estudio son impresionantes: entre las frutas y verduras analizadas se detectaron residuos mensurables de 178 pesticidas diferentes. De ellas, sólo 42 sustancias fueron detectables como biomarcadores en la orina, pero suficientes para mostrar un vínculo directo e inequívoco con lo que la gente había comido. Un hecho importante que surgió de la investigación es que la exposición siempre afecta a mezclas de pesticidas, no a sustancias aisladas.

Para obtener resultados significativos, los investigadores tuvieron que excluir las patatas del análisis. ¿La razón? Se consumen de maneras muy diferentes (fritas, horneadas, hervidas, procesadas) y esto hace difícil estimar la exposición real a los pesticidas a través del consumo de “papas” únicamente como categoría genérica.

Una cuestión regulatoria: no se considera la exposición acumulada

El estudio también pone de relieve un importante vacío regulatorio que debería hacernos reflexionar. En Estados Unidos, como en muchas otras partes del mundo, los límites de seguridad se establecen evaluando un pesticida a la vez, sin considerar nunca el efecto combinado de numerosas sustancias presentes en la dieta al mismo tiempo.

Sin embargo, la realidad es muy diferente: estamos expuestos todos los días a auténticos cócteles de pesticidas que pueden interactuar entre sí y amplificar los efectos sobre la salud. Según el EWG, el método utilizado en este estudio, que combina el análisis de residuos en los productos, la evaluación de la toxicidad y el biomonitoreo, podría convertirse en una herramienta valiosa para mejorar las evaluaciones de riesgos, especialmente para los segmentos más sensibles de la población.

¿Qué podemos hacer?

La recomendación del EWG es clara: seguir comiendo frutas y verduras, pero con cierta atención estratégica adicional.

Prefiere lo orgánico para los alimentos más contaminados

Cambiar de productos convencionales a orgánicos reduce los biomarcadores de pesticidas en el cuerpo en cuestión de días. Cuando sea posible, la elección ecológica debería tener prioridad, especialmente para los alimentos que regularmente entran en la “Docena Sucia”, la lista anual que el EWG publica cada año junto con la “Quince Limpio”, que recoge los productos menos contaminados como el aguacate, la piña, el maíz, las cebollas, las setas y la coliflor.

Lavar bien las frutas y verduras.

Un lavado minucioso con agua corriente, aunque no elimine por completo los pesticidas, puede reducir una parte importante de ellos. Es mejor evitar los detergentes comerciales y preferir agua corriente, posiblemente con bicarbonato añadido para aumentar la eficacia.

Varíe su dieta

Alternar al máximo diferentes frutas y verduras es una estrategia sencilla pero eficaz: permite evitar una exposición regular y concentrada a los mismos pesticidas, distribuyendo mejor la “carga tóxica” global.